Libertad de expresión

Datos personales

Mi foto
Todos los seres viven unos instantes de éxtasis que señalan el momento culminante de su vida, el instante supremo de la existencia; y el éxtasis brota en la plenitud de la existencia pero con completo olvido de la existencia misma. "LA LLAMADA DE LA SELVA" JACK LONDON

27.4.26

RELATO: "Valora Amiga"



Dos amigas de toda la vida han quedado después del trabajo en la misma plaza que las vio crecer. La misma plaza pero con otras cosas. Ya no tiene los bancos que tanto saltaban cuando jugaban al "Torito en alto" ni aquellas farolas con luces amarillas que las alumbraba hasta el camino de vuelta a casa. Tampoco está la misma fuente, aquella que nunca vieron encendida pero que siempre tenía agua estancada que servía para abastecer algún que otro pajarillo y a los indigentes que pasasen por allí. La misma plaza pero con otras formas, otros olores. La misma plaza que guardó sus secretos en la adolescencia, la única testigo de sus primeros besos de amor, y la que soportó durante horas los llantos, promesas y apoyos de una etapa completa hasta llegar a la madurez.
La misma plaza con otros colores, con otros ambientes.
Las palmeras, arbustos, flores y árboles que la adornan aseguran que siguen siendo ellos, que no se marcharon a ninguna parte, que han crecido y madurado, pero son los mismos. Igual que ellas, que siguen siendo ellas pero con otras formas, otros colores, otros pensamientos, con otra forma de vivir. 
La plaza las sigue acogiendo como el primer día, con su tranquilidad, su armonía, su tránsito modulado. Siempre les guarda el mismo lugar, aunque ya no conserve el mismo banco, ese de hierro que estaba frío como el hielo en invierno y les abrasaba el trasero en verano, el mismo que no avisaba de las cagarrutas de las palomas para que se mancharan la ropa, y el mismo que mantuvo, hasta que se lo llevaron, las iniciales de sus nombres grabados en cada extremo. Ese ya no es, ahora es otro, de madera, más bonito, más nuevo. Ellas no muestran el rechazo, lo aceptan, pero no es su banco. Aunque sí el mismo lugar en la misma plaza, y eso las calma, las incita a seguir yendo ¿Dónde si no? ¿Qué lugar las acogerá sin juzgarlas? Nuestra plaza, la llaman, porque es suya, dicen, y que nadie les diga lo contrario ¿Cuántos testigos no corroborarán que aquel lugar les pertenece tanto como ellas pertenecen al lugar?
La misma plaza de toda la vida, de la que nunca aprendieron el nombre, no les hizo falta, con decir "la plaza" bastaba. Pues allí habían acordado verse cuando terminasen el turno del bar, cada una en su propio trabajo. Una llegaba por la derecha, la otra por la izquierda, y el banco, el de madera, en el centro, esperando paciente, y la fuente nueva justo en frente, chorreando agua en su acabado de mármol que tanto les encantó desde el primer día que la vieron encendida y que jamás se volvió a apagar. Su plaza, su lugar preferido, su calma, su fuerte para salvarse del mundo.
Las dos amigas se conocieron allí cuando apenas tenían lucidez para hablar, se entendieron divinamente y desde entonces, como la plaza, fueron cambiando pero mantuvieron la amistad. Su único lugar de encuentro, compatible para ellas, incompatible para el resto. Se conocieron, estrecharon lazos, se hicieron inseparables, confidentes, hermanas. Hermanas de plaza. Allí rieron, lloraron, cantaron, bailaron y disfrutaron. Allí se hicieron mujeres o lo que sean ahora, porque a veces, cuando coinciden con el silencio de la plaza, vuelven a sentirse niñas. El lugar que guarda con cariño su pasado, las invita en el presente y propone expectativas para el futuro.
Sus vidas siempre han estado ligadas aunque de forma diferente. Una divorciada, la otra ni si quiera intentó enamorarse. Ambas de la misma edad. Una predispuesta y valiente, la otra introvertida y metódica. Sus vidas han dado giros de trescientos grados infinitas veces, pero siempre han encontrado hueco para seguir en contacto, para mantener la amistad. Se conocen bien, se admiran, se respetan, se quieren. Aprendieron a soportarse, a aceptarse, y enseñaron a la vida a no rendirse. 
Las dos amigas que apenas hablan con los demás pero que entre ellas no existen los secretos. Entre las dos se han hecho una, labrando con paciencia el hilo del tiempo, cosiendo con esmero el paso de los años y consintiendo con anhelo los cambios marcados.
Siempre llegan a la vez, puntuales como el reloj que se ve desde la esquina, ese que adorna el muro de la iglesia, el mismo que cuentan los abuelos que fue el primer reloj del pueblo, al que quitaron el sonido que marcaba cada hora porque perturbaba el sueño de los vecinos. 
Nada más verse de lejos ya se sonríen y automáticamente miran el banco por el rabillo del ojo. Hay cosas que no cambian, que no quieren cambiar, que no pueden.
Se sientan, cada una en su sitio, la tranquila en la izquierda, con la espalda apoyada y mirando a la fuente. La otra, la prepotente, de lado, con una pierna que sobresale del banco a cada lado, porque ella no necesita mirar la fuente, le basta con oírla.
Encienden un cigarrillo, una sigue fumando lo mismo que cuando empezó, la otra se pasó al tabaco de liar, que es más sano, dice, más natural. Se besan porque se han echado de menos, les encantaría volver a trabajar juntas, como aquel verano en el chiringuito, pero no han vuelto a coincidir, no ha habido manera, bueno, siempre les quedará la plaza, se dicen entre risitas mientras echan el humo del tabaco que acaba de invadir sus pulmones y ahora adornan las luces blancas que sustituyen a las amarillas de cuando eran pequeñas. El humo las envuelve en un silencio preparatorio antes de comenzar la conversación de cada noche, el despliegue de desahogos rutinario que las hace sentir fuertes para poder avanzar. Adoran ese momento, su momento. Nadie más podría apreciarlo como ellas. Nadie logra entenderlo como ellas. Por eso es su momento, su lugar, su plaza.
En el rostro se puede leer el cansancio del trabajo, de la vida, de los años. Una ya ha comenzado a mostrar las primeras arruguitas cerca de los ojos, la otra se mantiene como si se hubiese inyectado Botox pero es su pelo quien la delata ofreciendo capitas blancas perceptibles a primera vista. 
La indiscreta es siempre la que rompe el silencio, a veces cuenta alegrías, otras necesita soltar los males, pero siempre comienza ella, siempre menos hoy, que anda más taciturna de la cuenta y se niega a pronunciar palabra. Su amiga intercambia miradas con la fuente, quiere hablar, pero no está acostumbrada a empezar y se reserva durante unos minutos. Se dejan mecer por el sonido del agua que brota de la fuente de manera dulce y apaciguada. Las distrae el paso de los viandantes que ignoran su presencia. Se acaba el cigarrillo. Una, la que no tiene arrugas, saca de la mochila dos refrescos, antes, habían sido cervezas, ya no. No desde que la sincera tuvo problemas con el alcohol. Les basta con el refresco, mejor que el agua, ríen mientras brindan. El sonido al abrir las latas se fusiona con el agua de la fuente. Beben sorbitos pequeños como para prolongar el silencio sin palabras. 
La que en unos años tendrá el pelo blanco, observando que su amiga no comenzará el diálogo, decide soltar lo que está pensando, y es entonces cuando la plaza se relaja, las acoge y las escucha, manteniendo a raya el reloj que las observa en la lejanía y que no interrumpirá con su campanadas.

- ¿Y a ti qué te pasa hoy que no hablas?
- Pues eso, que no tengo ganas
- ¿Quieres que nos vayamos a casa?
- No, estamos bien aquí
- ¿Entonces?
- Entonces qué
- ¿No hablarás?
- De momento no. Habla tú, que sí que parece que tienes ganas
- No creas...ha sido un día duro, estoy cansada. Tampoco tengo mucho que contarte... lo de siempre...
- Pues eso
- No te creo ¿Me lo vas a contar?
- ¿Qué quieres que te cuente? Igual que tú, estoy cansada, lo mismo de siempre
- Lo mismo de siempre no ¿Qué te pasa? ¡Venga, suéltalo de una vez!
- No pasa nada, lo mismo de siempre...
- ¡Que te gusta que te rueguen! Sabes que acabaré sonsacándotelo...
- Es una tontería, seguro que mañana se me pasa
- ¿Y vas a esperar hasta mañana teniéndome aquí? ¡Habla ya pesada!
- ¿Pesada yo? ¿Seguro?
- Sí. Pesada porque nunca vas a dejar de ser tan taciturna como cuando nos conocimos, y eso que solo tenías cinco años
- Mira quién fue a hablar... la que se ponía roja cada vez que le sonreía
- Ya te he dicho muchas veces que me impresionabas, eras tan directa... 
- Lo sigo siendo
- Bueno... no tanto por suerte jeje
- Será...
- ¡Venga ya mujer! ¡Qué te pasa! 
- ¿De verdad lo quieres saber? 
- ¡Claro! ¿Qué te hace pensar lo contrario? ¿A estas alturas vas a intentar hacerte la interesante conmigo?
- No me hago la interesante. Soy interesante jeje...
- Al menos he conseguido que sonrías
- Siempre lo consigues, ya lo sabes
- Venga vale, pues empieza a soltar, mi paciencia se extrapola
- Tú te extrapolas muy rápido últimamente
- No tanto como dices, exageras...
-Si ya... exagero claro. Que ligero ve ella mis defectos y cuanto tarda con los suyos
- No vas a conseguir persuadirme cambiando de tema, lo sabes, hasta que no me cuentes que te ocurre no voy a parar, así que tú sabrás el tiempo que puedes aguantarme
- Poco, hoy poco, no te quejes si me levanto y te dejo aquí sola
- No sería la primera vez amiga...
- Cierto jajaja
- ¡Y van dos veces que la hago sonreír señores! 
- ¡Bien! Toma tu pin, gracias por tu colaboración
- Que gilipollas eres a veces, y más cuando estás en el máximo nivel de tu estupidez
- Lo sé... ¿No me conoces ya? Pues para qué insistes...
- Sigo esperando

Y la de las contestaciones impertinentes saca la pierna que sobresale por el otro lado del banco para incorporarse y ponerse también frente a la fuente. Apoya los codos en las rodillas y envuelve su cabeza con las manos mientras lanza un suspiro indescifrable. Mira el gorgoteo del agua al caer, siente como la humedad de la noche se posa en su pelo y se estremece mientras piensa en la estufa de su cuarto. La otra, la que no tiene arruguitas, la observa con ojos inquisidores, sabe que no tardará en soltar prenda, la tiene a puntito de caramelo. El reloj, sin sonido, marca el paso de una hora.

- No sé amiga... no sé qué estoy haciendo con mi vida
- ¿A qué te refieres?
- No sé si quiero seguir adelante
- ¿Cómo quieres que entienda eso amiga?
- Puedes entenderlo como quieras, te digo lo que hay ¿No es eso lo que querías?
- Sí. Pero no vendría mal por tu parte un poco de ayuda para comprender a qué te refieres

Deja de acariciarse la cabeza y baja las manos hasta colocarlas en sus rodillas. Un nuevo suspiro acompaña el movimiento. La otra, la introvertida, ha cambiado el semblante, ya no se lo toma a broma, entiende que su amiga no está pasando por un buen momento y quiere ayudarla, pero también sabe que no puede insistir demasiado porque entonces se agobiará y se marchará, dejando esa conversación vacía e inacabada para siempre. Debe guardar silencio y permanecer a la espera. Acabará hablando.
La que suspira, mantiene una guerra de miradas con la fuente, porque no quiere que sus lágrimas broten como emana el agua. Suspira de nuevo, más profundamente, tan de dentro le sale el suspiro que le duele el alma. Se enciende otro cigarrillo y tras la primera calada, vuelve a dirigir la conversación.

- Hoy se ha vuelto a poner en contacto conmigo el imbécil
- Vaya... te dije que lo bloquearas
- Lo hice, pero siempre busca lo medios
- ¿Eso es lo que te pasa? ¿El imbécil? Pasa amiga... ya lo tenemos superado ¿No?
- Sí. Más que superado
- ¿Entonces?
- No sé...
- Sí sabes ¿Qué es lo que te preocupa? Porque no creo que el imbécil logre perturbarte hasta el punto de como te veo ahora, ya no por lo menos...
- No, no. Ya no. Pero sí me toca los ovarios y hoy ha sido la guindita del pastel
- ¿Volvió a amenazarte?
- No, no. No creo que se atreva. Han sido un cúmulo de cosas y el imbécil lo ha coronado
- Sí bueno... ya sabemos que siempre tuvo el don de lo oportuno, aparece en los momentos menos oportunos y siempre destacando, pero amiga, no es nuevo, ya sabemos cómo hacer para que no nos afecte
- Sí. Pero hoy...
- ¿Hay algo que te dijo que no puedes contar? 
- No, no. Tranquila. Nada que ver con lo que pasó. Eso ya... superado y enterrado
- Superado, enterrado y pisoteado
- Jajaja y escupido
- ¡Y escupido! jajaja
- No es eso, tranquila. Nunca más ¿Te acuerdas?
- Sí. Nunca más.

Se miran a la vez y con una mueca parecida a una sonrisa se cogen de la mano, se aprietan, se entienden, están conectadas. 
La taciturna vuelve a dirigir la mirada a la fuente, ahora desea que las lágrimas broten de ella como el agua, pero se contiene. Sigue hablando parsimoniosamente.

- No puedo evitar estar triste. Quizá sea el cansancio...
- No creo. El cansancio siempre fue tu fuerte. Si no estás cansada es porque no has hecho tu trabajo como deberías ¿Recuerdas? ¡Anda que no lo has mencionado veces!
- Es verdad. Entonces es que simplemente estoy triste
- Algún motivo habrá
- Lo habrá...
- Soy toda oídos...
-No siento que esté haciendo bien las cosas. Creo que no estoy contenta conmigo
- Bueno amiga, eso nos pasa a todos. No siempre puedes estar en la cima de la montaña, a veces también es bueno mantenernos dentro, en su cueva
- Ya. Esa frase es mía...
- Nuestra...
- Vale, nuestra. Estoy triste, decepcionada. No era así como imaginaba mi vida con esta edad
- ¿Y quién no lo piensa? ¿O acaso crees que todas las personas logran los objetivos que se marcan? No siempre salen las cosas como deseas, lo importante es no rendirte y seguir luchando para conseguirlos, aunque perdure el tiempo en lograrlo
- Lo sé. 
- Pues entonces también sabes que tiene remedio, solo necesitas un poquito de paciencia y no perder el rumbo
- He vuelto a pensar que una cerveza me sentaría bien...
- No. Eso no amiga. Ya sabemos que no. Es la tristeza quien te incita, lo sabes ¿No?
- Sí. Tranquila. Solo es un pensamiento. Me han ingresado la nómina
- ¡Qué bien! ¿Y que tal tu primer sueldo después de meses? 
- Mal.
- ¿Te han pagado menos de lo que te ofrecieron? 
- No, para nada. Todo esta en orden. Ese es el problema
- ¿El orden?
- No gilipollas
- ¿Entonces?
- Un mes entero trabajando sin parar, y no me confundas, estoy contenta con el curro, los compañeros son estupendos y el trabajo no es tan basto como en el anterior bar. Estoy contenta en ese aspecto. Pero...
- ¿Pero qué?
- Eso. Un mes trabajando hasta el límite del agotamiento, no mal interpretes mis palabras, no me quejo de estar trabajando, ni de las condiciones. Pero... estoy tan cansada...
- Ya... te entiendo. No tenemos los 20 años de antes, el cansancio se acelera más en estos cuerpos cuarentones, pero amiga, no nos queda otra, las facturas no se pagan solas, ya lo sabes
- Me he puesto muy contenta cuando me han ingresado la nómina, pero luego, cuando me he puesto a calcular y repartir todo lo que tengo que pagar... y el dinero para devolver que me prestaron... ¿Sabes cuanto me queda para mí? Bueno... para mí...más bien para comer, que es lo básico
- ¿Cuánto?
- Cien euros. De toda la nómina solo me quedan cien euros para pasar el mes. Y claro... me ha entrado agobio ¿Cómo lo voy a hacer? Y de ese pensamiento he pasado al otro ¿Merece la pena el esfuerzo? Comenzando los cuarenta y no tengo dónde caerme muerta... que triste amiga. Me frustra. No es justo. Sabes que trabajo más que nadie, que me esfuerzo, que no me quejo, y aunque la vida me lo haya puesto difícil, siempre sigo. Pero joder... no sé cuánto tiempo más podré seguir en las mismas condiciones. Me agobio al pensar en mis planes cuando era niña ¿Te acuerdas? ¿Cuándo nos sentábamos aquí, todavía estaba el banco de hierro, y sentenciábamos nuestro futuro?
- ¡Cómo olvidarlo!
- Decidimos que llegados los cuarenta estaríamos casadas, trabajando yo de locutora de radio y tú con tu propia oficina de asistencia social. Y míranos. Ni una cosa ni otra. Seguimos en un puto bar soportando lo insoportable, y todo ¿Para qué? Para cien euros...Me he equivocado tantas veces amiga... ¿Quién no me dice que también me estoy equivocando ahora? No sé... todo es una mierda
- Te entiendo. Pero no pienso como tú
- Claro, tú no debes dinero y la nómina te llega
- No me refiero a eso... también pienso lo mismo a veces, pero lo enfoco de otro modo
- Enfocar no hará que tenga más dinero
- Cierto, pero sí hará que te sientas mejor. El dinero no lo es todo. El dinero viene y va. Los mejores momentos de nuestras vidas los hemos disfrutado sin dinero
- Sí, cuando éramos unas pipiolas... ahora, nos guste o no, el dinero es necesario. Si no tienes dinero, no eres nadie
- ¿No eres nadie? ¿Para quién? Para los que anteponen el dinero a cualquier cosa. Para los que valoran el dinero por encima de todo. Para mí si eres alguien, para mí lo eres todo amiga
- ¡Qué tonta! ¡Me vas a hacer llorar!
- ¡Pues llora! Al menos es gratis jajaja
- Jajaja muy graciosa. Sin dinero no se llega a ningún lado, y así me siento, un despojo que solo sirve para trabajar y privada de la vida, del disfrute
- ¿De verdad ves así las cosas?
- Sí
- Pues estás muy equivocada amiga. El dinero no es más que un mecanismo de control que nos impone el sistema para mantenernos en conflicto los unos con los otros, para sofocar las envidias, los estatus y señalar con el dedo, sin que nos tiemble el pulso, la diferencia de clases ¡Cómo si el dinero marcase nuestra personalidad! ¡Y para nada! Sí es cierto que es imprescindible para seguir viviendo en la sociedad, es necesario y útil para abastecernos de lo fundamental, pero amiga, no nos define, y tampoco puede controlar nuestra felicidad
- Verdad, pero... hace la vida más fácil
- ¡Y desde cuándo nos gusta lo fácil! ¡Desde cuándo lo hemos tenido fácil nosotras! Sigo diciendo que estás equivocada
- Tú puedes decir lo que quieras, pero la realidad es lo que hay. Sigo teniendo cien euros para pasar el mes y mi cuerpo está tan cansado y cascado que ni si quiera sé si podré llegar al siguiente mes
- ¡Y tanto que llegarás! Y al otro, y al otro, y al otro... hasta que concluyas esta etapa. Porque solo es eso amiga, una etapa ¿O acaso no hemos tenido momentos en los que nos sobraba el dinero?
- Sí, hace tanto de eso...
- ¿Y éramos felices?
- Pues ahora que lo dices... no. En aquella época estaba el imbécil
- ¡Exacto! Estaba el imbécil y teníamos dinero, pero aun así, no éramos felices porque sufrías malos tratos y para colmo tu alcoholismo...
- Sí, no me faltaba nada...
- Al contrario amiga, te sobraba todo ¿Y ahora?
- Ahora peor
- ¿Peor? ¿Segura? No lo creo amiga. Parece que has olvidado los moratones en tu cuerpo, y las lágrimas desesperadas que derramábamos en esta plaza. Parece que has olvidado las llamadas a las tres de la madrugada para que fuera a salvarte de ese imbécil, y las otras llamadas a la policía cuando ni juntas podíamos con él. Parece que has olvidado las veces que me pedías dormir en mi casa porque el imbécil te echaba en plena noche... ¿Sigo?
- No... ya sé por dónde vas
- No. Creo que no lo sabes. ¿Te quejas porque ahora trabajas y solo te quedan cien euros? Sigues viva, y eso amiga no hay dinero que lo iguale.
- Ya...
- El problema es que tienes que enfocarlo desde otra perspectiva. No pienses en lo que te falta, piensa en lo que tienes
- No tengo nada...
- ¡Tienes mucho!
- ¿Sí? A ver... ¡Sorpréndeme!
- Para empezar sigues viva, que no es poco. Tienes un techo, un plato de comida todos los días, una ducha que puedes regular con agua fría o caliente, tienes una cama dónde descansar, tienes libertad para entrar y salir, para hacer y deshacer. Vives en una ciudad costera donde puedes visitar la playa cada vez que te plazca, a cualquier hora, cualquier día. Tienes ropa con la que vestirte y abrigarte. Tienes...
- Eso no me ayuda... tengo lo que tienen todos ¿Y qué?
- ¿Lo que tienen todos? ¡Qué equivocada estás! Para nada amiga, no todo el mundo vive en un país en paz, ni pueden salir a la calle sin miedo a que les caiga una bomba. Algunas personas han perdido por lo que han luchado toda su vida, porque el mal tiempo decidió arrebatarles las casas, sus pertenencias, y se ven con una mano delante y otra detrás...ellos sí que no tienen nada.
- Ya... pero si nos ponemos así... ¿Voy a tener que sentirme culpable de las desgracias del mundo?
- No. No te estoy diciendo eso. Te estoy diciendo que valores amiga, que valores lo que tienes, aunque sientas o pienses que es poco. Valora lo que tienes, porque si te pones a pensar, hace unos meses no tenías nada de esto, ni si quiera cien euros para pasar el mes...y sin embargo ahora sí ¿Quién sabe si dentro de otros meses tendrás más? ¿Entiendes lo que quiero decirte?
- Creo que sí
- En lugar de quejarte, lamentarte o sentirte triste porque las cosas no están saliendo como deseabas, enfócalo desde otro punto, y valora. Valora no solo lo que posees, si no también lo que has logrado, las batallas que has ganado, el crecimiento personal que has conseguido, la seguridad y la fuerza que te has agenciado. Valora amiga. Valora todo cuanto te rodea y déjate llevar por una nueva felicidad, no la que te imponen o te engañan para que pienses que es la felicidad que te corresponde, si no mas bien, la felicidad que necesitas, la que realmente te buscas tú. La felicidad adecuada a tu personalidad, la que te define porque tú quieras definirte así. Tienes mucho amiga, tienes más de lo que crees, solo tienes que aprender a valorar.

La taciturna, con los ojos humedecidos, mira a su amiga, se abrazan, y sin pronunciar ninguna palabra más, apaga el cigarrillo con el pie, ambas miran el reloj silencioso de la iglesia, se entienden con una última mirada, vuelven a abrazarse y besarse en la mejilla. No es necesario seguir allí, es tarde, mañana será otro día. Se despiden en silencio pero con una sonrisa dibujada en el rostro. Una tira para la derecha, la otra a la izquierda, y cuando ambas lleguen a sus casas, mandaran el mensaje de estar a salvo. La plaza seguirá esperando hasta el siguiente día.
 

23.2.26

Reflexión ¿Oscura?

CONTENIDO ALTAMENTE EMOCIONAL



Esta no iba a ser la entrada que tenía pensado publicar este mes, pero ha ocurrido algo que lo ha cambiado todo, y me veo obligada, por necesidad, a publicar esta. "Mejor dentro que fuera" pensaba como título, porque pretendo soltar todo lo que ronda por mi cabeza, así dejará de hacerme daño y el dolor será libre. Podría hacerlo igualmente a modo privado, escribir los pensamientos que me atormentan y listo, dejarlos ahí, en una carpeta, sin que nadie los lea, para que no hagan daño, para que no rayen a nadie más. Pero no. Necesito compartir estos pensamientos con otras mentes. Tranquilos, no creo que a vosotros os hagan daño, ni tan si quiera que duela un poco, al fin y al cabo son palabras de una desconocida a través de una pantalla...o sea... nada. Solo palabras. Pensamientos íntimos, reservados, exclusivos, convertidos a palabras públicas. Un entretenimiento más... solo eso. Pienso, que, quizá, si lo comparto con vosotros, me deis un enfoque diferente, y lo que pienso que me hace daño, se de la vuelta, y consiga transformarlo en algo positivo, o al menos, más liviano. Siempre es bueno compartir las emociones, y más, si son oscuras. Si te las guardas para ti... creas una cárcel sin escapatoria en tu propia mente, y de ahí a la locura... poco centímetros hay. Aunque tampoco me considero una persona muy cuerda, o quizá sí, pero al estar en un mundo de locos ¿Quién es el loco aquí? Qué mas da... si estoy loca y no me doy cuenta, mejor, porque estar loco y ser consciente de ello debe de ser insufrible ¿O no? He tratado con locos y siempre he querido preguntarles si saben que están locos, pero nunca lo he hecho, no por miedo a que mi pregunta los altere y se pongan agresivos, o se les vaya la pinza y arremetan contra mí, más bien porque me da miedo su respuesta, y si... ¿También estoy loca y su respuesta me resulta más coherente de lo normal? ¿Significaría eso que yo también estoy loca? ¿O que nosotros estamos cuerdos y la locura es en el resto del mundo? A lo que siempre me pregunto ¿Qué es exactamente la locura? ¿Cuál es el nivel exacto para definirla? ¿Quién puede asegurar al cien por cien que está completamente cuerdo? 
Bueno, voy a lo que voy, porque ya me estoy yendo por las ramas, y tampoco era de la locura de lo que deseaba hablar.

Resulta que el 2025 fue un añito... de cojones, sí reconozco que me pasaron algunas cosas buenas, pero... más malas. A ver, quizá no pueda catalogarlas como "malas" en lo que significa la palabra como tal, pero el año fue duro, demasiado dolor para gestionar mientras intentaba mantenerme a flote para no caer en un abismo que no sabía si sería capaz de solventar. Todo comenzó a mediados del 2024 y a raíz de ahí se introdujo en todo el 2025. Ya a finales, cuando por fin sabía que dejaría atrás ese año nefasto que jamás olvidaré, y entrábamos en el 2026, me prometí a mi misma que sacaría fuerzas de donde fuese para seguir adelante, pensaba solo tengo que aprender a gestionar estas nuevas emociones, sacar fuerza de las mismísimas entrañas, no rendirme ante la vida La teoría, genial, ahora ponlo en práctica...
Noticias negativas, una tras otra. No había salido de una que ya tenía embarrada hasta la rodilla la otra. Como si de repente, todo lo malo que había estado evitando de la vida me llegase de golpe, sin remedio, sin solución, ahí lo llevas xoxo pa' que no te aburras. Nada, había estado viviendo en una burbuja egoísta con un pedazo de escudo que me hice yo misma, y vivía feliz, apartada de los problemas ajenos, de los que nunca me sentí responsable. Pero de repente, no sé cómo, tiré el escudo y lo hice añicos, como si pensase que nunca más lo necesitaría ¡Ilusa de mí! Y claro, pues ahí vinieron en mi busca, problema tras problema, dolor tras dolor, superación tras superación, un no parar. A veces ni si quiera era consciente de la cantidad de emociones que podía tener durante unas horas. Me convertí en una auténtica montaña rusa con patas de emociones y sentimientos. Un saco enorme a punto de explotar. Pero no me dejaba avasallar, tiraba como podía. Todo esto en silencio, comiéndomelo sola. Sonrisa para todos menos para el espejo, ese fue mi único sostén, el espejo, a él no podía engañarlo. Con él desparramaba todas las lágrimas que escondía al exterior, todos los pensamientos que tragaba y apartaba para no hacer sufrir a nadie más, todos los gritos que ahogué cuando me ganaba la impotencia y la desesperación. Llegaba frente al espejo y era libre. La típica imagen de alguien que llega a un lugar seguro y se quita la máscara para poder ser uno mismo... pues eso, pero delante del espejo ¿Había máscara? Quizá, pero yo no la intuí. Solo pensaba en ahorrar sufrimiento innecesario a otras personas, que también pasaban por lo suyo. Acabé soportando mi dolor y sufrimiento en silencio, y además, tomé el papel de hombro para que los demás depositasen sus cabezas mientras se desahogaban en lo que ellos pensaban que era una persona fuerte, y no, no lo era, o al menos no tanto como yo pensaba, pero me callé ¿Para qué decir nada? ¿Para crear más inestabilidad y sufrimiento? No. No podía hacer tal cosa. Me callaba, soportaba, ayudaba y cuando llegaba a casa, en mi soledad, y con mi espejo, entonces soltaba.
¿Aprendí? ¡Una barbaridad! Lo que no te mata te hace más fuerte, dicen, pues no sé si seré más fuerte pero sigo viva, que ya es mucho.
Pues nada, llega el 2026 y me siento genial, con infinidad de proyectos por ejecutar, planes...lo normal a comienzos de año, que todos nos ponemos metas y comenzamos con garra y fuerza. Iba bien. De verdad que iba bien. Tú sabes... arrastrando un poco el 2025... pero iba bien. Hasta la maldita noticia. 
Yo me imagino a ese tal dios, sin ofender a nadie, que no digo que ni exista, ni si creo, ni nada relacionado con ese tema, no en esta entrada, es más bien como una imagen proyectada en mi cabeza que voy a describiros. Pues como decía, me imagino a ese dios observándonos a todos desde lo más alto de cualquier lugar, mira menganito está haciendo esto, le voy a ayudar, mira este otro ¿Qué se cree? Vamos a encabronarlo un poquito...y llega a mí, y dice, mira esta, que se cree dura y fuerte después del añito que le he hecho pasar y ahí va, feliz, indiferente, como si nada le afectase ¡Pues se va a cagar! Y me tira un bidón entero de cemento. El cemento ya sabéis que necesita un tiempo para ponerse duro. Pues nada, mientras tanto, yo sigo caminando, pasito tras pasito, cada vez más lento, más trabajoso, siento como se va endureciendo y mi lucha por no quedarme en el lugar es cada vez menos sostenible, pero no desisto. Y ese dios, flipando ¡Y no se para oye! Pues venga, hoy estoy que arraso, otro poquitito de cemento, a ver cómo sigue ahora. Y ese cemento que vuelve a caer sobre mí, ahora me ha dolido, porque el granuja no me lo ha tirado líquido, si no en su proceso avanzado de dureza. Me duele la cabeza del golpe, pero no desisto. Miro hacia arriba con intención de echarle una de esas miradas que matan, pero no, pienso, bueno, él tiene el poder, luchar contra ello solo me debilita, nada, sigo mi camino, embadurnada de un cemento cada vez más duro. Siento que nada me detiene, que puedo conseguirlo, pero por lo visto no puedo ganar esta partida, o esta etapa de mi vida tiene que ser así, cubierta de cemento, para que todo lo que logre se vuelva difícil y complicado ¡Oye, qué sé valorar las cosas! ¡Aprendí hace mucho, no necesito trabas ni impedimentos que me enseñen nada! ¿O sí? Pues esa es la estampa. Un dios descojonado, un alma en pena cubierta de cemento y un largo año por delante...

Entonces, mi amigo, el del cáncer, se muere. ¡Catapum! Me explosiona el corazón y el alma se me va por el retrete...¡Puta vida de mierda! ¡Puto cáncer de mierda! Uy...pareces cabreada... ¿Parezco? ¡Estoy! ¡Y muy mucho! Porque si ya me parecía que la vida era injusta y tuve que aceptar a vivir con ello, ahora es que me parece una verdadera y asquerosa mierda.
Un amigo que primero fue amigo, luego pareja durante unos cuatro años y luego, una vez superado los sentimientos y más maduros los dos, volvemos a ser amigos. Ya os podéis imaginar lo importante que es esa persona para mí y la cantidad de momentos que hemos compartido... Pues al pobre le diagnostican cáncer en Agosto del 2025, y hasta hace unos días, que el pobre no venció. 
35 años recién cumplidos... una verdadera lástima. Impotencia, desgarro emocional y un odio compulsivo a todo lo que me rodea. Esa soy. Un despojo humano lleno de cemento. Todos pasan, me miran, palmadita en la espalda y siguen tan campantes, sin cemento, o a lo mejor ese dios les ha echado otra cosa peor... a saber. Era un chico sano, fuerte y con unas ganas de vivir que contagiaba a cualquiera que pasase por su lado, comienza a encontrarse un día mal, será un resfriado, piensa, al día siguiente tiene fiebre, habré cogido la gripe, se auto diagnostica, al siguiente día no puede respirar, esto ya no es normal, va al médico, se echan las manos a la cabeza ¡Cómo es posible que soporte tanto dolor! Todos los de bata blanca lo alaban y alucinan ¡Nadie en el mismo nivel puede soportar el dolor! Pero él se encuentra bien. Una vez que le han vaciado los pulmones del líquido pleural, él se siente divinamente, deseando que le den el alta y seguir con su vida normal, porque a pesar de haber estado malo, con fiebre y dos litros de este líquido en los pulmones, mi amigo, fuerte hasta el límite, seguía trabajando. Que cuándo le van a dar el alta, pregunta el pobre sin ser consciente de todo lo que se le venía encima, y le dice el médico que le tienen que hacer más pruebas para estar tranquilos, pero que no pasa nada, en un par de días para casa ¿Pruebas? ¿Pruebas de qué? Si yo me encuentro perfectamente. Pruebas para descartar tumores y demás, nada, nada, algo rutinario, nada de lo que preocuparse. Acepta las pruebas. Mientras, porque era un chaval muy nervioso y activo, lo mantienen drogado para que pueda relajarse y dormir. Los de la bata blanca se toman su tiempo para sacar los resultados, claro, su vida no está en juego, para qué correr, este chaval esta sano y se encuentra bien, pongamos atención y rapidez en otros pacientes que lo necesiten más...
Resultado: Hemos encontrado una pequeña manchita en uno de los pulmones...pero tranquilo, puede ser cualquier cosa, no tiene porque ser malo. Vamos a seguir haciendo más pruebas.
Mi amigo se siente bien, no le da ninguna importancia, bah, será cualquier tontería, piensa, él se encuentra divinamente y con unas ganas tremendas de salir de esa habitación.
Pasan los días, los de blanco, mira que tenemos que hacerte más pruebas porque en la primera no vemos bien de qué se trata y debemos asegurarnos. Mi amigo, a regañadientes, acepta. Su paciencia es cortita por no decir que no tiene, pero no le queda otro remedio que esperar.
Resultado: Todo esta en orden, no parece que sea nada malo, te mandamos una medicación y cuando pase un tiempo volvemos a repetir las pruebas para asegurarnos que la manchita ha desaparecido. 
Sigue con su vida normal pero le han dado de baja en el trabajo, por lo visto no debería exponerse a ciertas actividades, al menos de momento, le dicen. Él comienza a rayarse ¿Y quién no? Pero se mantiene a la espera, no conjetura nada, ni para bueno ni para malo, solo se mantiene a la espera. Sigue encontrándose bien, pero algunos días se siente más cansado de lo habitual. Le han cambiado la dieta y prohibido beber alcohol y fumar. Él no se lo toma bien ¡Ni una puta birra me puedo beber! Se queja, normal, entró en el hospital con un estilo de vida y al salir ¡Pumba! Todo cambiado. Se agobia. 
Vuelve a los de la bata blanca, a otros, que se echan las manos a la cabeza porque resulta que la manchita no es solo una manchita, es algo grave que hay que tratar. Pero mi amigo se encuentra perfectamente, no deja de repetir, y ya le han dicho que no hay porqué preocuparse... En las pruebas no se ve con claridad, hay que hacerte otras. Pero vamos a ver, tengo que preocuparme o no. Lo mantienen en vilo...no sé...¿Semanas? Los de la bata blanca tranquilos...mi amigo con la cabeza que le va a explotar, comienza a sentir miedo, no le dicen nada claro, no tiene dónde aferrarse y todas las respuestas son dudosas y turbias. Siguen las pruebas.
Resultados: La mancha es más grande y no solo está en el pulmón, creen que hay más, hay que hacerle más pruebas...
Así durante meses. Él ya no sabe qué pensar, duda de su salud constantemente y comienza a observar el mundo con otros ojos. Se plantea el tiempo, la vida...nunca nombra la palabra pero ya la tiene en su mente. No puede ser. Está exagerando. Es fuerte, joven y sano. No puede ser.
Resultado: Cáncer.
Su estado anímico empeora por días, ha bajado bastante de peso y un dolor insoportable lo acompaña. Si yo estaba bien...piensa el pobre. Le ofrecen diferentes tratamientos para evitar la quimio, le siguen dando esperanzas porque lo han cogido a tiempo y con los avances de ahora no debería de haber problemas... puede hasta que lo operen y le extirpen esa putita mancha. Comienza el tratamiento. Al cabo de las semanas, se lo cambian, no está progresando como esperábamos, le dicen. Le vuelven a cambiar el tratamiento, más pruebas...la manchita ya no es manchita, ni es una sola, tiene metástasis... Descartan la operación y le introducen la quimio.
Mi amigo ya no es mi amigo. Ese ser de luz y bienestar ha sido engullido por una sombra hecha a base de sufrimiento y desesperación. No entiende nada, no puede pensar, su estado empeora por días y siente que la vida se le escapa, pero no se rinde. Las esperanzas cada vez están más lejos, se teme lo peor y el miedo se apodera de él. Su vida se convierte en una lucha constante, contra los pensamientos negativos, contra el malestar físico, contra el sufrimiento de sus seres queridos, contra el mundo...el planteamiento cambia de rol, el rol cambia de planteamiento, todo es un torbellino sin sentido que gira a su alrededor y le hace burlas que lo sacan de su sensatez. Los errores del pasado lo acechan, necesita otra oportunidad, no puede dejarse vencer, él no, pero nunca hubo batalla, más bien la sentencia estaba escrita mucho antes de que él conociese la penitencia, y todos deambulan con una sonrisa forzada pero cabizbajos porque sienten la pesadez del destino en sus nucas. Un secreto a voces. Todos conocen y sienten la verdad, nadie la pronuncia por miedo a que se cumpla la profecía, sin saber que la profecía llega a su fin para degollarnos a todos. 
Tiempos oscuros, me dice él, estoy pasando por tiempos oscuros... y mi oscuridad alumbra a la suya, y dejamos de ver para comenzar a sentir, a sentir miedo, es lo único que se nos permite sentir. Miedo. Incertidumbre. Malestar.
Un único pensamiento, todo el día, un único pensamiento rondando por la cabeza, rebotando en cada pared del cerebro, sorteando a cada neurona ¡No me cogeréis! grita el pensamiento. Rezo sin creer en dios, pero rezo. Le pido a cualquier ser divino, hago promesas, y hasta un sacrificio si fuese necesario ¡Lo que sea! Pero que mi amigo supere esto por favor, que no pueda con él. Comienza mi negación, no, no, no y no. No puede ser. Él va a salir. 
Pero no sale.

Mientras vivimos toda esa agonía, el único método que tengo para comunicarme con él es a través de una pantalla, mediante el chat de una red social. Lo explico.
Cuando terminamos la relación, cada uno cogió un camino diferente, él rehízo su vida, yo rehíce mi vida, y pasaron los años sin que ninguno de los dos se pusiese en contacto con el otro, debíamos curar las heridas. Nunca dudé en que volveríamos a retomar la amistad, aunque fuese de un modo distante, pero sabía, que dejando el tiempo pasar, llegaría el día en que si nos encontrásemos por la calle, podríamos saludarnos como dos personas normales, sin rencores, sin echar nada en cara, sin odio. Ambos aceptamos, con madurez, que nuestra historia de amor no funcionó, ni la culpa es de uno ni de otro, los dos somos culpables, simplemente no funcionó, y en lugar de seguir avanzando con ese resquemor que se le queda a una después de una ruptura, nos dimos cuenta que habíamos vivido tantos buenos momentos y nos habíamos amado tanto, que no merecía la pena tener orgullo para mascar una venganza u odio hacia el otro ¡La vida son dos días! Nos decíamos. Total, que hablamos como dos adultos, exponiendo cada uno sus sentimientos, cómo se sintió en el momento y tratando de comprender al otro, ya os digo que sin ningún tipo de rencor, todo muy maduro y coherente, lo que se dice una conversación entre adultos. Decidimos no perder el contacto y hablar de vez en cuando, y por su puesto, si nos encontrásemos en persona poder saludarnos con tranquilidad y cariño.
Nuestras vidas siguen, él tiene una nueva pareja, yo también. Hablamos y nos ponemos al día ¡Qué alegría! Le va genial, ha conseguido el trabajo de sus sueños y con su pareja esta viviendo una bonita historia de amor ¡Se lo merece! Cada vez que veo sus fotos me nace una sonrisa en la cara ¡Se merece ser feliz! 
Hablamos siempre mediante una pantalla, ninguno se atreve a planear una quedada física por no importunar a nuestras parejas, no todo el mundo acepta una relación de amistad con un ex, es comprensible, y ambos, por evitar discusiones o malos entendidos, seguimos hablando a través de las pantallas, da igual, al menos seguimos hablando.
Pasa un largo tiempo, las conversaciones se frenan, él está liado con sus cosas, yo con las mías, y otros acontecimientos nos tienen más concentrados. Y un día, en una red social, sube una historia, una foto con un ramo de flores y un rótulo: Tranquilos todo va a salir bien. Digo uy...¿Qué ha pasado? Le pregunto directamente y me cuenta lo que os he relatado antes, que está ingresado y tal... Me asusto un poco pero sus palabras de seguridad hacen que me relaje y no le de más importancia. Sin embargo, no dejo de pensar en él, si estará bien, si los resultados han ido bien... comienzo a hablarle todos los días. Él me informa de todo cuanto le dicen y hacen, cada día es una nueva sorpresa, una inquietante noticia, él se desahoga, yo empatizo. Las conversaciones se hacen más profundas, se sincera conmigo, siente miedo, yo también pero no se lo digo. Seguimos a través de la pantalla. Intento convencerlo para que me deje ir a verlo al hospital, me dice que no le parece buena idea pero que no me preocupe, que nada más le den el alta nos veremos en persona. No insisto, lo respeto, sé porque me ha dicho que no, es por vergüenza, no quiere que lo vea en ese estado.
Le dan el alta. Seguimos hablando por la red social, me cuenta que esta amargado, que su vida ha cambiado completamente y que no sabe qué le deparará el futuro, que ni si quiera sabe si tiene un futuro. La cosa pinta mal, me dice.
Lloro, lloro mucho, no hay día que no llore por él. Suplico ¡Qué salga de esta! Pero nadie me escucha. Insisto en que nos veamos, necesito darte un abrazo, le digo, pero él vuelve a rechazar la proposición con excusas que piensa que me creo, yo, que lo conozco muy bien, me hago la tonta y lo respeto, no puedo obligarlo, tiene otras cosas más importantes en las que pensar, no quiero incomodarlo. Acepto seguir tras la pantalla, al menos seguimos hablando.
No contesta. Un día, dos, tres... contesta. Esto es un infierno, me dice. Lloro, suplico y empiezo a rezar ¡Qué lo supere por favor! 
Las conversaciones se reducen, ya no hablamos todos los días, ahora mantenemos un diálogo corto y en pequeños trazos de tiempo, cuatro días es el máximo en el que contesta a mis mensajes. A veces me lee y no contesta. Otras tarda días... Intento no darle importancia, no preocuparme más de lo necesario, todo va a ir bien, es él ¿Cómo no va a salir de esta? Me digo para autocompadecerme, para quitarme los miedos.
No contesta. Una semana...y no contesta. Me temo lo peor. Intento mantener la calma ¿A quién puedo preguntar que me de información? No tengo el número de su pareja, ni de su madre, tampoco sé si los amigos que tenemos en común están al día de lo que está viviendo y no quisiera meter la pata. Me contengo. Espera, me digo, está pasando por momentos muy duros, quizá ni si quiera tenga fuerzas para coger el teléfono. Al fin contesta. Me dice que en pocos días lo ingresan otra vez, que le han suspendido la quimio. Lloro, lloro y suplico mucho, me invade una agonía que no se cómo gestionar, el estrés se apodera de mi ojo con un extraño tic molesto, que aún conservo por cierto, y la ansiedad, mi vieja amiga, vuelve a sentarse en mi pecho en la soledad de la noche.

Ahora soy yo la que no le habla, no puedo, tengo miedo de que mi mensaje jamás sea leído, tengo miedo de no recibir ninguna contestación... ¡Miedo otra vez! ¿Qué hago? Vuelvo a pensar a quién preguntarle, necesito saber cómo está. Me abstengo, no molestes, me digo.
Le hablo, le pido disculpas por haber estado en silencio durante unos días y le explico la razón. No contesta. Me pongo en lo peor. Ahora sí que sí, seguro que ya no contesta ¡Joder qué hago!
Dos mensajes atropelladamente escritos, no te preocupes (refiriéndose a mi excusa) estoy pasando momentos muy oscuros, me dice. Le contesto, le digo que si me preocupo, que no lo puedo evitar, le pregunto en qué hospital esta ingresado y se le están haciendo más pruebas (ya sé que no, pero tampoco sé qué decirle a estas alturas) y le mando toda mi fuerza y un fortísimo abrazo.
No contesta. Una semana...dos... no contesta.
Intento mantenerme distraída, continuamente haciendo cosas para que la mente no piense, evito llorar, no quiero, llorar es dar por hecho lo que no quiero. No. Vuelve la negación a los hechos, a la realidad.
Casi se van a cumplir tres semanas desde que le envié el último mensaje, mis esperanzas se desvanecen y
una pena enorme se apodera de mí. Me temo lo peor. 
Me levanto tarde ese día, y pongo el internet, mientras voy a preparar el café escucho el sonido del chat de la red social ¡Es él! ¡Tiene que ser él!
Efectivamente, un mensaje de su cuenta, pero no es él. Es su pareja informándome que mi amigo nos ha dejado. Desolación. Dolor. Sufrimiento. Tiro el móvil y me derrumbo en el suelo... Adiós amigo, descansa en paz, digo entre sollozos mirando al techo de mi casa.

Y ahora que ya os he puesto a la orden del día, comienzo con las reflexiones, esos pensamientos que os comenté al principio de la entrada, esos mismos que quiero compartir con vosotros.

La primera pregunta que me hago es cómo voy a superar esta mierda si ni si quiera he tenido la oportunidad de mantener un último encuentro físico. Es decir, durante seis meses hemos estado hablando mediante una pantalla, la única información que me llegaba era por su parte, solo por escrito, nunca nos mandamos mensajes de voz o video, solo palabras escritas. Mi mente asocia que tras esa pantalla, él esta al otro lado, que sigue estando ahí, que de un momento a otro volverá a sonar el sonido del mensaje de la red social. Siento como que la conversación no ha concluido, que de un momento a otro tendrá que decirme algo más... mi mente es incapaz de aceptar la muerte, tan real, a través de una pantalla, tan virtual. Son dos mundos tan diferentes, uno es real, el otro completamente ficticio, sin embargo, he utilizado el ficticio para algo real, pues esas conversaciones contienen un alto nivel de emociones y sinceridades que no se pueden fingir. Cada vez que abro la red social, inconscientemente, me dirijo al chat y abro la conversación, intento leer pero es ver lo último que me puso y salgo rápidamente. No sé cómo explicar la sensación. Me pongo nerviosa, dudo, y me digo que quizá contestará ¿Y si contesta? Sigo preguntándome. Es solo una pantalla, lo que hay detrás de cada una es otro mundo ¿Real? 
Siento que no he cerrado la puerta, que no puedo pasar página, que algo se ha quedado a medias y si no zanjo, no puedo seguir avanzando. Hasta qué punto hacemos real lo irreal. Hasta qué punto el mundo virtual se convierte en el físico, en el tangible ¿Se puede vivir una muerte a través de una pantalla? El mismo dolor que siento me inculca estupideces en la cabeza, como que puedo hacer que siga vivo al menos en esa conversación, puedo hacer como si nada hubiese pasado, no es real, él sigue aquí, al otro lado de la pantalla nunca estuvo él, era otro, otro que se hizo pasar por él. Él sigue vivo.
El principal problema de que me ocurra algo así, es porque lo conocía tan bien, que cada vez que leía sus palabras, podía visualizar perfectamente los rasgos de su cara, la entonación de su voz, incluso, la intención de su mirada. No era necesario tenerlo delante, él escribía y mi mente, recopilando recuerdos, lo escenificaba en mi cabeza de forma tan real que lo hacía palpable. Y ahora, que se ha ido, sigo haciendo lo mismo ¡Cómo! Él ya no está, solo queda su recuerdo en mis memorias ¡Cómo acepto la realidad! 
Es todo un bulo, una ficción, cualquier día me lo encuentro por la calle, pienso ¡Seré gilipollas! ¡Tía que no! Es mi propia mente la que me juega malas pasadas, la que me hace creer en algo que no es, porque en el fondo no quiero aceptar la realidad.
Está confirmado, es real. Sin embargo siempre aparece ese estúpido pensamiento, basándome en la conversación, de que puede que... ¡Basta! Me exijo. Pero solo son palabras.
¿Será una nueva forma de pasar el duelo? ¿Serán así las despedidas con las nuevas tecnologías? Antes, cuando moría un ser querido, si no habías podido acudir en sus últimos días a visitarlo, o la muerte era inmediata por culpa de un accidente, bastaba con ir al entierro y verificarlo, tu mente asociaba la pantomima con la verdad. Pero esto... esto es completamente nuevo y desconocido para mí, no tengo ni puta idea de cómo voy a gestionarlo, de cómo tengo que aceptarlo, y sobre todo, de cómo puedo controlar la infinidad de pensamientos extraños que no cesan.
Pensé en borrar la conversación, pero no quiero, es lo último que me queda de él. Me aferro a esa conversación ¿Estoy aceptando la locura de la que intento escapar? 
Sé que algunos no entenderán lo que quiero decir, ni yo misma lo entiendo a veces, es que es complicado de explicar. Intento ordenar los pensamientos para poder exponerlos y que sean entendibles, pero me faltan palabras adecuadas, expresiones cercanas, lucidez. Tengo tanto dolor... 

Otro de los planteamientos que me hago es qué hubiese pasado si no existiesen las redes sociales ¿Me habría enterado de lo que estaba pasando mi amigo? ¿Habría tenido la oportunidad de hablar con él en sus últimos días? En cierto modo, debo agradecer la existencia de la tecnología, gracias a ella he podido intercambiar los últimos momentos que la vida me tenía reservado con él, pero... no deja de ser frío y lejano, cuando yo, soy todo lo contrario. Siempre me he adaptado a cualquier tipo de circunstancia, y por lo visto, también lo hago con el mundo virtual que nos tiene a todos hipnotizados y absortos, pero esto... me confunde, me hace pensar en qué clase de humanidad nos estamos convirtiendo, a dónde seremos capaces de llegar ¡Me aterra! 

Y entro en las dudas existenciales...
¿Qué valor tenemos las personas? ¿Hasta que punto se nos recuerda? A ver como pongo esto... Lo que quiero decir es que cuando te mueres, te lloran y te echan de menos, se supone, pero la vida sigue, unos te olvidan a los pocos días, otros ni si quiera le dan importancia, y los demás, los mas allegados, te recuerdan constantemente y te mantienen en sus corazones. Pero... ¿Ya está? Todo lo que has realizado en la vida, todos tus logros, todos tus errores, todos tus pensamientos... ¿Dónde quedan? Me refiero a lo tuyo propio, a lo que solo te pertenece a ti ¿Qué pasa con eso? Los demás te recordarán por lo que vivieron contigo, pero ¿Quién recordará tus recuerdos? ¿Quién guardará tus pensamientos e ideas para disfrutarlas? ¿Qué pasa con esos momentos que tan solo tú encierras en tu mente? ¿Desaparecen para siempre? ¿Dejan de existir sin más? Entonces ¿Qué sentido tiene tenerlos en vida? ¿Qué sentido tiene guardar secretos? ¿Mentir? ¿Decir la verdad? Te mueres y... al carajo todo ¿Para qué entonces el esfuerzo? ¿La disciplina? ¿La constancia? Te mueres... y ya ¿Y ya? No puede ser. Debe de haber algo... una recompensa por todos los sacrificios, alguna meta, no sé... ¿Todo pierde su valor? Para qué voy a darle importancia a algo si cuando me muera a nadie le importará, sí, me llorarán... ¡Qué pena! ¡Con lo buena que era! Pero sigue haciendo la compra, sigue tendiendo la lavadora o sigue empinando la copa... ¡Jamás te olvidaré! ¿Y eso de que me sirve? ¿De qué me sirve que no me olvides si todo lo que hice dejó de existir conmigo? 
Pienso en mi amigo. Lo recordaré siempre, pero lo recordaré junto a los momentos que viví con él, sin embargo, en su intimidad, en sus pensamientos, en su soledad ¿Quién mantiene eso? ¿A dónde ha ido? ¿Dónde se metieron sus sueños, sus inspiraciones, sus metas? ¿Quién las cumplirá? Y si las hubiese cumplido... ¿Qué pensaría él antes de marcharse? ¿Para qué disfrutar del presente si se desvanecerá como si nunca hubiese existido cuando se va?
Observo el resto del mundo. Siguen tranquilos, nada ha ocurrido, nada ocurre, solo sus vidas, sus preocupaciones, sus ombligos, pero mientras tanto... personas mueren en guerras, por hambre, por asesinato, pero da igual, es la vida, te dicen ¿La vida? No... eso no es la vida, eso es la muerte. La vida es otra cosa, tiene que ser otra cosa. No lo estamos haciendo bien, algo nos hemos saltado o no queremos ver. ¿Cómo va a ser esto la vida? ¿Qué sentido tiene entonces? Muere gente, gente que será olvidada, como si nunca hubiese existido, y todos piensan... mientras sea otro y no yo... No habrás sido tú ahora pero ya te llegará el momento como a todos ¡Ah! Espera que esto ya acojona si se piensa que le puede pasar a uno mismo. Entonces sí te preocupa ¡Hombre es que soy yo! Ya... y aquel es aquel, y el otro es el otro ¿Es que la vida de las personas no tienen el mismo valor? ¿Hay personas que valen más que otras? ¿Hay personas que sí serán recordadas eternamente por encima de otras? ¿Sin diferenciar las buenas de las malas? ¿Los importantes? ¿Y qué ocurre con el resto? 
No me cuadra... no lo entiendo...

¿Pensáis ahora que sí me he vuelto loca? No. No es locura. Es dolor. Porque mi amigo, joven, sano y fuerte, en 6 meses, se ha ido. No es locura. Es sufrimiento. Porque no acepto lo que no puedo controlar. No es locura. Es miedo. Porque igual que le ha ocurrido a él también me puede ocurrir a mí.
Ojalá me vuelva loca... al menos viviría feliz...






10.1.26

Noche de Reyes


Pertenezco a una generación en la que "Papa Noel" se mantenía en un segundo plano. Conocíamos de su existencia e incluso nos parecía divertido, pero nosotros, a quienes realmente escribíamos la carta con nuestros deseos más preciados era a "Los Reyes Magos". Cuando eres niño la navidad es la fiesta que más te gusta, te reúnes con toda la familia, dulces y golosinas a tutiplén, cabalgatas, música constante, felicidad, alegría y...regalos. Regalos por todas partes. Paquetitos de colores vistosos y llamativos colocados bajo un árbol o portal de belén esperando a ser desbaratados y descubiertos para provocar expectación, emoción y diversión. Cuanta más edad tienes, esta sensación de intriga y nervios disminuye sin darnos cuenta, y la noche de reyes se convierte en lineal y casi obligatoria. Descubres que no era una noche mágica sin la participación, dedicación y empeño de tus familiares, que no todo es tan bonito y maravilloso, y de que si no hay dinero...los reyes ni asoman el hocico del camello. Sin embargo, aunque tú ya eres mayor, pero tienes la suerte de tener hijos, sobrinos, o niños pequeños en tu entorno, esa magia nunca se pierde del todo, con la diferencia de que esa misma ilusión que ha dominado tus impulsos durante tantos años, en lugar de vivirla en primera persona, comienzas a vivirla a través de los ojos y emociones de los más peques de la casa.
Afortunadamente he tenido el privilegio de vivir en una familia que ha sabido inculcar a la perfección una noche tan mágica y especial. Durante mi niñez no ha faltado ni una sola noche de reyes y me siento muy agradecida por ello. No obstante, cuando la vida te incorpora al estado de madurez, los años no perdonan y las circunstancias van cambiando debido a las obligaciones, esta maravillosa noche pasó casi a ser invisible en mi vida, voy a escribir casi por no poner imposible pero debido al trabajo, o al menos al que me dedicaba antes, me vi en la obligación de no poder disfrutar, durante 20 años, de ésa noche tal y como lo hacía cuando era pequeña, y por lo tanto, la ilusión fue disminuyendo hasta el punto de coger manía a dicho día simplemente por tener que trabajar y privarme de esos momentos especiales rodeada de las personas que más quiero.
¡Eh! ¡Pero la vida da muchas vueltas! Y el destino quiso brindarme la oportunidad de volver a revivir la Noche de Reyes como si volviese al pasado, no con la misma edad...eso ya hubiese sido la hostia jeje pero sí con mi familia de siempre +1. Y tengo que confesar que fue una de las mejores noches que he pasado en mi vida. 
Normalmente no me gusta compartir momentos tan íntimos con desconocidos, pero fue una noche tan bonita, repleta de tantos valores y emociones que hacía tanto que no recordaba, que la misma ilusión que recorrió mis venas esa noche la he querido compartir con vosotros. A pesar de los inconvenientes, mi familia siempre ha encontrado la manera de poder intercambiarnos los reyes, ya sea trasladándolo de día, cambiando el lugar, o lo que fuese necesario, pero los reyes los dábamos sí o sí, a nuestro modo y con nuestras reglas...jeje. De niña la casa de mis padres siempre fue el lugar elegido, pero con los años, las emancipaciones y demás, teníamos a los reyes magos mareados con las direcciones, viéndose obligados a utilizar, cada año con más precisión, el Google maps para encontrarnos...
En esta ocasión se nos presentó la oportunidad de volver a elegir como casa principal el domicilio de mis padres. ¿No os pasa que siempre que os encontráis perdidos o fuera de lugar la casa de vuestros padres os resulta el refugio más seguro? Nunca me había parado a pensar en ello detenidamente. 
A ver, tengo mi casa, mis costumbres y mi vida, como cualquier adulto, pero la casa de papá y mamá siempre esta ahí. El refugio perfecto. El espacio más seguro del planeta. Es como cuando jugabas al pilla pilla y te subías en un banco y gritabas ¡Casa! y ahí no podían atraparte por nada del mundo. Pues así lo imagino en mi cabecita cada vez que entro por la puerta de casa de mi madre ¡Casa! Ea … segura de todos los peligros que me acechan.
Total, día de reyes adjudicado en casa de los abuelos. Porque claro, al igual que yo cumplo años...mis padres también, y han subido de rango, ya no son papá y mamá, ahora son los abuelos.
Llegamos reventados de ver la cabalga, corre por aquí, ahora para la otra calle ¿Nos quedan bolsas? ¿Los vemos una vez más? ¿A qué hora se recogen? ¿Cenamos luego?... el peque de la casa frito, gestionando la energía para el día siguiente, deseoso de ver si su buen comportamiento ha servido para que los reyes le traigan los regalitos que tanto desea, ajeno a la realidad, al trabajo que los demás componentes de la familia nos queda por hacer. 
Sin hacer apenas ruido, vamos colocando los regalos, caramelos, golosinas, globos y toda la parafernalia tal y como mis padres nos han inculcado. Aquí comienza la nueva emoción que descubrí y he querido compartir con vosotros. El hecho, aunque sea simple, de estar colocando los regalos cuidadosamente, aguantando las carcajadas, visualizando que los colores de los paquetes estén bien repartidos, que llamen lo máximo posible la atención del protagonista, controlando el cansancio del día, deseando coger la cama de una vez, y todo lo que conlleva ese momento, me da por pensar en la cantidad de veces que mis padres han realizado esos mismos movimientos, la de veces que se habrán reído y disfrutado montando y desmontando, pendientes de que no despertásemos. La verdad que formamos un buen equipo, una para dirigir, la otra para organizar y colocar, y yo, nerviosa como si volviese a tener 4 años, mordiéndome las uñas sin parar y seleccionando cada regalo que me iban pidiendo. El peque hasta roncaba sin inmutarse de nada, y nosotras, las susodichas "Reyes Magos" con un único pensamiento: Crear felicidad.
Una vez que estaba to el tinglao montado, decidimos, al fin, irnos a descansar. ¡Ay que extraña me sentí! Cuando después de casi 23 años...volví a introducirme en mi camita, en mi habitación, con mi hermana en la cama de al lado y mis padres en la habitación contigua ¡El tiempo se había detenido! ¡Habíamos viajado al pasado! Una sensación tan chocante como placentera, tanto, que me cuesta un poco poder describir lo que sentí con palabras, que raro en mí... ¿Qué yo no pueda describir una emoción? ¡Eso como va a ser posible! Si las palabras son mi mejor aliado y describir emociones mi mayor virtud. Pues parece ser que en esta ocasión vais a tener que indagar un poquito más en la empatía para poder comprender lo que quiero compartir. 
Una vez metidita en la cama, de 90 por supuesto, imaginad a una tía de casi 40 tacos, acostumbrada a dormir en cama de matrimonio, rodeada de fotos y cositas pertenecientes a mi infancia, porque eso es otra, mis padres han intentado mantener nuestra habitación tal cual la dejamos, y aquello... revivir ese estado...¡De verdad que es inexplicable! 
Algunos pensaréis, ay chica, pues tampoco es para tanto, una noche en casa de los papás, pues como una visita cualquiera solo que pernoctando, que exagerada, o que dramática ¿No? Bueno...quizá para mí tenga una importancia que otras personas no pueden ver, o bien porque no tuvieron una infancia parecida a la mía, o bien porque no valoran los momentos con tanta intensidad, o simplemente porque la gente es así de gilipollas...y en lugar de empatizar para poder sentir esa felicidad que intento compartir con vosotros, se dedican a destruirlo todo. Bueno da igual, escribir lo voy a escribir igual jeje.
Me coloco bocarriba y dejo que mis ojos se habitúen a la oscuridad, y de repente, no tengo 40 años, ni mi hermana duerme con su hijo en la cama de al lado, si no que ambas volvemos a ser unas niñas ilusionadas por la noche de reyes. El hogar de toda la vida vuelve a estar al completo con todos sus miembros ¡Maravilloso! ¡Único! ¡Un momento inolvidable! 
Miro las cortinas ¡Cuántas veces no me habré quedado dormida mirándolas! ¡Cuántos recuerdos! Miro los muebles ¡Cuántas horas estudiando en ese escritorio! ¡Cuántas horas de juegos con mi hermana! Miro la puerta cerrada ¡Cuántas veces llamó mi madre para sacarnos del juego! ¡Cuántas veces entró sin llamar porque estábamos en su casa! jajajaja y los recuerdos se disparan, uno tras otro, y los nervios se acumulan en el estómago, y rememoras cada instante vivido en esa misma habitación, las peleas, las risas, los muñecos, las historias inventadas, los sueños por cumplir, los castigos, los secretos de dos niñas que aún no sabían lo que les depararía el futuro...un conjunto tan completo y extenso que acabó por quitarme el sueño.
Y la mente, que se ha venido arriba con tantos recuerdos, empieza a desarrollar una serie de pensamientos que se escapan de la razón, y empiezas a imaginar qué pasaría, si fuese posible, darte la vuelta en la cama y volver a verte con 4 años ¡Cuántas cosas no te dirías! ¡Cuántos abrazos no te darías! Y entonces, sin querer, comienzas a dar las gracias, por todas esas noches de reyes que tus padres hicieron que fueras feliz, por todos esos regalos que pedía sin valorar realmente el esfuerzo que hacían ellos para conseguirlos, por todo el cansancio que tuvieron que dejar de lado, por todo el trabajo que les proporcionó que a sus hijas no les faltase la ilusión...¡Gratitud inmensa! Gratitud y nostalgia, porque en el fondo sabes que hace mucho que dejaste de ser pequeña, que quizá esa noche, que estas viviendo, sin esperar, de forma tan intensa, no se vuelva a repetir, y sabes que, con más ahínco, debes valorarlo, apreciarlo, porque el tiempo sigue pasando, porque los momentos no vuelven, porque hoy estás aquí pero...¿Y mañana? Incertidumbre. Entonces agarro con más fuerza las mantas, hundo mi cara contra la almohada, inspiro ese aroma tan peculiar que todos tenemos en nuestras casas y que no somos capaces de diferenciarlo hasta que no nos emancipamos y cambiamos de olor, y al regresar es cuando reconoces ese olor, huele a casa de tus padres. Inspiro con todas mis ganas, para marcar el recuerdo, para grabarlo en lo más profundo de mi ser, para que quede tatuado en mi alma. Inspiro y cierro los ojos con fuerza, dando gracias continuamente y deseando que la vida me vuelva a regalar un momento como aquel. ¡Ojalá el tiempo se detenga! Pienso por último, sintiendo que el sueño se apodera de mi conciencia ¡Ojalá el instante se convierta en bucle! Como esas películas o series en los que los protagonistas no dejan de revivir el mismo día una y otra vez ¡No me importaría vivir en este maravilloso bucle de felicidad! 
El sueño y el cansancio...ganan la partida.
A la mañana siguiente, la personita más especial de mi vida, se pasa a mi cama y me despierta de la manera más dulce en la que se puede despertar una persona. Yo, que normalmente no tengo un buen despertar, olvido dónde estoy, pero al ver su carita de ilusión, de nervios, me enfrasco en su misma emoción, y con apenas dos horas de sueño en el cuerpo, me levanto como puedo y lo sigo hasta la sorpresa de que se ha portado genial y los Reyes Magos le han traído muchos regalos. 
Y otra vez el nudito en la garganta.
Los abuelos, a los que también ha despertado con esa dulzura que lo hace único y especial, sonríen a pesar del cansancio, y a todos se nos contagia su felicidad.
Tras admirar la cantidad de regalos y chucherías que le han traído los reyes ¡Comienza el zafarrancho! Se reparten los regalos, se abren con ilusión, reímos, nos miramos con ternura, yo sigo aguantando el nudito...no quiero que nadie lo note, no quiero que ninguno se de cuenta de lo verdaderamente importante que está siendo ese día para mí, pues muy a mi pesar, el tiempo de sentirnos especiales en ese día...ya pasó, ahora el protagonista es el peque, los reyes han venido en exclusiva para él, y en su preciosa carita inocente se aprecia en cada gesto la alegría que contiene en su interior.
Miro a cada miembro de la familia, todos los ojos van dirigidos al infante, y vuelvo a sentir gratitud infinita, vuelvo a sentir cada vello erizado por ese momento mágico, y en un pensamiento fugaz, imagino que en muchos años, será él quién lo viva, quizá, con sus hijos, y me aferro a que ese momento, el que estamos viviendo en ese preciso instante, perdure, perdure unas horas más ¡No me lo quites todavía tiempo! ¡Haz la vista gorda! ¡Sigue tu camino pero déjanos este momentito un poquito más! ¡Qué bien se esta en la felicidad!
Luego, una vez pasado los nervios y la locura de los regalos, desayunamos todos juntos ¡La de años que no desayunábamos en familia! Ese olor al café de mi madre, que no es que ella lo haga especial, pero...el olor a café en casa de mis padres huele diferente, igual que las tostadas. Esa luz entrando por la ventana, la tele de fondo, todos los papeles por el medio y mi madre sufriendo por recoger mientras mi hermana y yo le insistimos en que lo deje para más tarde. Las voces de los vecinos mientras también viven su día de reyes. ¡Qué ambiente más peculiar! ¡Qué sensación de placer! 
Para no salirnos de la tradición, a la hora del almuerzo ¡Pizza! Nada más y nada menos que en nuestra pizzería preferida ¡Sigue abierta después de tantos años! 
No hay nada mejor para reposar la comida que una buena película en familia ¡Hasta la película elegida fue única! Lástima que toda la familia sucumbió al cansancio y se quedaron dormidos, bueno, toda la familia no, el peque y yo (Que me convierto en una peque más si estoy con él) la vimos hasta el final jeje ¡Que maravilloso momento entre tía y sobrino! ¡Gratitud de nuevo! 
Después, para no molestar a los demás, nos fuimos a jugar a otra habitación, y las horas se convirtieron en segundos...cuando quisimos darnos cuenta habíamos llegado a la hora de cenar, tristemente llegaba el momento de separarnos cada uno a su hogar.
¿Qué me trajeron los reyes? Pues cositas que me encantaron, eso a nivel material, pero sabéis cuál fue mi mejor regalo...el mismo día de reyes.

23.11.25

Estrujemos al cerebro hasta hacerlo pensar



La memoria es un tema apasionante para entablar el principio de un debate o conversación, ya que aunque esté estudiada y tengamos algunos datos sobre ella, no dejan de ser datos generales, y no individuales, es decir, la memoria que cada uno posee en cuanto a prolongación, retenimiento o enfoque. Me gustaría hablar de la memoria en todas sus facetas, cuando nos referimos a los recuerdos, cuando debemos retener datos e información, la memoria a largo plazo, a corto plazo, la memoria en el subconsciente, la consciente, la memoria corporal... La memoria en sí me resulta tan fascinante que cualquiera de estos temas llaman mi atención, pero desgraciadamente, aquí, en este post, no voy a poder tocar todos y cada uno de ellos, porque conociéndome... y siendo consciente de que no puedo, ni me apetece, hablar de un tema escuetamente, ya sabéis que me enrollo más que una persiana, se alargaría demasiado, incluso, aunque resulte inverosímil, hasta para mí. Así que intentaré escoger los temas que más me interesen, y en todo caso, en otro post, abarcaré los restantes, si cabe lugar algún día...jeje.
Voy a comenzar por el que más llama mi atención, la memoria que guarda los recuerdos. 
Hay veces que recordamos situaciones que no deseamos, o por el contrario, momentos que no queremos olvidar, y es cierto que la mayoría de las veces no depende de lo que deseemos, la memoria actúa por cuenta propia, recordando lo que no queremos y olvidando lo que considerábamos importante. Que putada ¿No? A ver, si el cerebro está en nuestro cuerpo, pertenece a nosotros, que supuestamente controlamos, o pensamos que somos capaces de controlar ¿Por qué no podemos controlar también los recuerdos? Quizá se deba a la atención que pongamos justo cuando estamos viviendo ese momento que posteriormente se convertirá en recuerdo, pero siendo así ¿Por qué, en ocasiones, se quedan grabadas circunstancias desagradables que desearíamos olvidar con todas nuestras ganas? ¿Por qué cuando no queremos que se desvanezca el rostro de esa persona que ya no está en nuestras vidas, la imagen se distorsiona con el paso de los años hasta el punto de dudar sobre los rasgos que la caracterizaban, y que sin ayuda de una foto, somos incapaces de recordar? ¡Qué preguntitas más complicadas! ¡Y sin saber si existen respuestas coherentes! Me lo pregunto muy a menudo...
Por otro lado, cuando hemos tenido que retener información, ya sea por estudios, trabajo y demás, nos concentramos para que esos datos queden marcados durante una larga temporada, o por un momento, o quizá para toda la vida, en nuestra mente ¿Quién no recuerda alguna lección de pe a pa que tuvo que estudiar en el colegio? ¿O números de teléfono? ¿O, sin ir más lejos, claves y contraseñas? Ahí somos perfectamente conscientes de que estamos memorizando algo que no debemos olvidar, y de hecho, en la mayoría de los casos, jamás olvidamos. Sin embargo, en las vivencias que experimentamos en el día a día, no nos preocupamos de memorizar nada, simplemente las vivimos y ya, mientras que nuestro cerebro, de una forma inconsciente, recopila la información sin que nos demos cuenta, y a la hora de recordar, cuando pasan algunos años, o días o meses, aparecen ya como modo recuerdo sin hacer ningún esfuerzo, pero...quizá, esos recuerdos no sean tal y como sucedieron en realidad, ya que en el momento que se estaban efectuando, no estábamos prestando atención para retenerlos tal y como estaban sucediendo, como ya he dicho antes, hacemos cuando queremos memorizar un dato a consciencia. ¿Me explico?
Por ejemplo, los recuerdos de la niñez, pongamos a la edad de los 3 o 4 años, en los que todavía no somos conscientes de la vida en sí, aunque sepamos que estamos viviendo. Los recuerdos que se manifiestan con esa edad, la mayoría, suelen ser confusos y difuminados, o no, porque en mi caso, suelo recordar con mayor exactitud detalles y contextos de hace años...y no acordarme de lo que almorcé hoy...pero dejemos por el momento el tema de la memoria a largo y corto plazo.
Si por aquel entonces vivimos una experiencia con un abuelo, o alguien cercano a nosotros, que ya no está, al aparecer en modo recuerdo, podemos, sin querer, haber olvidado rasgos o detalles importantes que quizá hiciesen el recuerdo más real, tanto, hasta poder cerrar los ojos y volver al lugar, para volver a vivir esa experiencia a través de nuestra memoria ¿No os ha pasado? Y es entonces cuando dices "Es que puedo oler hasta su perfume" Es una regresión en toda regla, pero... ¿Real o irreal? El recuerdo está ahí, en nuestro cerebro, lo que no sabemos es si la misma mente lo ha conservado tal y como ocurrió, o le ha añadido esos detallitos mínimos para poder hacer que sean más reales. Entonces ¿Qué ocurrió realmente? ¿Hasta que punto el recuerdo es la escenificación de una vivencia del pasado? Porque cuando se dice que la memoria juega malas pasadas...se refiere a esto indudablemente ¿Y qué ocurre cuando dos personas comparten un mismo recuerdo? Si la otra persona aporta información que a ti te faltaba, es muy bueno, ya que puede ayudarte a recordar mejor, pero ¿Y si esa información está defectuosa porque la mente de esa persona trabaja de forma diferente a la tuya y te aporta detalles que no existieron? ¿Distorsionas tus recuerdos? ¿Eres consciente de ello? ¿Te paras a pensarlo o das por hecho que al recordarlo otra persona fue real? ¡Uff que lio!
Podemos decir que tanto la memoria como lo que abarca es algo puramente inestable, no puedes demostrar con exactitud lo que tú recuerdas asentando que fuese tal y como lo recuerdas, tampoco existen pruebas evidentes, solo lo que tu cerebro te proporciona, pero incluso tú, puedes equivocarte aunque lo veas claro en tu cabeza. Quizá estas eventualidades nos sucedan más a las personas de mi generación y anteriores, ya que hoy día con los móviles, las grabaciones y demás, recordar algo en grupo y certificar la verdad...no es tan complicado, ya que recurres a un video o similar, y sales de dudas sin problemas, sí ya...pensaréis algunos ¡Cómo si continuamente estuviésemos siendo grabados o grabemos nosotros mismos diariamente nuestras vidas! Bueno...no todo el mundo, por suerte, pero la mayoría...tienen sus vidas recopiladas en redes sociales...aceptémoslo, son otros tiempos.
¿Y qué ocurre cuando expresas un recuerdo con otra persona, y ésta, no lo recuerda? ¿No ocurrió entonces? ¿Se borra de la existencia? Pero...yo lo recuerdo, piensas ¿Cómo no puede acordarse fulanito? ¿Es que no fue igual de importante para menganito que para mí? ¿O es que yo le di una importancia inoportuna? ¡Esto si que es verdaderamente frustrante! Sobre todo si ese recuerdo lo guardas como algo importante, y al comunicarlo, descubres que solo fue importante para ti...ahí juegas diversos papeles. Por una parte, la incógnita de lo verdaderamente ocurrido, te planteas si la mayor parte del recuerdo es producto de tu imaginación y del trabajo que ha ido realizando tu memoria a lo largo del tiempo para darle forma; y por otra parte, intentas deducir hasta qué punto eres importante para esa persona y por qué no guarda el mismo recuerdo que tú ¡Vaya comedero de cabeza por algo que pertenece al pasado! ¿No? Bueno...pero es que el pasado, aunque haya pasado (guiño a la redundancia) forma parte y actúa en nuestro presente queramos o no, y si a la hora de compartir ese recuerdo con cierta persona, te das cuenta de que no le dio la misma valoración...¿Te planteas seguir viviendo experiencias con ese mismo individuo a sabiendas que en un futuro no lo recordará? o ¿Igualmente sigues viviendo experiencias comunes porque tú sí serás capaz de recordarlas y eso te satisface? Meditemos. ¿Tiene algún sentido? 
Personalmente...a mí...me suele dar pena...porque quizá esos recuerdos son mi esperanza de que cuando yo ya no esté, o la otra persona, de una forma o de otra, seguiré existiendo en su mente, o al contrario. Pero claro, es evidente que no puedes hacer nada, porque no puedes pretender controlar los recuerdos de otra persona, principalmente, porque no eres capaz ni de controlar los propios. Igualmente no puedes evitar hacerte la pregunta, y sin querer, entramos en un bucle extraño dónde no aparece respuesta por ningún lado, solo se crea una paranoia incontrolable que, a veces, hace que tu mente estalle de impotencia, sobre todo para las personas que les gusta mantenerlo todo atado y controlado, al menos en base a los recuerdos.
Salgamos de ese bucle...ya que hemos deducido que no nos llevará a ninguna parte...
Entonces...¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Qué sentido tiene la vida? Vivimos día a día experiencias, rutinas, momentos...que más adelante serán recuerdos, más o menos reales, que podremos compartir a sabiendas de que coincidan o no, pero...¿Con qué fin? Si estás disfrutando de un momento, por ejemplo un viaje, y lo vives en el momento lo más intensamente que puedes ¿Lo haces para poder recordarlo? ¿O lo vives y ya? Pero si lo vives y ya, y luego lo olvidas...¿No es como si no hubiese existido? ¿Entonces para que lo vives? Por ende...puedes imaginarlo directamente, total...luego lo expones como un recuerdo y listo, nadie podrá decirte si eso ocurrió o no. Ya...pero no es lo mismo ¿No? ¿No es lo mismo? Un poco sí ¿No? Si antes hemos dicho que vivimos una circunstancia y luego, con el paso del tiempo, unos la recuerdan pero otros no, ¿No es lo mismo inventarnos esa circunstancia y a la hora de recordar dejar que nuestra imaginación haga su magia? ¿Quién puede viajar al pasado de forma presencial y real para verificar tal recuerdo? Y sin embargo, en nuestra mente, el recuerdo está, si ya...pero en la mente de los otros no porque nunca pasó ¡Eh! Pero es que antes también hemos dicho que tú recordabas una vivencia y menganito no, y sin embargo, sí sabemos que ocurrió de verdad ¿Cuál es la verdad? ¿Qué mas da, entonces, si vivimos algo o no? Si siempre podemos recurrir a nuestra mente y dejar que sea ella subconscientemente la que nos implante los recuerdos. Supongo que habréis escuchado, en más de una ocasión, eso de "Existe mi verdad, tu verdad, y la verdad"  Pues eso...
Analizando... podríamos preguntarnos ahora ¿Vinimos a este mundo para vivir en sociedad? ¿O podríamos, perfectamente, vivir individualmente sin tener que depender de nadie más? Si quiero un recuerdo contigo, me lo invento, total...si lo vivimos no lo vas a recordar...¿No sería algo así? jejeje...Espero que no os estéis rayando
Sé que el tema llama a la confusión, y que es tan, tan, tan real, que puede llegar a resultar surrealista jejeje ¡Me encanta el juego de palabras! 
Planteemos otra coyuntura. Dos personas se acaban de conocer, pasan juntos unas horas, y al cabo de una temporada extensa, se vuelven a encontrar ¿Guardan el mismo recuerdo del primer encuentro? No creo... lo más probable es que uno guarde un recuerdo más profundo que el otro, o que quizá no se recuerden ninguno de los dos. Aquí ¿Podríamos decidir si conservar ese recuerdo? Sería lo suyo, ya que fue una situación esporádica, sin importancia, que a ninguno de los dos les incumbe en su vida diaria ¿Y por que no podemos hacerlo? ¿Por qué no podemos excluirlo? Total si no fue importante para nadie, ni aporta nada a nuestra vida rutinaria...¿No está ocupando un espacio importante ese recuerdo inútil que podría estar ocupando otro recuerdo de más envergadura? Quizá mi mente lo recuerda por alguna razón que por el momento desconozco, piensas, pero...¿Y si no? ¿Por qué nuestra mente lo mantiene en la memoria si no sirve para nada? Y tampoco puedes decir, pues lo borro y listo, bueno, lo puedes decir, pero no hacer, al menos yo no puedo jeje es más, si digo o me exijo que voy a olvidar algo...con más ímpetu se graba en mi cerebro...
¡Joder! Pues no entiendo nada. Mi cerebro me pertenece, esta dentro de mi cuerpo, puedo ordenar mis pensamientos, mantener a la mente de forma racional, pero...¿No puedo decidir qué guardar en mi memoria? ¡Que injusticia! ¿Injusticia? ¿Es esa la palabra adecuada para definir lo que estamos disolviendo? Quizá no...pero...no deja de ser una locura, ya el simple planteamiento se convierte en una locura, y si no, estamos en el borde de rozarla, pero...¿Dónde se define con exactitud y detenimiento que un pensamiento o duda se decante más por la cordura que la locura? Ya que lo que estamos tratando es algo real y aparentemente racional ¿Dónde deberíamos de poner límites? o...¿Debemos limitarnos?
Uy, uy...creo que me falta el canto de un duro para llegar al nivel de Rapel...(ese sí que puede hacernos enloquecer a todos...) 
Volvamos a los recuerdos...no parece buena idea rozar ni si quiera el misticismo...al menos, no hoy.

Cuando nacemos, nuestro cerebro no está formado del todo, está operativo, pero nada de lo que ocurra durante los primeros meses de vida lo recordarás. Esto, en parte, también funciona de esa manera para evitar traumas ¿Qué ser humano podría soportar el recuerdo de nacer? Si la misma madre, que esta dando a luz, recurre a químicos para eliminar el dolor del parto, imaginaos cómo se tiene que sentir un bebé que está pasando de vivir en un útero a vivir en el mundo real. Lo pienso y me entra un agobio. Ese momento exacto en que dejas de estar vinculado a los órganos de tu madre para que tus propios órganos, comiencen a trabajar por si solos mientras te decantas entre la vida y la muerte e intentas salir por un agujero estrecho y dificultoso, para poder coger tu primera bocanada de aire ¿Sería agradable recordar ese momento tal cual? Quizá ese sea el motivo de que nuestro cerebro aun no esté desarrollado, como método de protección para nuestro organismo. Aunque...molaría poder recordar los últimos meses en el útero de mamá.
La memoria, como he mencionado al principio del post, es una tema que abarca infinidad de conversaciones, y la mayoría serían a nivel hipotético, ya que es complicado hablar de un tema con exactitud cuando aun existen muchos factores sin resolver sobre el funcionamiento del cerebro, y los datos que se conocen, tampoco pueden ser comprendidos por todos.
A mi es que me resulta un tema muy apasionante que me genera millones de preguntas, la mayoría sin respuestas, lo sé, pero no me importa, aunque tengo que reconocer que sí me frustran jejeje pero bueno, puedo vivir con ello. 
¿Y tú? ¿Qué opinas sobre la memoria y los recuerdos?