Libertad de expresión

Datos personales

Mi foto
Todos los seres viven unos instantes de éxtasis que señalan el momento culminante de su vida, el instante supremo de la existencia; y el éxtasis brota en la plenitud de la existencia pero con completo olvido de la existencia misma. "LA LLAMADA DE LA SELVA" JACK LONDON

27.4.26

RELATO: "Valora Amiga"



Dos amigas de toda la vida han quedado después del trabajo en la misma plaza que las vio crecer. La misma plaza pero con otras cosas. Ya no tiene los bancos que tanto saltaban cuando jugaban al "Torito en alto" ni aquellas farolas con luces amarillas que las alumbraba hasta el camino de vuelta a casa. Tampoco está la misma fuente, aquella que nunca vieron encendida pero que siempre tenía agua estancada que servía para abastecer algún que otro pajarillo y a los indigentes que pasasen por allí. La misma plaza pero con otras formas, otros olores. La misma plaza que guardó sus secretos en la adolescencia, la única testigo de sus primeros besos de amor, y la que soportó durante horas los llantos, promesas y apoyos de una etapa completa hasta llegar a la madurez.
La misma plaza con otros colores, con otros ambientes.
Las palmeras, arbustos, flores y árboles que la adornan aseguran que siguen siendo ellos, que no se marcharon a ninguna parte, que han crecido y madurado, pero son los mismos. Igual que ellas, que siguen siendo ellas pero con otras formas, otros colores, otros pensamientos, con otra forma de vivir. 
La plaza las sigue acogiendo como el primer día, con su tranquilidad, su armonía, su tránsito modulado. Siempre les guarda el mismo lugar, aunque ya no conserve el mismo banco, ese de hierro que estaba frío como el hielo en invierno y les abrasaba el trasero en verano, el mismo que no avisaba de las cagarrutas de las palomas para que se mancharan la ropa, y el mismo que mantuvo, hasta que se lo llevaron, las iniciales de sus nombres grabados en cada extremo. Ese ya no es, ahora es otro, de madera, más bonito, más nuevo. Ellas no muestran el rechazo, lo aceptan, pero no es su banco. Aunque sí el mismo lugar en la misma plaza, y eso las calma, las incita a seguir yendo ¿Dónde si no? ¿Qué lugar las acogerá sin juzgarlas? Nuestra plaza, la llaman, porque es suya, dicen, y que nadie les diga lo contrario ¿Cuántos testigos no corroborarán que aquel lugar les pertenece tanto como ellas pertenecen al lugar?
La misma plaza de toda la vida, de la que nunca aprendieron el nombre, no les hizo falta, con decir "la plaza" bastaba. Pues allí habían acordado verse cuando terminasen el turno del bar, cada una en su propio trabajo. Una llegaba por la derecha, la otra por la izquierda, y el banco, el de madera, en el centro, esperando paciente, y la fuente nueva justo en frente, chorreando agua en su acabado de mármol que tanto les encantó desde el primer día que la vieron encendida y que jamás se volvió a apagar. Su plaza, su lugar preferido, su calma, su fuerte para salvarse del mundo.
Las dos amigas se conocieron allí cuando apenas tenían lucidez para hablar, se entendieron divinamente y desde entonces, como la plaza, fueron cambiando pero mantuvieron la amistad. Su único lugar de encuentro, compatible para ellas, incompatible para el resto. Se conocieron, estrecharon lazos, se hicieron inseparables, confidentes, hermanas. Hermanas de plaza. Allí rieron, lloraron, cantaron, bailaron y disfrutaron. Allí se hicieron mujeres o lo que sean ahora, porque a veces, cuando coinciden con el silencio de la plaza, vuelven a sentirse niñas. El lugar que guarda con cariño su pasado, las invita en el presente y propone expectativas para el futuro.
Sus vidas siempre han estado ligadas aunque de forma diferente. Una divorciada, la otra ni si quiera intentó enamorarse. Ambas de la misma edad. Una predispuesta y valiente, la otra introvertida y metódica. Sus vidas han dado giros de trescientos grados infinitas veces, pero siempre han encontrado hueco para seguir en contacto, para mantener la amistad. Se conocen bien, se admiran, se respetan, se quieren. Aprendieron a soportarse, a aceptarse, y enseñaron a la vida a no rendirse. 
Las dos amigas que apenas hablan con los demás pero que entre ellas no existen los secretos. Entre las dos se han hecho una, labrando con paciencia el hilo del tiempo, cosiendo con esmero el paso de los años y consintiendo con anhelo los cambios marcados.
Siempre llegan a la vez, puntuales como el reloj que se ve desde la esquina, ese que adorna el muro de la iglesia, el mismo que cuentan los abuelos que fue el primer reloj del pueblo, al que quitaron el sonido que marcaba cada hora porque perturbaba el sueño de los vecinos. 
Nada más verse de lejos ya se sonríen y automáticamente miran el banco por el rabillo del ojo. Hay cosas que no cambian, que no quieren cambiar, que no pueden.
Se sientan, cada una en su sitio, la tranquila en la izquierda, con la espalda apoyada y mirando a la fuente. La otra, la prepotente, de lado, con una pierna que sobresale del banco a cada lado, porque ella no necesita mirar la fuente, le basta con oírla.
Encienden un cigarrillo, una sigue fumando lo mismo que cuando empezó, la otra se pasó al tabaco de liar, que es más sano, dice, más natural. Se besan porque se han echado de menos, les encantaría volver a trabajar juntas, como aquel verano en el chiringuito, pero no han vuelto a coincidir, no ha habido manera, bueno, siempre les quedará la plaza, se dicen entre risitas mientras echan el humo del tabaco que acaba de invadir sus pulmones y ahora adornan las luces blancas que sustituyen a las amarillas de cuando eran pequeñas. El humo las envuelve en un silencio preparatorio antes de comenzar la conversación de cada noche, el despliegue de desahogos rutinario que las hace sentir fuertes para poder avanzar. Adoran ese momento, su momento. Nadie más podría apreciarlo como ellas. Nadie logra entenderlo como ellas. Por eso es su momento, su lugar, su plaza.
En el rostro se puede leer el cansancio del trabajo, de la vida, de los años. Una ya ha comenzado a mostrar las primeras arruguitas cerca de los ojos, la otra se mantiene como si se hubiese inyectado Botox pero es su pelo quien la delata ofreciendo capitas blancas perceptibles a primera vista. 
La indiscreta es siempre la que rompe el silencio, a veces cuenta alegrías, otras necesita soltar los males, pero siempre comienza ella, siempre menos hoy, que anda más taciturna de la cuenta y se niega a pronunciar palabra. Su amiga intercambia miradas con la fuente, quiere hablar, pero no está acostumbrada a empezar y se reserva durante unos minutos. Se dejan mecer por el sonido del agua que brota de la fuente de manera dulce y apaciguada. Las distrae el paso de los viandantes que ignoran su presencia. Se acaba el cigarrillo. Una, la que no tiene arrugas, saca de la mochila dos refrescos, antes, habían sido cervezas, ya no. No desde que la sincera tuvo problemas con el alcohol. Les basta con el refresco, mejor que el agua, ríen mientras brindan. El sonido al abrir las latas se fusiona con el agua de la fuente. Beben sorbitos pequeños como para prolongar el silencio sin palabras. 
La que en unos años tendrá el pelo blanco, observando que su amiga no comenzará el diálogo, decide soltar lo que está pensando, y es entonces cuando la plaza se relaja, las acoge y las escucha, manteniendo a raya el reloj que las observa en la lejanía y que no interrumpirá con su campanadas.

- ¿Y a ti qué te pasa hoy que no hablas?
- Pues eso, que no tengo ganas
- ¿Quieres que nos vayamos a casa?
- No, estamos bien aquí
- ¿Entonces?
- Entonces qué
- ¿No hablarás?
- De momento no. Habla tú, que sí que parece que tienes ganas
- No creas...ha sido un día duro, estoy cansada. Tampoco tengo mucho que contarte... lo de siempre...
- Pues eso
- No te creo ¿Me lo vas a contar?
- ¿Qué quieres que te cuente? Igual que tú, estoy cansada, lo mismo de siempre
- Lo mismo de siempre no ¿Qué te pasa? ¡Venga, suéltalo de una vez!
- No pasa nada, lo mismo de siempre...
- ¡Que te gusta que te rueguen! Sabes que acabaré sonsacándotelo...
- Es una tontería, seguro que mañana se me pasa
- ¿Y vas a esperar hasta mañana teniéndome aquí? ¡Habla ya pesada!
- ¿Pesada yo? ¿Seguro?
- Sí. Pesada porque nunca vas a dejar de ser tan taciturna como cuando nos conocimos, y eso que solo tenías cinco años
- Mira quién fue a hablar... la que se ponía roja cada vez que le sonreía
- Ya te he dicho muchas veces que me impresionabas, eras tan directa... 
- Lo sigo siendo
- Bueno... no tanto por suerte jeje
- Será...
- ¡Venga ya mujer! ¡Qué te pasa! 
- ¿De verdad lo quieres saber? 
- ¡Claro! ¿Qué te hace pensar lo contrario? ¿A estas alturas vas a intentar hacerte la interesante conmigo?
- No me hago la interesante. Soy interesante jeje...
- Al menos he conseguido que sonrías
- Siempre lo consigues, ya lo sabes
- Venga vale, pues empieza a soltar, mi paciencia se extrapola
- Tú te extrapolas muy rápido últimamente
- No tanto como dices, exageras...
-Si ya... exagero claro. Que ligero ve ella mis defectos y cuanto tarda con los suyos
- No vas a conseguir persuadirme cambiando de tema, lo sabes, hasta que no me cuentes que te ocurre no voy a parar, así que tú sabrás el tiempo que puedes aguantarme
- Poco, hoy poco, no te quejes si me levanto y te dejo aquí sola
- No sería la primera vez amiga...
- Cierto jajaja
- ¡Y van dos veces que la hago sonreír señores! 
- ¡Bien! Toma tu pin, gracias por tu colaboración
- Que gilipollas eres a veces, y más cuando estás en el máximo nivel de tu estupidez
- Lo sé... ¿No me conoces ya? Pues para qué insistes...
- Sigo esperando

Y la de las contestaciones impertinentes saca la pierna que sobresale por el otro lado del banco para incorporarse y ponerse también frente a la fuente. Apoya los codos en las rodillas y envuelve su cabeza con las manos mientras lanza un suspiro indescifrable. Mira el gorgoteo del agua al caer, siente como la humedad de la noche se posa en su pelo y se estremece mientras piensa en la estufa de su cuarto. La otra, la que no tiene arruguitas, la observa con ojos inquisidores, sabe que no tardará en soltar prenda, la tiene a puntito de caramelo. El reloj, sin sonido, marca el paso de una hora.

- No sé amiga... no sé qué estoy haciendo con mi vida
- ¿A qué te refieres?
- No sé si quiero seguir adelante
- ¿Cómo quieres que entienda eso amiga?
- Puedes entenderlo como quieras, te digo lo que hay ¿No es eso lo que querías?
- Sí. Pero no vendría mal por tu parte un poco de ayuda para comprender a qué te refieres

Deja de acariciarse la cabeza y baja las manos hasta colocarlas en sus rodillas. Un nuevo suspiro acompaña el movimiento. La otra, la introvertida, ha cambiado el semblante, ya no se lo toma a broma, entiende que su amiga no está pasando por un buen momento y quiere ayudarla, pero también sabe que no puede insistir demasiado porque entonces se agobiará y se marchará, dejando esa conversación vacía e inacabada para siempre. Debe guardar silencio y permanecer a la espera. Acabará hablando.
La que suspira, mantiene una guerra de miradas con la fuente, porque no quiere que sus lágrimas broten como emana el agua. Suspira de nuevo, más profundamente, tan de dentro le sale el suspiro que le duele el alma. Se enciende otro cigarrillo y tras la primera calada, vuelve a dirigir la conversación.

- Hoy se ha vuelto a poner en contacto conmigo el imbécil
- Vaya... te dije que lo bloquearas
- Lo hice, pero siempre busca lo medios
- ¿Eso es lo que te pasa? ¿El imbécil? Pasa amiga... ya lo tenemos superado ¿No?
- Sí. Más que superado
- ¿Entonces?
- No sé...
- Sí sabes ¿Qué es lo que te preocupa? Porque no creo que el imbécil logre perturbarte hasta el punto de como te veo ahora, ya no por lo menos...
- No, no. Ya no. Pero sí me toca los ovarios y hoy ha sido la guindita del pastel
- ¿Volvió a amenazarte?
- No, no. No creo que se atreva. Han sido un cúmulo de cosas y el imbécil lo ha coronado
- Sí bueno... ya sabemos que siempre tuvo el don de lo oportuno, aparece en los momentos menos oportunos y siempre destacando, pero amiga, no es nuevo, ya sabemos cómo hacer para que no nos afecte
- Sí. Pero hoy...
- ¿Hay algo que te dijo que no puedes contar? 
- No, no. Tranquila. Nada que ver con lo que pasó. Eso ya... superado y enterrado
- Superado, enterrado y pisoteado
- Jajaja y escupido
- ¡Y escupido! jajaja
- No es eso, tranquila. Nunca más ¿Te acuerdas?
- Sí. Nunca más.

Se miran a la vez y con una mueca parecida a una sonrisa se cogen de la mano, se aprietan, se entienden, están conectadas. 
La taciturna vuelve a dirigir la mirada a la fuente, ahora desea que las lágrimas broten de ella como el agua, pero se contiene. Sigue hablando parsimoniosamente.

- No puedo evitar estar triste. Quizá sea el cansancio...
- No creo. El cansancio siempre fue tu fuerte. Si no estás cansada es porque no has hecho tu trabajo como deberías ¿Recuerdas? ¡Anda que no lo has mencionado veces!
- Es verdad. Entonces es que simplemente estoy triste
- Algún motivo habrá
- Lo habrá...
- Soy toda oídos...
-No siento que esté haciendo bien las cosas. Creo que no estoy contenta conmigo
- Bueno amiga, eso nos pasa a todos. No siempre puedes estar en la cima de la montaña, a veces también es bueno mantenernos dentro, en su cueva
- Ya. Esa frase es mía...
- Nuestra...
- Vale, nuestra. Estoy triste, decepcionada. No era así como imaginaba mi vida con esta edad
- ¿Y quién no lo piensa? ¿O acaso crees que todas las personas logran los objetivos que se marcan? No siempre salen las cosas como deseas, lo importante es no rendirte y seguir luchando para conseguirlos, aunque perdure el tiempo en lograrlo
- Lo sé. 
- Pues entonces también sabes que tiene remedio, solo necesitas un poquito de paciencia y no perder el rumbo
- He vuelto a pensar que una cerveza me sentaría bien...
- No. Eso no amiga. Ya sabemos que no. Es la tristeza quien te incita, lo sabes ¿No?
- Sí. Tranquila. Solo es un pensamiento. Me han ingresado la nómina
- ¡Qué bien! ¿Y que tal tu primer sueldo después de meses? 
- Mal.
- ¿Te han pagado menos de lo que te ofrecieron? 
- No, para nada. Todo esta en orden. Ese es el problema
- ¿El orden?
- No gilipollas
- ¿Entonces?
- Un mes entero trabajando sin parar, y no me confundas, estoy contenta con el curro, los compañeros son estupendos y el trabajo no es tan basto como en el anterior bar. Estoy contenta en ese aspecto. Pero...
- ¿Pero qué?
- Eso. Un mes trabajando hasta el límite del agotamiento, no mal interpretes mis palabras, no me quejo de estar trabajando, ni de las condiciones. Pero... estoy tan cansada...
- Ya... te entiendo. No tenemos los 20 años de antes, el cansancio se acelera más en estos cuerpos cuarentones, pero amiga, no nos queda otra, las facturas no se pagan solas, ya lo sabes
- Me he puesto muy contenta cuando me han ingresado la nómina, pero luego, cuando me he puesto a calcular y repartir todo lo que tengo que pagar... y el dinero para devolver que me prestaron... ¿Sabes cuanto me queda para mí? Bueno... para mí...más bien para comer, que es lo básico
- ¿Cuánto?
- Cien euros. De toda la nómina solo me quedan cien euros para pasar el mes. Y claro... me ha entrado agobio ¿Cómo lo voy a hacer? Y de ese pensamiento he pasado al otro ¿Merece la pena el esfuerzo? Comenzando los cuarenta y no tengo dónde caerme muerta... que triste amiga. Me frustra. No es justo. Sabes que trabajo más que nadie, que me esfuerzo, que no me quejo, y aunque la vida me lo haya puesto difícil, siempre sigo. Pero joder... no sé cuánto tiempo más podré seguir en las mismas condiciones. Me agobio al pensar en mis planes cuando era niña ¿Te acuerdas? ¿Cuándo nos sentábamos aquí, todavía estaba el banco de hierro, y sentenciábamos nuestro futuro?
- ¡Cómo olvidarlo!
- Decidimos que llegados los cuarenta estaríamos casadas, trabajando yo de locutora de radio y tú con tu propia oficina de asistencia social. Y míranos. Ni una cosa ni otra. Seguimos en un puto bar soportando lo insoportable, y todo ¿Para qué? Para cien euros...Me he equivocado tantas veces amiga... ¿Quién no me dice que también me estoy equivocando ahora? No sé... todo es una mierda
- Te entiendo. Pero no pienso como tú
- Claro, tú no debes dinero y la nómina te llega
- No me refiero a eso... también pienso lo mismo a veces, pero lo enfoco de otro modo
- Enfocar no hará que tenga más dinero
- Cierto, pero sí hará que te sientas mejor. El dinero no lo es todo. El dinero viene y va. Los mejores momentos de nuestras vidas los hemos disfrutado sin dinero
- Sí, cuando éramos unas pipiolas... ahora, nos guste o no, el dinero es necesario. Si no tienes dinero, no eres nadie
- ¿No eres nadie? ¿Para quién? Para los que anteponen el dinero a cualquier cosa. Para los que valoran el dinero por encima de todo. Para mí si eres alguien, para mí lo eres todo amiga
- ¡Qué tonta! ¡Me vas a hacer llorar!
- ¡Pues llora! Al menos es gratis jajaja
- Jajaja muy graciosa. Sin dinero no se llega a ningún lado, y así me siento, un despojo que solo sirve para trabajar y privada de la vida, del disfrute
- ¿De verdad ves así las cosas?
- Sí
- Pues estás muy equivocada amiga. El dinero no es más que un mecanismo de control que nos impone el sistema para mantenernos en conflicto los unos con los otros, para sofocar las envidias, los estatus y señalar con el dedo, sin que nos tiemble el pulso, la diferencia de clases ¡Cómo si el dinero marcase nuestra personalidad! ¡Y para nada! Sí es cierto que es imprescindible para seguir viviendo en la sociedad, es necesario y útil para abastecernos de lo fundamental, pero amiga, no nos define, y tampoco puede controlar nuestra felicidad
- Verdad, pero... hace la vida más fácil
- ¡Y desde cuándo nos gusta lo fácil! ¡Desde cuándo lo hemos tenido fácil nosotras! Sigo diciendo que estás equivocada
- Tú puedes decir lo que quieras, pero la realidad es lo que hay. Sigo teniendo cien euros para pasar el mes y mi cuerpo está tan cansado y cascado que ni si quiera sé si podré llegar al siguiente mes
- ¡Y tanto que llegarás! Y al otro, y al otro, y al otro... hasta que concluyas esta etapa. Porque solo es eso amiga, una etapa ¿O acaso no hemos tenido momentos en los que nos sobraba el dinero?
- Sí, hace tanto de eso...
- ¿Y éramos felices?
- Pues ahora que lo dices... no. En aquella época estaba el imbécil
- ¡Exacto! Estaba el imbécil y teníamos dinero, pero aun así, no éramos felices porque sufrías malos tratos y para colmo tu alcoholismo...
- Sí, no me faltaba nada...
- Al contrario amiga, te sobraba todo ¿Y ahora?
- Ahora peor
- ¿Peor? ¿Segura? No lo creo amiga. Parece que has olvidado los moratones en tu cuerpo, y las lágrimas desesperadas que derramábamos en esta plaza. Parece que has olvidado las llamadas a las tres de la madrugada para que fuera a salvarte de ese imbécil, y las otras llamadas a la policía cuando ni juntas podíamos con él. Parece que has olvidado las veces que me pedías dormir en mi casa porque el imbécil te echaba en plena noche... ¿Sigo?
- No... ya sé por dónde vas
- No. Creo que no lo sabes. ¿Te quejas porque ahora trabajas y solo te quedan cien euros? Sigues viva, y eso amiga no hay dinero que lo iguale.
- Ya...
- El problema es que tienes que enfocarlo desde otra perspectiva. No pienses en lo que te falta, piensa en lo que tienes
- No tengo nada...
- ¡Tienes mucho!
- ¿Sí? A ver... ¡Sorpréndeme!
- Para empezar sigues viva, que no es poco. Tienes un techo, un plato de comida todos los días, una ducha que puedes regular con agua fría o caliente, tienes una cama dónde descansar, tienes libertad para entrar y salir, para hacer y deshacer. Vives en una ciudad costera donde puedes visitar la playa cada vez que te plazca, a cualquier hora, cualquier día. Tienes ropa con la que vestirte y abrigarte. Tienes...
- Eso no me ayuda... tengo lo que tienen todos ¿Y qué?
- ¿Lo que tienen todos? ¡Qué equivocada estás! Para nada amiga, no todo el mundo vive en un país en paz, ni pueden salir a la calle sin miedo a que les caiga una bomba. Algunas personas han perdido por lo que han luchado toda su vida, porque el mal tiempo decidió arrebatarles las casas, sus pertenencias, y se ven con una mano delante y otra detrás...ellos sí que no tienen nada.
- Ya... pero si nos ponemos así... ¿Voy a tener que sentirme culpable de las desgracias del mundo?
- No. No te estoy diciendo eso. Te estoy diciendo que valores amiga, que valores lo que tienes, aunque sientas o pienses que es poco. Valora lo que tienes, porque si te pones a pensar, hace unos meses no tenías nada de esto, ni si quiera cien euros para pasar el mes...y sin embargo ahora sí ¿Quién sabe si dentro de otros meses tendrás más? ¿Entiendes lo que quiero decirte?
- Creo que sí
- En lugar de quejarte, lamentarte o sentirte triste porque las cosas no están saliendo como deseabas, enfócalo desde otro punto, y valora. Valora no solo lo que posees, si no también lo que has logrado, las batallas que has ganado, el crecimiento personal que has conseguido, la seguridad y la fuerza que te has agenciado. Valora amiga. Valora todo cuanto te rodea y déjate llevar por una nueva felicidad, no la que te imponen o te engañan para que pienses que es la felicidad que te corresponde, si no mas bien, la felicidad que necesitas, la que realmente te buscas tú. La felicidad adecuada a tu personalidad, la que te define porque tú quieras definirte así. Tienes mucho amiga, tienes más de lo que crees, solo tienes que aprender a valorar.

La taciturna, con los ojos humedecidos, mira a su amiga, se abrazan, y sin pronunciar ninguna palabra más, apaga el cigarrillo con el pie, ambas miran el reloj silencioso de la iglesia, se entienden con una última mirada, vuelven a abrazarse y besarse en la mejilla. No es necesario seguir allí, es tarde, mañana será otro día. Se despiden en silencio pero con una sonrisa dibujada en el rostro. Una tira para la derecha, la otra a la izquierda, y cuando ambas lleguen a sus casas, mandaran el mensaje de estar a salvo. La plaza seguirá esperando hasta el siguiente día.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario