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Todos los seres viven unos instantes de éxtasis que señalan el momento culminante de su vida, el instante supremo de la existencia; y el éxtasis brota en la plenitud de la existencia pero con completo olvido de la existencia misma. "LA LLAMADA DE LA SELVA" JACK LONDON

30.5.26

Relato: "Ningún cagao se huele su mierda"



No tiene planes. Es Sábado y no tiene planes. La culpa no es suya, nunca es su culpa. La culpa es de lo demás que no la llaman. Está tirada en el sofá, con la tele encendida como siempre porque no soporta el silencio, cuando en realidad lo que no soporta es escucharse a sí misma, a sus propios pensamientos, a su conciencia. Por eso es como es, porque nunca se ha prestado a escucharse, a reconocerse, y ni hablemos de aceptar sus errores ¿Qué errores? Si ella es perfecta, los que se equivocan son los otros, por eso nunca pide perdón. No ha pedido perdón en su vida, ni lo hará, porque los que se equivocan son los demás. 
Metida en el whatsapp busca desesperada alguna conversación pendiente, algún plan que desechó en su momento porque no le interesaba, pero quizá, hoy sí. Menganita le dijo hace un mes que si quería tomar café en su casa, no sería mala idea hablarle por si está libre hoy, pero...en su casa se agobia, no puede estar más de dos horas, demasiado pequeña y oscura, y a veces huele raro. Menganita dice que no huele raro, huele a perro porque tiene tres, un animal por muy limpio que se mantenga no deja de ser un animal. A menganita no le importa porque ama a sus perros, porque es su casa, y porque se habrá acostumbrado al olor, pero para ella es insufrible, inaguantable. Ni si quiera se digna a abrir las ventanas cuando ella va a visitarla porque menganita intenta mantener la casa en penumbra el mayor tiempo posible, el sol le molesta en los ojos. Hace años sufrió un accidente relacionado con ceniza, ella no se acuerda muy bien, tampoco es que le preste mucha atención a menganita cuando le cuenta sus cosas, lo único que recuerda es que desde entonces no puede estar en lugares con mucha claridad. Bueno, no es el mejor plan y antes que quedarse un sábado en casa...quizá, si no encuentra algo mejor, le hable, menganita siempre está en casa y apenas tiene vida social. La deja como opción b, o c, o d...
Se pone de pie y se asoma a la ventana, el día está estupendo, empieza a notarse el calorcito del verano pero aún es pronto para ir a la playa. Fulanita tiene piscina en su casa y privada si no recuerda mal. Hace mucho que no se ven pero seguro que en cuanto le hable acepta cualquier tipo de plan, siempre dice que se divierte mucho con ella, que la hace reír, que con ella las penas no existen o se van, y claro, con lo que le gusta a ella que la alaben...fulanita siempre la tiene en un pedestal. Lo que ocurre es que fulanita es muy pesada, muy pegajosa, y si la llama para un rato luego no va a poder deshacerse de ella en el resto del día ¿Y si le surge un plan mejor? ¿Cómo le dirá a fulanita que no puede acompañarla? Tendría que pensar una buena excusa antes de ir a visitarla, por si acaso. 
Sigue buscando en las conversaciones de whatsapp.
¡Anda mira! ¡Si no llegó a contestar al mengano! Hoy sería un gran momento ¿Qué mentira le cuento? Se pregunta con el chat abierto y mirando a la tele, que por cierto afloja porque terminó la película y el programa que están televisando tiene el sonido demasiado alto. Ni se ha enterado de la película ¿Quién se pone a ver una película un sábado? Ella desde luego no, con la vida social tan alta y ajetreada que tiene. La gente es que es patética y triste, piensa mientras se le dibuja una sonrisita, menos mal que ella no es así y siempre tiene planes. Con ella todo el mundo se divierte, todo el mundo la avisa para todo tipo de eventos porque la gente la quiere mucho ¡Claro! Si es que es la mejor. Se pone a contestar al mengano: "Holi ¡Cuánto tiempo! Perdona que no contestase, no he estado muy allá desde la operación ¿Te enteraste? Ya estoy bien. Oye ¿Sigue en pie esa vueltecita por el centro? A mí hoy me vendría genial. Tenía un hueco libre, ando muy liada jeje y en el primero que he pensado ha sido en ti ¡Te echo de menos! Ya me dices, un beso"
Mengano siempre tiene el móvil en las manos así que no tardará en contestar, o eso se cree ella, mientras tanto, para hacer tiempo, sigue buscando su plan.
Son las cuatro de la tarde, la hora perfecta para organizar algo para un par de horas y luego solo tiene que bajar al centro que seguro que se encuentra con alguien, lo pesado es ahora, a la tarde, es que la gente es tan perezosa que tienen obsesión con reposar la comida y descansar tranquilos en casa ¡Qué aburrimiento! Ella como es tan divertida nunca está en casa, y en todo caso, con compañía.
Un sábado y en casa ¿Cómo le ha podido ocurrir? La culpa es de su amiga que no se le ocurre otro finde de semana para irse de viaje que éste, el único fin de semana que ella no ha hecho planes, lo podía haber tenido en cuenta, con todo lo que hace por ella y mira, a la primera de cambio, le dan un fin de semana en el trabajo y en lugar de llamarla para hacer algo juntas, decide irse con su familia y disfrutar ella sola, luego la llamará cuando le haga falta, que falsa es la gente, y que convenida. Ella no, ella es perfecta y a todos tiene en cuenta. Menos mal que ella se siente diferente y orgullosa de no ser como todos los demás, así va el mundo.
Llega un mensaje de mengano: "Hola. Sí de algo me enteré pero en ese tiempo yo estaba ingresado, el hígado otra vez...la cosa no pinta bien. Lo siento, hoy me es imposible ¿Cuándo te vendría bien? Para la semana siguiente me vuelven a hacer pruebas, voy a estar un poco liado, pero si te apetece, entre cita y cita del hospital, podemos tomar un café ¡Un beso!" Lee el mensaje por encima y pone cara de asco ¡Será falso! Luego la llamará cuando la necesite...No se mete en la conversación para que no aparezcan los mensajes leídos, está tan ocupada que no ha tenido tiempo de leer su contestación, total...mengano está claro que no tiene ganas de estar con ella, es que ni si quiera se ha preocupado por su operación, pues nada, él se lo pierde, será por gente, y a ella, le sobra gente.  Todo el mundo quiere estar con ella ¡Es tan divertida y genial! 
Sigue revisando el móvil.
Son las cinco de la tarde y la desesperación, porque sigue en casa, aumenta. Es sábado y sigue en casa. Se toma más en serio la búsqueda. Se incorpora en el sofá y se sienta apoyando los codos en las rodillas mientras sostiene el móvil en las manos. Aún es temprano, y si no, siempre le quedará menganita, ella nunca le falla, lo suyo sería poder convencerla para salir de esa casa tan oscura y pequeña que tiene, pero a ver...menganita detesta la calor y no va a ningún lado sin sus perros...alguien más habrá por ahí que seguro que está deseando quedar con ella.
¿Y si llama a las maris? Los sábados siempre van al campo, el que tiene piscina. Es raro que con el calor que hace no la hayan avisado para invitarla. Todos los años por estas fechas tiene que pensar una excusa porque se ponen muy pesados ¡Parece que no pueden vivir sin ella! Entra en el grupo de whatsapp, que raro, no hablan desde hace dos semanas, seguro que han hecho otro grupo y no la han incluido, y todo por culpa de la prima, que le tiene una envidia que echa para atrás, normal, es que ella le da mil vueltas. Tampoco son hipócritas...a la prima la ponen vestida de limpio pero cuando la tienen delante...no hay ni uno que no se libre de limpiarle los pies...Pues seguro que han hecho otro grupo y están allí todos en el campo que tiene piscina, con la prima, por eso no la han invitado, porque la otra habrá puesto pegas. Le entra calor, pero no ese calor de verano, no, el otro, el calor de la furia, del coraje, el calor que te sube desde las entrañas hasta la cara y que si no sueltas lo que piensas te estalla la cabeza. Seguro que si habla por el grupo se hacen los tontos, que se les habrá pasado avisarla, dirán, vaya tela ¡Cómo si ella no supiese que no la llaman porque está la prima allí! No entiende lo mala y falsa que es la gente. Se mete en información del grupo y va de uno en uno mirando cuándo fue la última vez que se conectaron. Casi todos a la misma hora ¡No hay duda! Tienen otro grupo y seguro que están en el campo, allí tan a gusto con su piscinita y si está la otra, la prima, pues la estarán poniendo a parir. Se queda con el chat abierto, dudando unos segundos, no lo dice pero lo piensa, está deseando ir al campo de la piscina, aunque tenga que soportar a la otra, total, solo son unas horas, y mejor que llamar a menganita...Empieza a escribir el mensaje: "¡Holi! ¿Cómo están familia? Estaba aquí liada con mis cosas y me he encontrado una foto del verano pasado ¿Os acordáis? ¡Qué bien lo pasamos! Ya estoy mucho mejor de la operación ¿Hacemos algo hoy? Lo tengo libre y me he acordado de vosotros ¡Os echo de menos! ¿Os apetece ir a tomar algo?" Pulsa enviar y directamente se mete en la galería, pulsa la foto que ha mencionado antes y la manda también. Seguro que se alegran de verme, se dice a sí misma muy convencida.
Sigue mirando el móvil.
Las seis de la tarde. Está empezando a enfadarse, sábado y en su casa metida. Y todo por culpa de la gente que no sabe hacer planes, ella no ha estado un sábado por la tarde en su casa nunca.
Contestan por el grupo: "-Fulano:¡Hola! Perdón por no contestar antes, estamos visitando a la abuela que está pachuchita y no creo que vayamos a ningún lado, lo dejamos para otro día ¿Vale? " Otra vez la cara de desprecio que le sale tan natural, aunque en realidad sea su cara de siempre pero ella no se ve así, ella dice que siempre está sonriendo. Se piensa qué contestar. ¡Qué falsos! Que la abuela está pachucha dicen, y la abuela está mejor que yo, que quién me ha visto y quién me ve, que desde la operación ya no soy la misma, pues si no me quieren invitar al campo que me lo digan, pero que no metan a la abuela, piensa en voz alta, luego se pone a escribir: "¡Vaya! La pobre, tiene ya una edad. Bueno no sé lo ocupada que estaré...pero vamos hablando ¡Un besazo a toda la familia!"
¡Anda y a ver si se ahogan en la piscina! Dice en voz alta de forma acalorada mientras se dirige a la cocina para prepararse un café. Farfulla entre dientes, está muy enfadada, no entiende porqué la han excluido de esa forma cuando ella no ha hecho nada, al contrario, debería de ser ella la que los hubiese mandado a freír espárragos, desde la operación ni si quiera le han vuelto a preguntar, con lo mal que lo ha pasado, pobrecita, luego todo el mundo quiere contarle sus males pero a ella nadie le pregunta, y no es una operación de nada, fue una operación grave, que menos que preguntar si sigue bien. Cuando estaba ingresada no faltaron ni un día, y ahora qué, que ya no les interesa su salud y encima ponen de excusa a la abuela, es que hay que tener poca vergüenza. Hace ya un año de la operación y ni se han dignado a preguntar, pobre de ella. Se autocompadece mientras menea el café, bueno, piensa, siempre supe que eran muy convenidos y desde que apareció la prima cambiaron su actitud conmigo, la culpa es suya, si ella no estuviese, seguro que ahora mismo estaría con ellos, siempre fui una más de la familia, se convence en su cabeza. Le pega dos buches al café y apura el contenido con un tercero. Vuelve al sofá.
Casi las siete de la tarde.
Vuelven a contestar por el grupo: "-Fulana: ¡Buenas! Nosotros vamos ahora a lo de la abuela, ya he avisado a la tata ¡Venga lo dejamos para otro día!" No entra en el grupo, lee el mensaje por encima. La rabia que tiene dentro campa a sus anchas de arriba abajo y de abajo arriba ¡Venga que entre más gente a contestar para que me lo crea! Le grita al móvil ¡Falsos, que sois todos unos falsos de mierda! Suelta con la cara totalmente roja. Se dispone a escribir: "¡Cuando queráis! Sin problema, yo ya casi estoy recuperada de la operación así que podemos hacer cualquier plan ¡Pero avisad con tiempo que ando muy ocupada! Un besazo guapa!" Revolea el móvil en el sofá y se levanta más enfadada. 
El vecino de abajo ha puesto música y ella no lo soporta, coge la escoba y se pone a dar golpes, a los pocos minutos la música se para y unos minutos más tarde suena el timbre de su casa. Quita la mirilla cuidadosamente. Es el vecino.
- ¡Hola vecino! ¿Qué ocurre?
- Hola vecina, pues eso vengo a preguntarte ¿Te molesta que ponga música?
- ¿A mí? ¡No que va! ¡Para nada! Me has cogido de milagro, iba a salir ahora dentro de un rato
- ¡Perdón! Me pareció escuchar unos golpes y pensé que eras tú porque te molestaba la música
- ¿Unos golpes? No, no, habrá sido en otra casa, yo estaba terminando el café y salía en breve.
- ¡Vale! Pues entonces aprovecho y pongo la música que no están mis padres en casa y puedo escucharla tranquilo jeje
- ¡Claro que sí! ¡Disfruta!
- ¡Gracias vecina!
Pega un portazo y maldice al vecino, a sus padres y a todo el bloque porque son todos unos gilipollas que se ponen de acuerdo para molestarla. La música vuelve a sonar, esta vez más alta, retumban las paredes, y ella se pone histérica ¡Maldito niñato consentido! Grita mientras va andando pronunciando sus pisadas hasta el punto que llega a hacerse daño en el talón izquierdo, justo la pierna de la operación. Le duele, tiene que sentarse y poner la pierna en alto, no se le calmará el dolor de otra forma. Busca las pastillas en el bolso de encima de la mesa, el que había preparado para salir cuando encontrase un plan. Siempre tiene dos o tres cajas de pastillas para el dolor, porque aunque hace un año de la operación y el médico le dijo que estaba completamente recuperada, ella sigue quejándose del dolor y echándole la culpa al cirujano que la operó, porque no lo hizo bien, algo tuvo que tocar que el dolor no se le va del todo. Se toma la pastilla ¡Con lo bien que se había levantado! ¡Toda la culpa la tiene el vecino con esa música infernal que le ha dado por escuchar ahora! Y los padres que no le dicen nada...así va el mundo.
Las ocho de la tarde.
Hace una hora que se le acabaron las opciones del whatsapp, ahora tantea las redes sociales a ver si por casualidad hay algún evento por el centro o en algún bar, seguro que si va, a alguien encuentra y como ella es tan divertida y todos quieren estar con ella, se va a tener que quitar a la gente de encima. Pero parece que la ciudad está tranquila. Acaban de pasar las fiestas patronales y en breve caerán las fiestas de verano, la ciudadanía necesita un poco de paz acústica y social ¡Pero es sábado! Es sábado y ella sigue en casa.
Suena el móvil. Un whatsapp. Con una expresión entre enfado y malestar, lo agarra para ver quién le ha hablado. Vaya, es menganita, qué querrá esta ahora, desprende entre los dientes. El mensaje: " ¡Hola guapísima! ¿Cómo estás hoy? ¿Te apetece que demos una vuelta por el centro? O bueno por dónde tú quieras, o si te apetece hacer otra cosa...ando por casa aburrida, y lo mismo ya tienes planes, pero bueno, si te apetece cuenta conmigo ¡Un besote!" Que pesada es esta mujer, se nota que esta sola y aburrida, que lástima me da, menos mal que me tiene de amiga, la pobre, no sé qué sería de ella, dice en voz alta, ya no puede contener sus pensamientos encerrados en la mente, o los suelta, o se vuelve loca. Mira la hora, la tarde la ha perdido, todo por culpa de la gente que no sabe organizarse, al final ha tenido que quedarse en casa, pero bueno, si se da prisa, todavía puede aprovechar la noche, casi mejor, así no hace tanto calor. Se mete en la conversación: " ¡Y lo más bonito! La verdad que hoy no me encuentro muy bien, me ha empezado a doler la pierna otra vez, llevo ya cuatro pastillas por lo menos, a ver si hacen efecto y se me pasa el dolor. Pero ¡Tengo muchas ganas de verte! Ya sabes que por ti hago el esfuerzo que haga falta ¿Dónde y a qué hora nos vemos bonita?" Manda el mensaje y se va directa al baño para empezar a prepararse, sabe que menganita le contestará en segundos, no puede vivir sin ella, y además, esta tan aburrida y sola, que estará deseando verla, si no fuese por ella...no tendría vida social.
Mientras se peina vuelve a sonar el móvil, suelta el cepillo y se dirige al salón para leer el mensaje: " ¡Pobre! ¿Te duele mucho? Si quieres puedo acercarme a tu casa y nos quedamos allí tranquilas, no me llevo a los perros que se que te molestan y te ensucian todo jeje" 
¡Desvaría se se piensa que le voy a decir que no me importa y que se traiga a los perros! Vuelve a decir en voz alta. Con una cola a medio coger y la goma sujetada por los labios, se dispone a contestar el mensaje: "¡Es que eres la mejor! ¡Cómo no te voy a querer con todo lo que me cuidas! No te preocupes preciosa, ya se me va pasando un poco el dolor, mejor damos una vuelta y vamos a tomar algo, que hace un día estupendo" Menganita está en línea y lee el mensaje directamente. Escribiendo... "¡Si es que más fuerte que tú no la hay! Venga estupendo, me visto y en media hora nos vemos en el centro, por cierto ¿Te importa que vengan unos amigos? Me habían hablado antes pero preferí avisarte por si te cogía sin plantes ¡Te echaba de menos!" Su semblante cambia radicalmente ¿Cómo es posible que ella, con la alta vida social que tiene, esté en casa un sábado y menganita, que no tiene a nadie, haya hecho planes? Seguro que se ha pasado toda la tarde con el móvil para ver quién podía quedar con ella, con lo pesada que es, seguro que esos a los que ella llama amigos, que serán más bien conocidos, han quedado con ella por insistente y pesada. No le apetece nada tener que conocer a gente nueva, así que piensa que en principio quedará con menganita y sus amigos hasta que encuentre a alguien mejor y se escabulla sin que se den cuenta. Se dispone a contestar: "¡Cuanta más gente mejor! Venga guapa, en media hora nos vemos en el centro. Oye por cierto ¿Conozco a alguien de los que vienen?" Vuelve al baño para terminar de cogerse la cola. Se mira atenta en el espejo, duda si maquillarse o no, mejor sí, no vaya a ser que se alargue la noche y ella por ahí un sábado sin pintar. Vive cerca del centro, tarda unos diez minutos en llegar, así que le da tiempo de sobra para terminar de prepararse. Vuelve a sonar el móvil, pero esta vez no corre a buscarlo, prefiere terminar de maquillarse. Los planes ya están hechos y menganita no es de las que se echa para atrás, está tan desesperada la pobre que nunca falta a una quedada.
Sin sentarse vuelve a coger el móvil para leer a menganita: "¡Ole! Yo ya les he dicho que eres el alma de la fiesta jajajaja Pues no sé si conoces a alguien, son amigos de toda la vida, quizá habrás coincidido con alguien alguna vez que hayamos estado juntas, pero bueno no pasa nada, a ti no te hace falta conocer a nadie ¡Les caes genial siempre a todo el mundo! ¡Saliendo de casa! Nos vemos en un rato, un besitoooo" ¡Qué amigos! Si ésta no ha tenido amigos en su vida, amigos de toda la vida dice... los habrá conocido hace unos días y como es tan tonta y está tan desesperada los considera amigos de toda la vida, que pena me da esta mujer... se dice mientras mira su reflejo en el espejo inspeccionando que todo está a su gusto. Contesta al mensaje: "¡Saliendo! Muak"
Cuando llega al punto de encuentro, desde lejos, visualiza a menganita que ha venido con sus tres perros y a su lado, un grupo de personas que intuye serán sus amigos. Menganita le alza la mano, ella le responde con el mismo gesto y una sonrisa forzada mientras piensa que por qué esta mujer es incapaz de ir a cualquier lugar sin sus puñeteros perros. Aún no ha llegado y ya se siente incómoda, la noche no va a ser como ella deseaba y comienza a buscar desesperadamente entre la multitud alguna cara conocida que la pueda salvar.
- ¡Ay mis niños bonitos! Tranquilos, tranquilos jejeje mira mira lo nerviosos que se ponen cuando me ven ¡Es que los quiero más!
- Te han olido desde la esquina jajajaja ¡Te adoran! Mira te presento
Son dos chicas y un chico, mucho más jóvenes que ella, bueno, a decir verdad, menganita tiene diez años menos, así que supone que serán de su generación. Los chavales la saludan cordialmente y siguen a lo suyo, menganita se acerca más mientras los perros la rodean y siguen lamiéndole las manos y todo lo que esté a su alcance, ella, disimuladamente, los aparta con el pie.
- ¡Estás espectacular! 
- ¿Sí? Pues lo primero que he pillado por casa, es que ni me he maquillado jeje. La verdad que me has cogido por los pelos, porque tenía varios planes pero mira, al final siempre consigues que te elija a ti jajaja
- Por eso te pregunté...como andas siempre tan ocupada...¡Cuánto me alegra entonces!
Y menganita la abraza. Ella se siente aún más incómoda, menganita siempre huele igual que su casa, da igual que esté en plena calle, ese olor no se desprende de su piel jamás, le produce náuseas. 
El grupo se dispersa un poco, ella y menganita, con sus perros, se mantienen en un segundo plano, las dos chicas y el chico charlan continuamente, intentan incluirlas en la conversación, pero ella no deja de poner esa cara prepotente de "Qué cojones me estás contando". Menganita intuye la situación y para evitar malestar le propone dar una vuelta y cambiar de lugar a un sitio más tranquilo donde poder charlar, avisa a sus amigos y les comunica que luego les habla para ver por dónde andan. Se despiden, ella casi ni los mira, los chavales al advertir que ya no los ve hacen una mueca de arqueada, y a los pocos segundos escriben a menganita: "Vaya amiga más siesa que tienes...si luego vuelves con ella, mejor no nos avises, un beso e intenta pasarlo bien" Menganita sonríe, se vuelve y les guiña un ojo.
Cambian de bar. Se sientan en una mesa y deciden que pueden picar algo, no una cena abundante, mas bien unas tapas, para tener algo en el estómago. Ella no para de hablar, que si operación para arriba que si operación para abajo, que si le duele todo, que si es muy fuerte, que nadie podría aguantar lo que ella aguanta...menganita escucha atenta, sus perros se han tumbado sin molestar a nadie. Ella habla y habla, ríe, hace bromas, pide más vino, y poco a poco se crea un ambiente en el que se siente a gusto. Menganita mira la hora, son ya más de las dos de la mañana, se siente cansada, ha sido un día agotador para ella. Menganita trabaja en un clínica veterinaria, le apasionan los animales y sobre todo cuidar de ellos, y hoy, en especial, han tenido muchos pacientes, pensaba en quedarse en casa a descansar pero le hablaron sus amigos que iban a salir para tomar algo y necesitaba despejarse un poco. Pensó en ella porque hacía tiempo que no se veían y cada vez que intentan quedar ocurre algo, ella siempre está muy ocupada, cuando le ha hablado y ha accedido le ha dado mucha alegría, porque menganita la quiere mucho, le da pena, no lo pasó muy bien con la operación y aún tiene secuelas. Menganita pasó todas las noches en el hospital con ella mientras estuvo ingresada y sabe que ella eso lo valora mucho. Menganita la admira. Menganita entiende que sus amigos no la acepten, no la conocen, y es que a ella hay que conocerla para poder admirarla. Menganita siempre habla maravillas de ella, no hay ni un día que no la nombre, la considera la persona más fuerte que ha conocido en la vida, una mujer fuerte y muy sincera, no se calla nada y todo lo dice a la cara, menganita siempre quiere ser como ella.
Cambian de bar. Ella sigue hablando y hablando, menganita escucha sin perder detalle, está deseando contarle los progresos en el trabajo y las buenas noticias, pero no quiere interrumpirla, la vida de ella es mucho más interesante que la suya. Ella sigue hablando. 
Las cuatro de la mañana. Ella mira el reloj, da por satisfecho el sábado y decide irse. Menganita intenta retenerla para contarle las buenas noticias pero ella le dice que es muy tarde y que mañana tiene mil cosas por hacer, que le mande un audio y se lo cuente todo. Le da dos besos casi sin rozarla, acaricia a los tres perros con un leve toque en las cabecitas y se marcha.
Por el camino recuerda que le llegó un whatsapp de otra amiga y decide contestarle: ¡Hola! No había visto el mensaje. Ando bastante liada la verdad, pero para ti siempre tengo un hueco, a ver si en esta semana nos vemos. Uff...estoy llegando a casa por fin, es que he estado con menganita ¿Te acuerdas? ¡Qué pesada es! No ha dejado de hablar en toda la noche, que si las cosas le van muy bien, que si tiene progresos, patatín patatán ¡Qué vida más triste tiene la pobre! Bueno, ya he llegado a casa ¡Llámame mañana y te cuento mejor! ¡Un beso!
Deja las llaves en el cuenco de la entrada, se pone el pijama y se va directamente a la cama. Suena el whatsapp, es menganita: "¡Avisa cuando estés en casa! Me lo he pasado genial, descansa y recupérate, un beso" No contesta. Selecciona una foto de las que ha echado a lo largo de la noche, la sube a las redes sociales con el rótulo de "Un sábado espectacular con una compañía inmejorable" quita el internet, coloca el móvil en la mesita de noche, se da media vuelta y se queda dormida con la satisfacción de ser la mejor persona del mundo, ojalá hubiese más personas como ella...

27.4.26

RELATO: "Valora Amiga"



Dos amigas de toda la vida han quedado después del trabajo en la misma plaza que las vio crecer. La misma plaza pero con otras cosas. Ya no tiene los bancos que tanto saltaban cuando jugaban al "Torito en alto" ni aquellas farolas con luces amarillas que las alumbraba hasta el camino de vuelta a casa. Tampoco está la misma fuente, aquella que nunca vieron encendida pero que siempre tenía agua estancada que servía para abastecer algún que otro pajarillo y a los indigentes que pasasen por allí. La misma plaza pero con otras formas, otros olores. La misma plaza que guardó sus secretos en la adolescencia, la única testigo de sus primeros besos de amor, y la que soportó durante horas los llantos, promesas y apoyos de una etapa completa hasta llegar a la madurez.
La misma plaza con otros colores, con otros ambientes.
Las palmeras, arbustos, flores y árboles que la adornan aseguran que siguen siendo ellos, que no se marcharon a ninguna parte, que han crecido y madurado, pero son los mismos. Igual que ellas, que siguen siendo ellas pero con otras formas, otros colores, otros pensamientos, con otra forma de vivir. 
La plaza las sigue acogiendo como el primer día, con su tranquilidad, su armonía, su tránsito modulado. Siempre les guarda el mismo lugar, aunque ya no conserve el mismo banco, ese de hierro que estaba frío como el hielo en invierno y les abrasaba el trasero en verano, el mismo que no avisaba de las cagarrutas de las palomas para que se mancharan la ropa, y el mismo que mantuvo, hasta que se lo llevaron, las iniciales de sus nombres grabados en cada extremo. Ese ya no es, ahora es otro, de madera, más bonito, más nuevo. Ellas no muestran el rechazo, lo aceptan, pero no es su banco. Aunque sí el mismo lugar en la misma plaza, y eso las calma, las incita a seguir yendo ¿Dónde si no? ¿Qué lugar las acogerá sin juzgarlas? Nuestra plaza, la llaman, porque es suya, dicen, y que nadie les diga lo contrario ¿Cuántos testigos no corroborarán que aquel lugar les pertenece tanto como ellas pertenecen al lugar?
La misma plaza de toda la vida, de la que nunca aprendieron el nombre, no les hizo falta, con decir "la plaza" bastaba. Pues allí habían acordado verse cuando terminasen el turno del bar, cada una en su propio trabajo. Una llegaba por la derecha, la otra por la izquierda, y el banco, el de madera, en el centro, esperando paciente, y la fuente nueva justo en frente, chorreando agua en su acabado de mármol que tanto les encantó desde el primer día que la vieron encendida y que jamás se volvió a apagar. Su plaza, su lugar preferido, su calma, su fuerte para salvarse del mundo.
Las dos amigas se conocieron allí cuando apenas tenían lucidez para hablar, se entendieron divinamente y desde entonces, como la plaza, fueron cambiando pero mantuvieron la amistad. Su único lugar de encuentro, compatible para ellas, incompatible para el resto. Se conocieron, estrecharon lazos, se hicieron inseparables, confidentes, hermanas. Hermanas de plaza. Allí rieron, lloraron, cantaron, bailaron y disfrutaron. Allí se hicieron mujeres o lo que sean ahora, porque a veces, cuando coinciden con el silencio de la plaza, vuelven a sentirse niñas. El lugar que guarda con cariño su pasado, las invita en el presente y propone expectativas para el futuro.
Sus vidas siempre han estado ligadas aunque de forma diferente. Una divorciada, la otra ni si quiera intentó enamorarse. Ambas de la misma edad. Una predispuesta y valiente, la otra introvertida y metódica. Sus vidas han dado giros de trescientos grados infinitas veces, pero siempre han encontrado hueco para seguir en contacto, para mantener la amistad. Se conocen bien, se admiran, se respetan, se quieren. Aprendieron a soportarse, a aceptarse, y enseñaron a la vida a no rendirse. 
Las dos amigas que apenas hablan con los demás pero que entre ellas no existen los secretos. Entre las dos se han hecho una, labrando con paciencia el hilo del tiempo, cosiendo con esmero el paso de los años y consintiendo con anhelo los cambios marcados.
Siempre llegan a la vez, puntuales como el reloj que se ve desde la esquina, ese que adorna el muro de la iglesia, el mismo que cuentan los abuelos que fue el primer reloj del pueblo, al que quitaron el sonido que marcaba cada hora porque perturbaba el sueño de los vecinos. 
Nada más verse de lejos ya se sonríen y automáticamente miran el banco por el rabillo del ojo. Hay cosas que no cambian, que no quieren cambiar, que no pueden.
Se sientan, cada una en su sitio, la tranquila en la izquierda, con la espalda apoyada y mirando a la fuente. La otra, la prepotente, de lado, con una pierna que sobresale del banco a cada lado, porque ella no necesita mirar la fuente, le basta con oírla.
Encienden un cigarrillo, una sigue fumando lo mismo que cuando empezó, la otra se pasó al tabaco de liar, que es más sano, dice, más natural. Se besan porque se han echado de menos, les encantaría volver a trabajar juntas, como aquel verano en el chiringuito, pero no han vuelto a coincidir, no ha habido manera, bueno, siempre les quedará la plaza, se dicen entre risitas mientras echan el humo del tabaco que acaba de invadir sus pulmones y ahora adornan las luces blancas que sustituyen a las amarillas de cuando eran pequeñas. El humo las envuelve en un silencio preparatorio antes de comenzar la conversación de cada noche, el despliegue de desahogos rutinario que las hace sentir fuertes para poder avanzar. Adoran ese momento, su momento. Nadie más podría apreciarlo como ellas. Nadie logra entenderlo como ellas. Por eso es su momento, su lugar, su plaza.
En el rostro se puede leer el cansancio del trabajo, de la vida, de los años. Una ya ha comenzado a mostrar las primeras arruguitas cerca de los ojos, la otra se mantiene como si se hubiese inyectado Botox pero es su pelo quien la delata ofreciendo capitas blancas perceptibles a primera vista. 
La indiscreta es siempre la que rompe el silencio, a veces cuenta alegrías, otras necesita soltar los males, pero siempre comienza ella, siempre menos hoy, que anda más taciturna de la cuenta y se niega a pronunciar palabra. Su amiga intercambia miradas con la fuente, quiere hablar, pero no está acostumbrada a empezar y se reserva durante unos minutos. Se dejan mecer por el sonido del agua que brota de la fuente de manera dulce y apaciguada. Las distrae el paso de los viandantes que ignoran su presencia. Se acaba el cigarrillo. Una, la que no tiene arrugas, saca de la mochila dos refrescos, antes, habían sido cervezas, ya no. No desde que la sincera tuvo problemas con el alcohol. Les basta con el refresco, mejor que el agua, ríen mientras brindan. El sonido al abrir las latas se fusiona con el agua de la fuente. Beben sorbitos pequeños como para prolongar el silencio sin palabras. 
La que en unos años tendrá el pelo blanco, observando que su amiga no comenzará el diálogo, decide soltar lo que está pensando, y es entonces cuando la plaza se relaja, las acoge y las escucha, manteniendo a raya el reloj que las observa en la lejanía y que no interrumpirá con su campanadas.

- ¿Y a ti qué te pasa hoy que no hablas?
- Pues eso, que no tengo ganas
- ¿Quieres que nos vayamos a casa?
- No, estamos bien aquí
- ¿Entonces?
- Entonces qué
- ¿No hablarás?
- De momento no. Habla tú, que sí que parece que tienes ganas
- No creas...ha sido un día duro, estoy cansada. Tampoco tengo mucho que contarte... lo de siempre...
- Pues eso
- No te creo ¿Me lo vas a contar?
- ¿Qué quieres que te cuente? Igual que tú, estoy cansada, lo mismo de siempre
- Lo mismo de siempre no ¿Qué te pasa? ¡Venga, suéltalo de una vez!
- No pasa nada, lo mismo de siempre...
- ¡Que te gusta que te rueguen! Sabes que acabaré sonsacándotelo...
- Es una tontería, seguro que mañana se me pasa
- ¿Y vas a esperar hasta mañana teniéndome aquí? ¡Habla ya pesada!
- ¿Pesada yo? ¿Seguro?
- Sí. Pesada porque nunca vas a dejar de ser tan taciturna como cuando nos conocimos, y eso que solo tenías cinco años
- Mira quién fue a hablar... la que se ponía roja cada vez que le sonreía
- Ya te he dicho muchas veces que me impresionabas, eras tan directa... 
- Lo sigo siendo
- Bueno... no tanto por suerte jeje
- Será...
- ¡Venga ya mujer! ¡Qué te pasa! 
- ¿De verdad lo quieres saber? 
- ¡Claro! ¿Qué te hace pensar lo contrario? ¿A estas alturas vas a intentar hacerte la interesante conmigo?
- No me hago la interesante. Soy interesante jeje...
- Al menos he conseguido que sonrías
- Siempre lo consigues, ya lo sabes
- Venga vale, pues empieza a soltar, mi paciencia se extrapola
- Tú te extrapolas muy rápido últimamente
- No tanto como dices, exageras...
-Si ya... exagero claro. Que ligero ve ella mis defectos y cuanto tarda con los suyos
- No vas a conseguir persuadirme cambiando de tema, lo sabes, hasta que no me cuentes que te ocurre no voy a parar, así que tú sabrás el tiempo que puedes aguantarme
- Poco, hoy poco, no te quejes si me levanto y te dejo aquí sola
- No sería la primera vez amiga...
- Cierto jajaja
- ¡Y van dos veces que la hago sonreír señores! 
- ¡Bien! Toma tu pin, gracias por tu colaboración
- Que gilipollas eres a veces, y más cuando estás en el máximo nivel de tu estupidez
- Lo sé... ¿No me conoces ya? Pues para qué insistes...
- Sigo esperando

Y la de las contestaciones impertinentes saca la pierna que sobresale por el otro lado del banco para incorporarse y ponerse también frente a la fuente. Apoya los codos en las rodillas y envuelve su cabeza con las manos mientras lanza un suspiro indescifrable. Mira el gorgoteo del agua al caer, siente como la humedad de la noche se posa en su pelo y se estremece mientras piensa en la estufa de su cuarto. La otra, la que no tiene arruguitas, la observa con ojos inquisidores, sabe que no tardará en soltar prenda, la tiene a puntito de caramelo. El reloj, sin sonido, marca el paso de una hora.

- No sé amiga... no sé qué estoy haciendo con mi vida
- ¿A qué te refieres?
- No sé si quiero seguir adelante
- ¿Cómo quieres que entienda eso amiga?
- Puedes entenderlo como quieras, te digo lo que hay ¿No es eso lo que querías?
- Sí. Pero no vendría mal por tu parte un poco de ayuda para comprender a qué te refieres

Deja de acariciarse la cabeza y baja las manos hasta colocarlas en sus rodillas. Un nuevo suspiro acompaña el movimiento. La otra, la introvertida, ha cambiado el semblante, ya no se lo toma a broma, entiende que su amiga no está pasando por un buen momento y quiere ayudarla, pero también sabe que no puede insistir demasiado porque entonces se agobiará y se marchará, dejando esa conversación vacía e inacabada para siempre. Debe guardar silencio y permanecer a la espera. Acabará hablando.
La que suspira, mantiene una guerra de miradas con la fuente, porque no quiere que sus lágrimas broten como emana el agua. Suspira de nuevo, más profundamente, tan de dentro le sale el suspiro que le duele el alma. Se enciende otro cigarrillo y tras la primera calada, vuelve a dirigir la conversación.

- Hoy se ha vuelto a poner en contacto conmigo el imbécil
- Vaya... te dije que lo bloquearas
- Lo hice, pero siempre busca lo medios
- ¿Eso es lo que te pasa? ¿El imbécil? Pasa amiga... ya lo tenemos superado ¿No?
- Sí. Más que superado
- ¿Entonces?
- No sé...
- Sí sabes ¿Qué es lo que te preocupa? Porque no creo que el imbécil logre perturbarte hasta el punto de como te veo ahora, ya no por lo menos...
- No, no. Ya no. Pero sí me toca los ovarios y hoy ha sido la guindita del pastel
- ¿Volvió a amenazarte?
- No, no. No creo que se atreva. Han sido un cúmulo de cosas y el imbécil lo ha coronado
- Sí bueno... ya sabemos que siempre tuvo el don de lo oportuno, aparece en los momentos menos oportunos y siempre destacando, pero amiga, no es nuevo, ya sabemos cómo hacer para que no nos afecte
- Sí. Pero hoy...
- ¿Hay algo que te dijo que no puedes contar? 
- No, no. Tranquila. Nada que ver con lo que pasó. Eso ya... superado y enterrado
- Superado, enterrado y pisoteado
- Jajaja y escupido
- ¡Y escupido! jajaja
- No es eso, tranquila. Nunca más ¿Te acuerdas?
- Sí. Nunca más.

Se miran a la vez y con una mueca parecida a una sonrisa se cogen de la mano, se aprietan, se entienden, están conectadas. 
La taciturna vuelve a dirigir la mirada a la fuente, ahora desea que las lágrimas broten de ella como el agua, pero se contiene. Sigue hablando parsimoniosamente.

- No puedo evitar estar triste. Quizá sea el cansancio...
- No creo. El cansancio siempre fue tu fuerte. Si no estás cansada es porque no has hecho tu trabajo como deberías ¿Recuerdas? ¡Anda que no lo has mencionado veces!
- Es verdad. Entonces es que simplemente estoy triste
- Algún motivo habrá
- Lo habrá...
- Soy toda oídos...
-No siento que esté haciendo bien las cosas. Creo que no estoy contenta conmigo
- Bueno amiga, eso nos pasa a todos. No siempre puedes estar en la cima de la montaña, a veces también es bueno mantenernos dentro, en su cueva
- Ya. Esa frase es mía...
- Nuestra...
- Vale, nuestra. Estoy triste, decepcionada. No era así como imaginaba mi vida con esta edad
- ¿Y quién no lo piensa? ¿O acaso crees que todas las personas logran los objetivos que se marcan? No siempre salen las cosas como deseas, lo importante es no rendirte y seguir luchando para conseguirlos, aunque perdure el tiempo en lograrlo
- Lo sé. 
- Pues entonces también sabes que tiene remedio, solo necesitas un poquito de paciencia y no perder el rumbo
- He vuelto a pensar que una cerveza me sentaría bien...
- No. Eso no amiga. Ya sabemos que no. Es la tristeza quien te incita, lo sabes ¿No?
- Sí. Tranquila. Solo es un pensamiento. Me han ingresado la nómina
- ¡Qué bien! ¿Y que tal tu primer sueldo después de meses? 
- Mal.
- ¿Te han pagado menos de lo que te ofrecieron? 
- No, para nada. Todo esta en orden. Ese es el problema
- ¿El orden?
- No gilipollas
- ¿Entonces?
- Un mes entero trabajando sin parar, y no me confundas, estoy contenta con el curro, los compañeros son estupendos y el trabajo no es tan basto como en el anterior bar. Estoy contenta en ese aspecto. Pero...
- ¿Pero qué?
- Eso. Un mes trabajando hasta el límite del agotamiento, no mal interpretes mis palabras, no me quejo de estar trabajando, ni de las condiciones. Pero... estoy tan cansada...
- Ya... te entiendo. No tenemos los 20 años de antes, el cansancio se acelera más en estos cuerpos cuarentones, pero amiga, no nos queda otra, las facturas no se pagan solas, ya lo sabes
- Me he puesto muy contenta cuando me han ingresado la nómina, pero luego, cuando me he puesto a calcular y repartir todo lo que tengo que pagar... y el dinero para devolver que me prestaron... ¿Sabes cuanto me queda para mí? Bueno... para mí...más bien para comer, que es lo básico
- ¿Cuánto?
- Cien euros. De toda la nómina solo me quedan cien euros para pasar el mes. Y claro... me ha entrado agobio ¿Cómo lo voy a hacer? Y de ese pensamiento he pasado al otro ¿Merece la pena el esfuerzo? Comenzando los cuarenta y no tengo dónde caerme muerta... que triste amiga. Me frustra. No es justo. Sabes que trabajo más que nadie, que me esfuerzo, que no me quejo, y aunque la vida me lo haya puesto difícil, siempre sigo. Pero joder... no sé cuánto tiempo más podré seguir en las mismas condiciones. Me agobio al pensar en mis planes cuando era niña ¿Te acuerdas? ¿Cuándo nos sentábamos aquí, todavía estaba el banco de hierro, y sentenciábamos nuestro futuro?
- ¡Cómo olvidarlo!
- Decidimos que llegados los cuarenta estaríamos casadas, trabajando yo de locutora de radio y tú con tu propia oficina de asistencia social. Y míranos. Ni una cosa ni otra. Seguimos en un puto bar soportando lo insoportable, y todo ¿Para qué? Para cien euros...Me he equivocado tantas veces amiga... ¿Quién no me dice que también me estoy equivocando ahora? No sé... todo es una mierda
- Te entiendo. Pero no pienso como tú
- Claro, tú no debes dinero y la nómina te llega
- No me refiero a eso... también pienso lo mismo a veces, pero lo enfoco de otro modo
- Enfocar no hará que tenga más dinero
- Cierto, pero sí hará que te sientas mejor. El dinero no lo es todo. El dinero viene y va. Los mejores momentos de nuestras vidas los hemos disfrutado sin dinero
- Sí, cuando éramos unas pipiolas... ahora, nos guste o no, el dinero es necesario. Si no tienes dinero, no eres nadie
- ¿No eres nadie? ¿Para quién? Para los que anteponen el dinero a cualquier cosa. Para los que valoran el dinero por encima de todo. Para mí si eres alguien, para mí lo eres todo amiga
- ¡Qué tonta! ¡Me vas a hacer llorar!
- ¡Pues llora! Al menos es gratis jajaja
- Jajaja muy graciosa. Sin dinero no se llega a ningún lado, y así me siento, un despojo que solo sirve para trabajar y privada de la vida, del disfrute
- ¿De verdad ves así las cosas?
- Sí
- Pues estás muy equivocada amiga. El dinero no es más que un mecanismo de control que nos impone el sistema para mantenernos en conflicto los unos con los otros, para sofocar las envidias, los estatus y señalar con el dedo, sin que nos tiemble el pulso, la diferencia de clases ¡Cómo si el dinero marcase nuestra personalidad! ¡Y para nada! Sí es cierto que es imprescindible para seguir viviendo en la sociedad, es necesario y útil para abastecernos de lo fundamental, pero amiga, no nos define, y tampoco puede controlar nuestra felicidad
- Verdad, pero... hace la vida más fácil
- ¡Y desde cuándo nos gusta lo fácil! ¡Desde cuándo lo hemos tenido fácil nosotras! Sigo diciendo que estás equivocada
- Tú puedes decir lo que quieras, pero la realidad es lo que hay. Sigo teniendo cien euros para pasar el mes y mi cuerpo está tan cansado y cascado que ni si quiera sé si podré llegar al siguiente mes
- ¡Y tanto que llegarás! Y al otro, y al otro, y al otro... hasta que concluyas esta etapa. Porque solo es eso amiga, una etapa ¿O acaso no hemos tenido momentos en los que nos sobraba el dinero?
- Sí, hace tanto de eso...
- ¿Y éramos felices?
- Pues ahora que lo dices... no. En aquella época estaba el imbécil
- ¡Exacto! Estaba el imbécil y teníamos dinero, pero aun así, no éramos felices porque sufrías malos tratos y para colmo tu alcoholismo...
- Sí, no me faltaba nada...
- Al contrario amiga, te sobraba todo ¿Y ahora?
- Ahora peor
- ¿Peor? ¿Segura? No lo creo amiga. Parece que has olvidado los moratones en tu cuerpo, y las lágrimas desesperadas que derramábamos en esta plaza. Parece que has olvidado las llamadas a las tres de la madrugada para que fuera a salvarte de ese imbécil, y las otras llamadas a la policía cuando ni juntas podíamos con él. Parece que has olvidado las veces que me pedías dormir en mi casa porque el imbécil te echaba en plena noche... ¿Sigo?
- No... ya sé por dónde vas
- No. Creo que no lo sabes. ¿Te quejas porque ahora trabajas y solo te quedan cien euros? Sigues viva, y eso amiga no hay dinero que lo iguale.
- Ya...
- El problema es que tienes que enfocarlo desde otra perspectiva. No pienses en lo que te falta, piensa en lo que tienes
- No tengo nada...
- ¡Tienes mucho!
- ¿Sí? A ver... ¡Sorpréndeme!
- Para empezar sigues viva, que no es poco. Tienes un techo, un plato de comida todos los días, una ducha que puedes regular con agua fría o caliente, tienes una cama dónde descansar, tienes libertad para entrar y salir, para hacer y deshacer. Vives en una ciudad costera donde puedes visitar la playa cada vez que te plazca, a cualquier hora, cualquier día. Tienes ropa con la que vestirte y abrigarte. Tienes...
- Eso no me ayuda... tengo lo que tienen todos ¿Y qué?
- ¿Lo que tienen todos? ¡Qué equivocada estás! Para nada amiga, no todo el mundo vive en un país en paz, ni pueden salir a la calle sin miedo a que les caiga una bomba. Algunas personas han perdido por lo que han luchado toda su vida, porque el mal tiempo decidió arrebatarles las casas, sus pertenencias, y se ven con una mano delante y otra detrás...ellos sí que no tienen nada.
- Ya... pero si nos ponemos así... ¿Voy a tener que sentirme culpable de las desgracias del mundo?
- No. No te estoy diciendo eso. Te estoy diciendo que valores amiga, que valores lo que tienes, aunque sientas o pienses que es poco. Valora lo que tienes, porque si te pones a pensar, hace unos meses no tenías nada de esto, ni si quiera cien euros para pasar el mes...y sin embargo ahora sí ¿Quién sabe si dentro de otros meses tendrás más? ¿Entiendes lo que quiero decirte?
- Creo que sí
- En lugar de quejarte, lamentarte o sentirte triste porque las cosas no están saliendo como deseabas, enfócalo desde otro punto, y valora. Valora no solo lo que posees, si no también lo que has logrado, las batallas que has ganado, el crecimiento personal que has conseguido, la seguridad y la fuerza que te has agenciado. Valora amiga. Valora todo cuanto te rodea y déjate llevar por una nueva felicidad, no la que te imponen o te engañan para que pienses que es la felicidad que te corresponde, si no mas bien, la felicidad que necesitas, la que realmente te buscas tú. La felicidad adecuada a tu personalidad, la que te define porque tú quieras definirte así. Tienes mucho amiga, tienes más de lo que crees, solo tienes que aprender a valorar.

La taciturna, con los ojos humedecidos, mira a su amiga, se abrazan, y sin pronunciar ninguna palabra más, apaga el cigarrillo con el pie, ambas miran el reloj silencioso de la iglesia, se entienden con una última mirada, vuelven a abrazarse y besarse en la mejilla. No es necesario seguir allí, es tarde, mañana será otro día. Se despiden en silencio pero con una sonrisa dibujada en el rostro. Una tira para la derecha, la otra a la izquierda, y cuando ambas lleguen a sus casas, mandaran el mensaje de estar a salvo. La plaza seguirá esperando hasta el siguiente día.
 

P.D: Mi querido compañero de relatos lo ha vuelto a hacer...¡Hemos creado una preciosa historia conjunta! ¿Y si hablase...El banco

23.2.26

Reflexión ¿Oscura?

CONTENIDO ALTAMENTE EMOCIONAL



Esta no iba a ser la entrada que tenía pensado publicar este mes, pero ha ocurrido algo que lo ha cambiado todo, y me veo obligada, por necesidad, a publicar esta. "Mejor dentro que fuera" pensaba como título, porque pretendo soltar todo lo que ronda por mi cabeza, así dejará de hacerme daño y el dolor será libre. Podría hacerlo igualmente a modo privado, escribir los pensamientos que me atormentan y listo, dejarlos ahí, en una carpeta, sin que nadie los lea, para que no hagan daño, para que no rayen a nadie más. Pero no. Necesito compartir estos pensamientos con otras mentes. Tranquilos, no creo que a vosotros os hagan daño, ni tan si quiera que duela un poco, al fin y al cabo son palabras de una desconocida a través de una pantalla...o sea... nada. Solo palabras. Pensamientos íntimos, reservados, exclusivos, convertidos a palabras públicas. Un entretenimiento más... solo eso. Pienso, que, quizá, si lo comparto con vosotros, me deis un enfoque diferente, y lo que pienso que me hace daño, se de la vuelta, y consiga transformarlo en algo positivo, o al menos, más liviano. Siempre es bueno compartir las emociones, y más, si son oscuras. Si te las guardas para ti... creas una cárcel sin escapatoria en tu propia mente, y de ahí a la locura... poco centímetros hay. Aunque tampoco me considero una persona muy cuerda, o quizá sí, pero al estar en un mundo de locos ¿Quién es el loco aquí? Qué mas da... si estoy loca y no me doy cuenta, mejor, porque estar loco y ser consciente de ello debe de ser insufrible ¿O no? He tratado con locos y siempre he querido preguntarles si saben que están locos, pero nunca lo he hecho, no por miedo a que mi pregunta los altere y se pongan agresivos, o se les vaya la pinza y arremetan contra mí, más bien porque me da miedo su respuesta, y si... ¿También estoy loca y su respuesta me resulta más coherente de lo normal? ¿Significaría eso que yo también estoy loca? ¿O que nosotros estamos cuerdos y la locura es en el resto del mundo? A lo que siempre me pregunto ¿Qué es exactamente la locura? ¿Cuál es el nivel exacto para definirla? ¿Quién puede asegurar al cien por cien que está completamente cuerdo? 
Bueno, voy a lo que voy, porque ya me estoy yendo por las ramas, y tampoco era de la locura de lo que deseaba hablar.

Resulta que el 2025 fue un añito... de cojones, sí reconozco que me pasaron algunas cosas buenas, pero... más malas. A ver, quizá no pueda catalogarlas como "malas" en lo que significa la palabra como tal, pero el año fue duro, demasiado dolor para gestionar mientras intentaba mantenerme a flote para no caer en un abismo que no sabía si sería capaz de solventar. Todo comenzó a mediados del 2024 y a raíz de ahí se introdujo en todo el 2025. Ya a finales, cuando por fin sabía que dejaría atrás ese año nefasto que jamás olvidaré, y entrábamos en el 2026, me prometí a mi misma que sacaría fuerzas de donde fuese para seguir adelante, pensaba solo tengo que aprender a gestionar estas nuevas emociones, sacar fuerza de las mismísimas entrañas, no rendirme ante la vida La teoría, genial, ahora ponlo en práctica...
Noticias negativas, una tras otra. No había salido de una que ya tenía embarrada hasta la rodilla la otra. Como si de repente, todo lo malo que había estado evitando de la vida me llegase de golpe, sin remedio, sin solución, ahí lo llevas xoxo pa' que no te aburras. Nada, había estado viviendo en una burbuja egoísta con un pedazo de escudo que me hice yo misma, y vivía feliz, apartada de los problemas ajenos, de los que nunca me sentí responsable. Pero de repente, no sé cómo, tiré el escudo y lo hice añicos, como si pensase que nunca más lo necesitaría ¡Ilusa de mí! Y claro, pues ahí vinieron en mi busca, problema tras problema, dolor tras dolor, superación tras superación, un no parar. A veces ni si quiera era consciente de la cantidad de emociones que podía tener durante unas horas. Me convertí en una auténtica montaña rusa con patas de emociones y sentimientos. Un saco enorme a punto de explotar. Pero no me dejaba avasallar, tiraba como podía. Todo esto en silencio, comiéndomelo sola. Sonrisa para todos menos para el espejo, ese fue mi único sostén, el espejo, a él no podía engañarlo. Con él desparramaba todas las lágrimas que escondía al exterior, todos los pensamientos que tragaba y apartaba para no hacer sufrir a nadie más, todos los gritos que ahogué cuando me ganaba la impotencia y la desesperación. Llegaba frente al espejo y era libre. La típica imagen de alguien que llega a un lugar seguro y se quita la máscara para poder ser uno mismo... pues eso, pero delante del espejo ¿Había máscara? Quizá, pero yo no la intuí. Solo pensaba en ahorrar sufrimiento innecesario a otras personas, que también pasaban por lo suyo. Acabé soportando mi dolor y sufrimiento en silencio, y además, tomé el papel de hombro para que los demás depositasen sus cabezas mientras se desahogaban en lo que ellos pensaban que era una persona fuerte, y no, no lo era, o al menos no tanto como yo pensaba, pero me callé ¿Para qué decir nada? ¿Para crear más inestabilidad y sufrimiento? No. No podía hacer tal cosa. Me callaba, soportaba, ayudaba y cuando llegaba a casa, en mi soledad, y con mi espejo, entonces soltaba.
¿Aprendí? ¡Una barbaridad! Lo que no te mata te hace más fuerte, dicen, pues no sé si seré más fuerte pero sigo viva, que ya es mucho.
Pues nada, llega el 2026 y me siento genial, con infinidad de proyectos por ejecutar, planes...lo normal a comienzos de año, que todos nos ponemos metas y comenzamos con garra y fuerza. Iba bien. De verdad que iba bien. Tú sabes... arrastrando un poco el 2025... pero iba bien. Hasta la maldita noticia. 
Yo me imagino a ese tal dios, sin ofender a nadie, que no digo que ni exista, ni si creo, ni nada relacionado con ese tema, no en esta entrada, es más bien como una imagen proyectada en mi cabeza que voy a describiros. Pues como decía, me imagino a ese dios observándonos a todos desde lo más alto de cualquier lugar, mira menganito está haciendo esto, le voy a ayudar, mira este otro ¿Qué se cree? Vamos a encabronarlo un poquito...y llega a mí, y dice, mira esta, que se cree dura y fuerte después del añito que le he hecho pasar y ahí va, feliz, indiferente, como si nada le afectase ¡Pues se va a cagar! Y me tira un bidón entero de cemento. El cemento ya sabéis que necesita un tiempo para ponerse duro. Pues nada, mientras tanto, yo sigo caminando, pasito tras pasito, cada vez más lento, más trabajoso, siento como se va endureciendo y mi lucha por no quedarme en el lugar es cada vez menos sostenible, pero no desisto. Y ese dios, flipando ¡Y no se para oye! Pues venga, hoy estoy que arraso, otro poquitito de cemento, a ver cómo sigue ahora. Y ese cemento que vuelve a caer sobre mí, ahora me ha dolido, porque el granuja no me lo ha tirado líquido, si no en su proceso avanzado de dureza. Me duele la cabeza del golpe, pero no desisto. Miro hacia arriba con intención de echarle una de esas miradas que matan, pero no, pienso, bueno, él tiene el poder, luchar contra ello solo me debilita, nada, sigo mi camino, embadurnada de un cemento cada vez más duro. Siento que nada me detiene, que puedo conseguirlo, pero por lo visto no puedo ganar esta partida, o esta etapa de mi vida tiene que ser así, cubierta de cemento, para que todo lo que logre se vuelva difícil y complicado ¡Oye, qué sé valorar las cosas! ¡Aprendí hace mucho, no necesito trabas ni impedimentos que me enseñen nada! ¿O sí? Pues esa es la estampa. Un dios descojonado, un alma en pena cubierta de cemento y un largo año por delante...

Entonces, mi amigo, el del cáncer, se muere. ¡Catapum! Me explosiona el corazón y el alma se me va por el retrete...¡Puta vida de mierda! ¡Puto cáncer de mierda! Uy...pareces cabreada... ¿Parezco? ¡Estoy! ¡Y muy mucho! Porque si ya me parecía que la vida era injusta y tuve que aceptar a vivir con ello, ahora es que me parece una verdadera y asquerosa mierda.
Un amigo que primero fue amigo, luego pareja durante unos cuatro años y luego, una vez superado los sentimientos y más maduros los dos, volvemos a ser amigos. Ya os podéis imaginar lo importante que es esa persona para mí y la cantidad de momentos que hemos compartido... Pues al pobre le diagnostican cáncer en Agosto del 2025, y hasta hace unos días, que el pobre no venció. 
35 años recién cumplidos... una verdadera lástima. Impotencia, desgarro emocional y un odio compulsivo a todo lo que me rodea. Esa soy. Un despojo humano lleno de cemento. Todos pasan, me miran, palmadita en la espalda y siguen tan campantes, sin cemento, o a lo mejor ese dios les ha echado otra cosa peor... a saber. Era un chico sano, fuerte y con unas ganas de vivir que contagiaba a cualquiera que pasase por su lado, comienza a encontrarse un día mal, será un resfriado, piensa, al día siguiente tiene fiebre, habré cogido la gripe, se auto diagnostica, al siguiente día no puede respirar, esto ya no es normal, va al médico, se echan las manos a la cabeza ¡Cómo es posible que soporte tanto dolor! Todos los de bata blanca lo alaban y alucinan ¡Nadie en el mismo nivel puede soportar el dolor! Pero él se encuentra bien. Una vez que le han vaciado los pulmones del líquido pleural, él se siente divinamente, deseando que le den el alta y seguir con su vida normal, porque a pesar de haber estado malo, con fiebre y dos litros de este líquido en los pulmones, mi amigo, fuerte hasta el límite, seguía trabajando. Que cuándo le van a dar el alta, pregunta el pobre sin ser consciente de todo lo que se le venía encima, y le dice el médico que le tienen que hacer más pruebas para estar tranquilos, pero que no pasa nada, en un par de días para casa ¿Pruebas? ¿Pruebas de qué? Si yo me encuentro perfectamente. Pruebas para descartar tumores y demás, nada, nada, algo rutinario, nada de lo que preocuparse. Acepta las pruebas. Mientras, porque era un chaval muy nervioso y activo, lo mantienen drogado para que pueda relajarse y dormir. Los de la bata blanca se toman su tiempo para sacar los resultados, claro, su vida no está en juego, para qué correr, este chaval esta sano y se encuentra bien, pongamos atención y rapidez en otros pacientes que lo necesiten más...
Resultado: Hemos encontrado una pequeña manchita en uno de los pulmones...pero tranquilo, puede ser cualquier cosa, no tiene porque ser malo. Vamos a seguir haciendo más pruebas.
Mi amigo se siente bien, no le da ninguna importancia, bah, será cualquier tontería, piensa, él se encuentra divinamente y con unas ganas tremendas de salir de esa habitación.
Pasan los días, los de blanco, mira que tenemos que hacerte más pruebas porque en la primera no vemos bien de qué se trata y debemos asegurarnos. Mi amigo, a regañadientes, acepta. Su paciencia es cortita por no decir que no tiene, pero no le queda otro remedio que esperar.
Resultado: Todo esta en orden, no parece que sea nada malo, te mandamos una medicación y cuando pase un tiempo volvemos a repetir las pruebas para asegurarnos que la manchita ha desaparecido. 
Sigue con su vida normal pero le han dado de baja en el trabajo, por lo visto no debería exponerse a ciertas actividades, al menos de momento, le dicen. Él comienza a rayarse ¿Y quién no? Pero se mantiene a la espera, no conjetura nada, ni para bueno ni para malo, solo se mantiene a la espera. Sigue encontrándose bien, pero algunos días se siente más cansado de lo habitual. Le han cambiado la dieta y prohibido beber alcohol y fumar. Él no se lo toma bien ¡Ni una puta birra me puedo beber! Se queja, normal, entró en el hospital con un estilo de vida y al salir ¡Pumba! Todo cambiado. Se agobia. 
Vuelve a los de la bata blanca, a otros, que se echan las manos a la cabeza porque resulta que la manchita no es solo una manchita, es algo grave que hay que tratar. Pero mi amigo se encuentra perfectamente, no deja de repetir, y ya le han dicho que no hay porqué preocuparse... En las pruebas no se ve con claridad, hay que hacerte otras. Pero vamos a ver, tengo que preocuparme o no. Lo mantienen en vilo...no sé...¿Semanas? Los de la bata blanca tranquilos...mi amigo con la cabeza que le va a explotar, comienza a sentir miedo, no le dicen nada claro, no tiene dónde aferrarse y todas las respuestas son dudosas y turbias. Siguen las pruebas.
Resultados: La mancha es más grande y no solo está en el pulmón, creen que hay más, hay que hacerle más pruebas...
Así durante meses. Él ya no sabe qué pensar, duda de su salud constantemente y comienza a observar el mundo con otros ojos. Se plantea el tiempo, la vida...nunca nombra la palabra pero ya la tiene en su mente. No puede ser. Está exagerando. Es fuerte, joven y sano. No puede ser.
Resultado: Cáncer.
Su estado anímico empeora por días, ha bajado bastante de peso y un dolor insoportable lo acompaña. Si yo estaba bien...piensa el pobre. Le ofrecen diferentes tratamientos para evitar la quimio, le siguen dando esperanzas porque lo han cogido a tiempo y con los avances de ahora no debería de haber problemas... puede hasta que lo operen y le extirpen esa putita mancha. Comienza el tratamiento. Al cabo de las semanas, se lo cambian, no está progresando como esperábamos, le dicen. Le vuelven a cambiar el tratamiento, más pruebas...la manchita ya no es manchita, ni es una sola, tiene metástasis... Descartan la operación y le introducen la quimio.
Mi amigo ya no es mi amigo. Ese ser de luz y bienestar ha sido engullido por una sombra hecha a base de sufrimiento y desesperación. No entiende nada, no puede pensar, su estado empeora por días y siente que la vida se le escapa, pero no se rinde. Las esperanzas cada vez están más lejos, se teme lo peor y el miedo se apodera de él. Su vida se convierte en una lucha constante, contra los pensamientos negativos, contra el malestar físico, contra el sufrimiento de sus seres queridos, contra el mundo...el planteamiento cambia de rol, el rol cambia de planteamiento, todo es un torbellino sin sentido que gira a su alrededor y le hace burlas que lo sacan de su sensatez. Los errores del pasado lo acechan, necesita otra oportunidad, no puede dejarse vencer, él no, pero nunca hubo batalla, más bien la sentencia estaba escrita mucho antes de que él conociese la penitencia, y todos deambulan con una sonrisa forzada pero cabizbajos porque sienten la pesadez del destino en sus nucas. Un secreto a voces. Todos conocen y sienten la verdad, nadie la pronuncia por miedo a que se cumpla la profecía, sin saber que la profecía llega a su fin para degollarnos a todos. 
Tiempos oscuros, me dice él, estoy pasando por tiempos oscuros... y mi oscuridad alumbra a la suya, y dejamos de ver para comenzar a sentir, a sentir miedo, es lo único que se nos permite sentir. Miedo. Incertidumbre. Malestar.
Un único pensamiento, todo el día, un único pensamiento rondando por la cabeza, rebotando en cada pared del cerebro, sorteando a cada neurona ¡No me cogeréis! grita el pensamiento. Rezo sin creer en dios, pero rezo. Le pido a cualquier ser divino, hago promesas, y hasta un sacrificio si fuese necesario ¡Lo que sea! Pero que mi amigo supere esto por favor, que no pueda con él. Comienza mi negación, no, no, no y no. No puede ser. Él va a salir. 
Pero no sale.

Mientras vivimos toda esa agonía, el único método que tengo para comunicarme con él es a través de una pantalla, mediante el chat de una red social. Lo explico.
Cuando terminamos la relación, cada uno cogió un camino diferente, él rehízo su vida, yo rehíce mi vida, y pasaron los años sin que ninguno de los dos se pusiese en contacto con el otro, debíamos curar las heridas. Nunca dudé en que volveríamos a retomar la amistad, aunque fuese de un modo distante, pero sabía, que dejando el tiempo pasar, llegaría el día en que si nos encontrásemos por la calle, podríamos saludarnos como dos personas normales, sin rencores, sin echar nada en cara, sin odio. Ambos aceptamos, con madurez, que nuestra historia de amor no funcionó, ni la culpa es de uno ni de otro, los dos somos culpables, simplemente no funcionó, y en lugar de seguir avanzando con ese resquemor que se le queda a una después de una ruptura, nos dimos cuenta que habíamos vivido tantos buenos momentos y nos habíamos amado tanto, que no merecía la pena tener orgullo para mascar una venganza u odio hacia el otro ¡La vida son dos días! Nos decíamos. Total, que hablamos como dos adultos, exponiendo cada uno sus sentimientos, cómo se sintió en el momento y tratando de comprender al otro, ya os digo que sin ningún tipo de rencor, todo muy maduro y coherente, lo que se dice una conversación entre adultos. Decidimos no perder el contacto y hablar de vez en cuando, y por su puesto, si nos encontrásemos en persona poder saludarnos con tranquilidad y cariño.
Nuestras vidas siguen, él tiene una nueva pareja, yo también. Hablamos y nos ponemos al día ¡Qué alegría! Le va genial, ha conseguido el trabajo de sus sueños y con su pareja esta viviendo una bonita historia de amor ¡Se lo merece! Cada vez que veo sus fotos me nace una sonrisa en la cara ¡Se merece ser feliz! 
Hablamos siempre mediante una pantalla, ninguno se atreve a planear una quedada física por no importunar a nuestras parejas, no todo el mundo acepta una relación de amistad con un ex, es comprensible, y ambos, por evitar discusiones o malos entendidos, seguimos hablando a través de las pantallas, da igual, al menos seguimos hablando.
Pasa un largo tiempo, las conversaciones se frenan, él está liado con sus cosas, yo con las mías, y otros acontecimientos nos tienen más concentrados. Y un día, en una red social, sube una historia, una foto con un ramo de flores y un rótulo: Tranquilos todo va a salir bien. Digo uy...¿Qué ha pasado? Le pregunto directamente y me cuenta lo que os he relatado antes, que está ingresado y tal... Me asusto un poco pero sus palabras de seguridad hacen que me relaje y no le de más importancia. Sin embargo, no dejo de pensar en él, si estará bien, si los resultados han ido bien... comienzo a hablarle todos los días. Él me informa de todo cuanto le dicen y hacen, cada día es una nueva sorpresa, una inquietante noticia, él se desahoga, yo empatizo. Las conversaciones se hacen más profundas, se sincera conmigo, siente miedo, yo también pero no se lo digo. Seguimos a través de la pantalla. Intento convencerlo para que me deje ir a verlo al hospital, me dice que no le parece buena idea pero que no me preocupe, que nada más le den el alta nos veremos en persona. No insisto, lo respeto, sé porque me ha dicho que no, es por vergüenza, no quiere que lo vea en ese estado.
Le dan el alta. Seguimos hablando por la red social, me cuenta que esta amargado, que su vida ha cambiado completamente y que no sabe qué le deparará el futuro, que ni si quiera sabe si tiene un futuro. La cosa pinta mal, me dice.
Lloro, lloro mucho, no hay día que no llore por él. Suplico ¡Qué salga de esta! Pero nadie me escucha. Insisto en que nos veamos, necesito darte un abrazo, le digo, pero él vuelve a rechazar la proposición con excusas que piensa que me creo, yo, que lo conozco muy bien, me hago la tonta y lo respeto, no puedo obligarlo, tiene otras cosas más importantes en las que pensar, no quiero incomodarlo. Acepto seguir tras la pantalla, al menos seguimos hablando.
No contesta. Un día, dos, tres... contesta. Esto es un infierno, me dice. Lloro, suplico y empiezo a rezar ¡Qué lo supere por favor! 
Las conversaciones se reducen, ya no hablamos todos los días, ahora mantenemos un diálogo corto y en pequeños trazos de tiempo, cuatro días es el máximo en el que contesta a mis mensajes. A veces me lee y no contesta. Otras tarda días... Intento no darle importancia, no preocuparme más de lo necesario, todo va a ir bien, es él ¿Cómo no va a salir de esta? Me digo para autocompadecerme, para quitarme los miedos.
No contesta. Una semana...y no contesta. Me temo lo peor. Intento mantener la calma ¿A quién puedo preguntar que me de información? No tengo el número de su pareja, ni de su madre, tampoco sé si los amigos que tenemos en común están al día de lo que está viviendo y no quisiera meter la pata. Me contengo. Espera, me digo, está pasando por momentos muy duros, quizá ni si quiera tenga fuerzas para coger el teléfono. Al fin contesta. Me dice que en pocos días lo ingresan otra vez, que le han suspendido la quimio. Lloro, lloro y suplico mucho, me invade una agonía que no se cómo gestionar, el estrés se apodera de mi ojo con un extraño tic molesto, que aún conservo por cierto, y la ansiedad, mi vieja amiga, vuelve a sentarse en mi pecho en la soledad de la noche.

Ahora soy yo la que no le habla, no puedo, tengo miedo de que mi mensaje jamás sea leído, tengo miedo de no recibir ninguna contestación... ¡Miedo otra vez! ¿Qué hago? Vuelvo a pensar a quién preguntarle, necesito saber cómo está. Me abstengo, no molestes, me digo.
Le hablo, le pido disculpas por haber estado en silencio durante unos días y le explico la razón. No contesta. Me pongo en lo peor. Ahora sí que sí, seguro que ya no contesta ¡Joder qué hago!
Dos mensajes atropelladamente escritos, no te preocupes (refiriéndose a mi excusa) estoy pasando momentos muy oscuros, me dice. Le contesto, le digo que si me preocupo, que no lo puedo evitar, le pregunto en qué hospital esta ingresado y se le están haciendo más pruebas (ya sé que no, pero tampoco sé qué decirle a estas alturas) y le mando toda mi fuerza y un fortísimo abrazo.
No contesta. Una semana...dos... no contesta.
Intento mantenerme distraída, continuamente haciendo cosas para que la mente no piense, evito llorar, no quiero, llorar es dar por hecho lo que no quiero. No. Vuelve la negación a los hechos, a la realidad.
Casi se van a cumplir tres semanas desde que le envié el último mensaje, mis esperanzas se desvanecen y
una pena enorme se apodera de mí. Me temo lo peor. 
Me levanto tarde ese día, y pongo el internet, mientras voy a preparar el café escucho el sonido del chat de la red social ¡Es él! ¡Tiene que ser él!
Efectivamente, un mensaje de su cuenta, pero no es él. Es su pareja informándome que mi amigo nos ha dejado. Desolación. Dolor. Sufrimiento. Tiro el móvil y me derrumbo en el suelo... Adiós amigo, descansa en paz, digo entre sollozos mirando al techo de mi casa.

Y ahora que ya os he puesto a la orden del día, comienzo con las reflexiones, esos pensamientos que os comenté al principio de la entrada, esos mismos que quiero compartir con vosotros.

La primera pregunta que me hago es cómo voy a superar esta mierda si ni si quiera he tenido la oportunidad de mantener un último encuentro físico. Es decir, durante seis meses hemos estado hablando mediante una pantalla, la única información que me llegaba era por su parte, solo por escrito, nunca nos mandamos mensajes de voz o video, solo palabras escritas. Mi mente asocia que tras esa pantalla, él esta al otro lado, que sigue estando ahí, que de un momento a otro volverá a sonar el sonido del mensaje de la red social. Siento como que la conversación no ha concluido, que de un momento a otro tendrá que decirme algo más... mi mente es incapaz de aceptar la muerte, tan real, a través de una pantalla, tan virtual. Son dos mundos tan diferentes, uno es real, el otro completamente ficticio, sin embargo, he utilizado el ficticio para algo real, pues esas conversaciones contienen un alto nivel de emociones y sinceridades que no se pueden fingir. Cada vez que abro la red social, inconscientemente, me dirijo al chat y abro la conversación, intento leer pero es ver lo último que me puso y salgo rápidamente. No sé cómo explicar la sensación. Me pongo nerviosa, dudo, y me digo que quizá contestará ¿Y si contesta? Sigo preguntándome. Es solo una pantalla, lo que hay detrás de cada una es otro mundo ¿Real? 
Siento que no he cerrado la puerta, que no puedo pasar página, que algo se ha quedado a medias y si no zanjo, no puedo seguir avanzando. Hasta qué punto hacemos real lo irreal. Hasta qué punto el mundo virtual se convierte en el físico, en el tangible ¿Se puede vivir una muerte a través de una pantalla? El mismo dolor que siento me inculca estupideces en la cabeza, como que puedo hacer que siga vivo al menos en esa conversación, puedo hacer como si nada hubiese pasado, no es real, él sigue aquí, al otro lado de la pantalla nunca estuvo él, era otro, otro que se hizo pasar por él. Él sigue vivo.
El principal problema de que me ocurra algo así, es porque lo conocía tan bien, que cada vez que leía sus palabras, podía visualizar perfectamente los rasgos de su cara, la entonación de su voz, incluso, la intención de su mirada. No era necesario tenerlo delante, él escribía y mi mente, recopilando recuerdos, lo escenificaba en mi cabeza de forma tan real que lo hacía palpable. Y ahora, que se ha ido, sigo haciendo lo mismo ¡Cómo! Él ya no está, solo queda su recuerdo en mis memorias ¡Cómo acepto la realidad! 
Es todo un bulo, una ficción, cualquier día me lo encuentro por la calle, pienso ¡Seré gilipollas! ¡Tía que no! Es mi propia mente la que me juega malas pasadas, la que me hace creer en algo que no es, porque en el fondo no quiero aceptar la realidad.
Está confirmado, es real. Sin embargo siempre aparece ese estúpido pensamiento, basándome en la conversación, de que puede que... ¡Basta! Me exijo. Pero solo son palabras.
¿Será una nueva forma de pasar el duelo? ¿Serán así las despedidas con las nuevas tecnologías? Antes, cuando moría un ser querido, si no habías podido acudir en sus últimos días a visitarlo, o la muerte era inmediata por culpa de un accidente, bastaba con ir al entierro y verificarlo, tu mente asociaba la pantomima con la verdad. Pero esto... esto es completamente nuevo y desconocido para mí, no tengo ni puta idea de cómo voy a gestionarlo, de cómo tengo que aceptarlo, y sobre todo, de cómo puedo controlar la infinidad de pensamientos extraños que no cesan.
Pensé en borrar la conversación, pero no quiero, es lo último que me queda de él. Me aferro a esa conversación ¿Estoy aceptando la locura de la que intento escapar? 
Sé que algunos no entenderán lo que quiero decir, ni yo misma lo entiendo a veces, es que es complicado de explicar. Intento ordenar los pensamientos para poder exponerlos y que sean entendibles, pero me faltan palabras adecuadas, expresiones cercanas, lucidez. Tengo tanto dolor... 

Otro de los planteamientos que me hago es qué hubiese pasado si no existiesen las redes sociales ¿Me habría enterado de lo que estaba pasando mi amigo? ¿Habría tenido la oportunidad de hablar con él en sus últimos días? En cierto modo, debo agradecer la existencia de la tecnología, gracias a ella he podido intercambiar los últimos momentos que la vida me tenía reservado con él, pero... no deja de ser frío y lejano, cuando yo, soy todo lo contrario. Siempre me he adaptado a cualquier tipo de circunstancia, y por lo visto, también lo hago con el mundo virtual que nos tiene a todos hipnotizados y absortos, pero esto... me confunde, me hace pensar en qué clase de humanidad nos estamos convirtiendo, a dónde seremos capaces de llegar ¡Me aterra! 

Y entro en las dudas existenciales...
¿Qué valor tenemos las personas? ¿Hasta que punto se nos recuerda? A ver como pongo esto... Lo que quiero decir es que cuando te mueres, te lloran y te echan de menos, se supone, pero la vida sigue, unos te olvidan a los pocos días, otros ni si quiera le dan importancia, y los demás, los mas allegados, te recuerdan constantemente y te mantienen en sus corazones. Pero... ¿Ya está? Todo lo que has realizado en la vida, todos tus logros, todos tus errores, todos tus pensamientos... ¿Dónde quedan? Me refiero a lo tuyo propio, a lo que solo te pertenece a ti ¿Qué pasa con eso? Los demás te recordarán por lo que vivieron contigo, pero ¿Quién recordará tus recuerdos? ¿Quién guardará tus pensamientos e ideas para disfrutarlas? ¿Qué pasa con esos momentos que tan solo tú encierras en tu mente? ¿Desaparecen para siempre? ¿Dejan de existir sin más? Entonces ¿Qué sentido tiene tenerlos en vida? ¿Qué sentido tiene guardar secretos? ¿Mentir? ¿Decir la verdad? Te mueres y... al carajo todo ¿Para qué entonces el esfuerzo? ¿La disciplina? ¿La constancia? Te mueres... y ya ¿Y ya? No puede ser. Debe de haber algo... una recompensa por todos los sacrificios, alguna meta, no sé... ¿Todo pierde su valor? Para qué voy a darle importancia a algo si cuando me muera a nadie le importará, sí, me llorarán... ¡Qué pena! ¡Con lo buena que era! Pero sigue haciendo la compra, sigue tendiendo la lavadora o sigue empinando la copa... ¡Jamás te olvidaré! ¿Y eso de que me sirve? ¿De qué me sirve que no me olvides si todo lo que hice dejó de existir conmigo? 
Pienso en mi amigo. Lo recordaré siempre, pero lo recordaré junto a los momentos que viví con él, sin embargo, en su intimidad, en sus pensamientos, en su soledad ¿Quién mantiene eso? ¿A dónde ha ido? ¿Dónde se metieron sus sueños, sus inspiraciones, sus metas? ¿Quién las cumplirá? Y si las hubiese cumplido... ¿Qué pensaría él antes de marcharse? ¿Para qué disfrutar del presente si se desvanecerá como si nunca hubiese existido cuando se va?
Observo el resto del mundo. Siguen tranquilos, nada ha ocurrido, nada ocurre, solo sus vidas, sus preocupaciones, sus ombligos, pero mientras tanto... personas mueren en guerras, por hambre, por asesinato, pero da igual, es la vida, te dicen ¿La vida? No... eso no es la vida, eso es la muerte. La vida es otra cosa, tiene que ser otra cosa. No lo estamos haciendo bien, algo nos hemos saltado o no queremos ver. ¿Cómo va a ser esto la vida? ¿Qué sentido tiene entonces? Muere gente, gente que será olvidada, como si nunca hubiese existido, y todos piensan... mientras sea otro y no yo... No habrás sido tú ahora pero ya te llegará el momento como a todos ¡Ah! Espera que esto ya acojona si se piensa que le puede pasar a uno mismo. Entonces sí te preocupa ¡Hombre es que soy yo! Ya... y aquel es aquel, y el otro es el otro ¿Es que la vida de las personas no tienen el mismo valor? ¿Hay personas que valen más que otras? ¿Hay personas que sí serán recordadas eternamente por encima de otras? ¿Sin diferenciar las buenas de las malas? ¿Los importantes? ¿Y qué ocurre con el resto? 
No me cuadra... no lo entiendo...

¿Pensáis ahora que sí me he vuelto loca? No. No es locura. Es dolor. Porque mi amigo, joven, sano y fuerte, en 6 meses, se ha ido. No es locura. Es sufrimiento. Porque no acepto lo que no puedo controlar. No es locura. Es miedo. Porque igual que le ha ocurrido a él también me puede ocurrir a mí.
Ojalá me vuelva loca... al menos viviría feliz...