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Todos los seres viven unos instantes de éxtasis que señalan el momento culminante de su vida, el instante supremo de la existencia; y el éxtasis brota en la plenitud de la existencia pero con completo olvido de la existencia misma. "LA LLAMADA DE LA SELVA" JACK LONDON

10.1.26

Noche de Reyes


Pertenezco a una generación en la que "Papa Noel" se mantenía en un segundo plano. Conocíamos de su existencia e incluso nos parecía divertido, pero nosotros, a quienes realmente escribíamos la carta con nuestros deseos más preciados era a "Los Reyes Magos". Cuando eres niño la navidad es la fiesta que más te gusta, te reúnes con toda la familia, dulces y golosinas a tutiplén, cabalgatas, música constante, felicidad, alegría y...regalos. Regalos por todas partes. Paquetitos de colores vistosos y llamativos colocados bajo un árbol o portal de belén esperando a ser desbaratados y descubiertos para provocar expectación, emoción y diversión. Cuanta más edad tienes, esta sensación de intriga y nervios disminuye sin darnos cuenta, y la noche de reyes se convierte en lineal y casi obligatoria. Descubres que no era una noche mágica sin la participación, dedicación y empeño de tus familiares, que no todo es tan bonito y maravilloso, y de que si no hay dinero...los reyes ni asoman el hocico del camello. Sin embargo, aunque tú ya eres mayor, pero tienes la suerte de tener hijos, sobrinos, o niños pequeños en tu entorno, esa magia nunca se pierde del todo, con la diferencia de que esa misma ilusión que ha dominado tus impulsos durante tantos años, en lugar de vivirla en primera persona, comienzas a vivirla a través de los ojos y emociones de los más peques de la casa.
Afortunadamente he tenido el privilegio de vivir en una familia que ha sabido inculcar a la perfección una noche tan mágica y especial. Durante mi niñez no ha faltado ni una sola noche de reyes y me siento muy agradecida por ello. No obstante, cuando la vida te incorpora al estado de madurez, los años no perdonan y las circunstancias van cambiando debido a las obligaciones, esta maravillosa noche pasó casi a ser invisible en mi vida, voy a escribir casi por no poner imposible pero debido al trabajo, o al menos al que me dedicaba antes, me vi en la obligación de no poder disfrutar, durante 20 años, de ésa noche tal y como lo hacía cuando era pequeña, y por lo tanto, la ilusión fue disminuyendo hasta el punto de coger manía a dicho día simplemente por tener que trabajar y privarme de esos momentos especiales rodeada de las personas que más quiero.
¡Eh! ¡Pero la vida da muchas vueltas! Y el destino quiso brindarme la oportunidad de volver a revivir la Noche de Reyes como si volviese al pasado, no con la misma edad...eso ya hubiese sido la hostia jeje pero sí con mi familia de siempre +1. Y tengo que confesar que fue una de las mejores noches que he pasado en mi vida. 
Normalmente no me gusta compartir momentos tan íntimos con desconocidos, pero fue una noche tan bonita, repleta de tantos valores y emociones que hacía tanto que no recordaba, que la misma ilusión que recorrió mis venas esa noche la he querido compartir con vosotros. A pesar de los inconvenientes, mi familia siempre ha encontrado la manera de poder intercambiarnos los reyes, ya sea trasladándolo de día, cambiando el lugar, o lo que fuese necesario, pero los reyes los dábamos sí o sí, a nuestro modo y con nuestras reglas...jeje. De niña la casa de mis padres siempre fue el lugar elegido, pero con los años, las emancipaciones y demás, teníamos a los reyes magos mareados con las direcciones, viéndose obligados a utilizar, cada año con más precisión, el Google maps para encontrarnos...
En esta ocasión se nos presentó la oportunidad de volver a elegir como casa principal el domicilio de mis padres. ¿No os pasa que siempre que os encontráis perdidos o fuera de lugar la casa de vuestros padres os resulta el refugio más seguro? Nunca me había parado a pensar en ello detenidamente. 
A ver, tengo mi casa, mis costumbres y mi vida, como cualquier adulto, pero la casa de papá y mamá siempre esta ahí. El refugio perfecto. El espacio más seguro del planeta. Es como cuando jugabas al pilla pilla y te subías en un banco y gritabas ¡Casa! y ahí no podían atraparte por nada del mundo. Pues así lo imagino en mi cabecita cada vez que entro por la puerta de casa de mi madre ¡Casa! Ea … segura de todos los peligros que me acechan.
Total, día de reyes adjudicado en casa de los abuelos. Porque claro, al igual que yo cumplo años...mis padres también, y han subido de rango, ya no son papá y mamá, ahora son los abuelos.
Llegamos reventados de ver la cabalga, corre por aquí, ahora para la otra calle ¿Nos quedan bolsas? ¿Los vemos una vez más? ¿A qué hora se recogen? ¿Cenamos luego?... el peque de la casa frito, gestionando la energía para el día siguiente, deseoso de ver si su buen comportamiento ha servido para que los reyes le traigan los regalitos que tanto desea, ajeno a la realidad, al trabajo que los demás componentes de la familia nos queda por hacer. 
Sin hacer apenas ruido, vamos colocando los regalos, caramelos, golosinas, globos y toda la parafernalia tal y como mis padres nos han inculcado. Aquí comienza la nueva emoción que descubrí y he querido compartir con vosotros. El hecho, aunque sea simple, de estar colocando los regalos cuidadosamente, aguantando las carcajadas, visualizando que los colores de los paquetes estén bien repartidos, que llamen lo máximo posible la atención del protagonista, controlando el cansancio del día, deseando coger la cama de una vez, y todo lo que conlleva ese momento, me da por pensar en la cantidad de veces que mis padres han realizado esos mismos movimientos, la de veces que se habrán reído y disfrutado montando y desmontando, pendientes de que no despertásemos. La verdad que formamos un buen equipo, una para dirigir, la otra para organizar y colocar, y yo, nerviosa como si volviese a tener 4 años, mordiéndome las uñas sin parar y seleccionando cada regalo que me iban pidiendo. El peque hasta roncaba sin inmutarse de nada, y nosotras, las susodichas "Reyes Magos" con un único pensamiento: Crear felicidad.
Una vez que estaba to el tinglao montado, decidimos, al fin, irnos a descansar. ¡Ay que extraña me sentí! Cuando después de casi 23 años...volví a introducirme en mi camita, en mi habitación, con mi hermana en la cama de al lado y mis padres en la habitación contigua ¡El tiempo se había detenido! ¡Habíamos viajado al pasado! Una sensación tan chocante como placentera, tanto, que me cuesta un poco poder describir lo que sentí con palabras, que raro en mí... ¿Qué yo no pueda describir una emoción? ¡Eso como va a ser posible! Si las palabras son mi mejor aliado y describir emociones mi mayor virtud. Pues parece ser que en esta ocasión vais a tener que indagar un poquito más en la empatía para poder comprender lo que quiero compartir. 
Una vez metidita en la cama, de 90 por supuesto, imaginad a una tía de casi 40 tacos, acostumbrada a dormir en cama de matrimonio, rodeada de fotos y cositas pertenecientes a mi infancia, porque eso es otra, mis padres han intentado mantener nuestra habitación tal cual la dejamos, y aquello... revivir ese estado...¡De verdad que es inexplicable! 
Algunos pensaréis, ay chica, pues tampoco es para tanto, una noche en casa de los papás, pues como una visita cualquiera solo que pernoctando, que exagerada, o que dramática ¿No? Bueno...quizá para mí tenga una importancia que otras personas no pueden ver, o bien porque no tuvieron una infancia parecida a la mía, o bien porque no valoran los momentos con tanta intensidad, o simplemente porque la gente es así de gilipollas...y en lugar de empatizar para poder sentir esa felicidad que intento compartir con vosotros, se dedican a destruirlo todo. Bueno da igual, escribir lo voy a escribir igual jeje.
Me coloco bocarriba y dejo que mis ojos se habitúen a la oscuridad, y de repente, no tengo 40 años, ni mi hermana duerme con su hijo en la cama de al lado, si no que ambas volvemos a ser unas niñas ilusionadas por la noche de reyes. El hogar de toda la vida vuelve a estar al completo con todos sus miembros ¡Maravilloso! ¡Único! ¡Un momento inolvidable! 
Miro las cortinas ¡Cuántas veces no me habré quedado dormida mirándolas! ¡Cuántos recuerdos! Miro los muebles ¡Cuántas horas estudiando en ese escritorio! ¡Cuántas horas de juegos con mi hermana! Miro la puerta cerrada ¡Cuántas veces llamó mi madre para sacarnos del juego! ¡Cuántas veces entró sin llamar porque estábamos en su casa! jajajaja y los recuerdos se disparan, uno tras otro, y los nervios se acumulan en el estómago, y rememoras cada instante vivido en esa misma habitación, las peleas, las risas, los muñecos, las historias inventadas, los sueños por cumplir, los castigos, los secretos de dos niñas que aún no sabían lo que les depararía el futuro...un conjunto tan completo y extenso que acabó por quitarme el sueño.
Y la mente, que se ha venido arriba con tantos recuerdos, empieza a desarrollar una serie de pensamientos que se escapan de la razón, y empiezas a imaginar qué pasaría, si fuese posible, darte la vuelta en la cama y volver a verte con 4 años ¡Cuántas cosas no te dirías! ¡Cuántos abrazos no te darías! Y entonces, sin querer, comienzas a dar las gracias, por todas esas noches de reyes que tus padres hicieron que fueras feliz, por todos esos regalos que pedía sin valorar realmente el esfuerzo que hacían ellos para conseguirlos, por todo el cansancio que tuvieron que dejar de lado, por todo el trabajo que les proporcionó que a sus hijas no les faltase la ilusión...¡Gratitud inmensa! Gratitud y nostalgia, porque en el fondo sabes que hace mucho que dejaste de ser pequeña, que quizá esa noche, que estas viviendo, sin esperar, de forma tan intensa, no se vuelva a repetir, y sabes que, con más ahínco, debes valorarlo, apreciarlo, porque el tiempo sigue pasando, porque los momentos no vuelven, porque hoy estás aquí pero...¿Y mañana? Incertidumbre. Entonces agarro con más fuerza las mantas, hundo mi cara contra la almohada, inspiro ese aroma tan peculiar que todos tenemos en nuestras casas y que no somos capaces de diferenciarlo hasta que no nos emancipamos y cambiamos de olor, y al regresar es cuando reconoces ese olor, huele a casa de tus padres. Inspiro con todas mis ganas, para marcar el recuerdo, para grabarlo en lo más profundo de mi ser, para que quede tatuado en mi alma. Inspiro y cierro los ojos con fuerza, dando gracias continuamente y deseando que la vida me vuelva a regalar un momento como aquel. ¡Ojalá el tiempo se detenga! Pienso por último, sintiendo que el sueño se apodera de mi conciencia ¡Ojalá el instante se convierta en bucle! Como esas películas o series en los que los protagonistas no dejan de revivir el mismo día una y otra vez ¡No me importaría vivir en este maravilloso bucle de felicidad! 
El sueño y el cansancio...ganan la partida.
A la mañana siguiente, la personita más especial de mi vida, se pasa a mi cama y me despierta de la manera más dulce en la que se puede despertar una persona. Yo, que normalmente no tengo un buen despertar, olvido dónde estoy, pero al ver su carita de ilusión, de nervios, me enfrasco en su misma emoción, y con apenas dos horas de sueño en el cuerpo, me levanto como puedo y lo sigo hasta la sorpresa de que se ha portado genial y los Reyes Magos le han traído muchos regalos. 
Y otra vez el nudito en la garganta.
Los abuelos, a los que también ha despertado con esa dulzura que lo hace único y especial, sonríen a pesar del cansancio, y a todos se nos contagia su felicidad.
Tras admirar la cantidad de regalos y chucherías que le han traído los reyes ¡Comienza el zafarrancho! Se reparten los regalos, se abren con ilusión, reímos, nos miramos con ternura, yo sigo aguantando el nudito...no quiero que nadie lo note, no quiero que ninguno se de cuenta de lo verdaderamente importante que está siendo ese día para mí, pues muy a mi pesar, el tiempo de sentirnos especiales en ese día...ya pasó, ahora el protagonista es el peque, los reyes han venido en exclusiva para él, y en su preciosa carita inocente se aprecia en cada gesto la alegría que contiene en su interior.
Miro a cada miembro de la familia, todos los ojos van dirigidos al infante, y vuelvo a sentir gratitud infinita, vuelvo a sentir cada vello erizado por ese momento mágico, y en un pensamiento fugaz, imagino que en muchos años, será él quién lo viva, quizá, con sus hijos, y me aferro a que ese momento, el que estamos viviendo en ese preciso instante, perdure, perdure unas horas más ¡No me lo quites todavía tiempo! ¡Haz la vista gorda! ¡Sigue tu camino pero déjanos este momentito un poquito más! ¡Qué bien se esta en la felicidad!
Luego, una vez pasado los nervios y la locura de los regalos, desayunamos todos juntos ¡La de años que no desayunábamos en familia! Ese olor al café de mi madre, que no es que ella lo haga especial, pero...el olor a café en casa de mis padres huele diferente, igual que las tostadas. Esa luz entrando por la ventana, la tele de fondo, todos los papeles por el medio y mi madre sufriendo por recoger mientras mi hermana y yo le insistimos en que lo deje para más tarde. Las voces de los vecinos mientras también viven su día de reyes. ¡Qué ambiente más peculiar! ¡Qué sensación de placer! 
Para no salirnos de la tradición, a la hora del almuerzo ¡Pizza! Nada más y nada menos que en nuestra pizzería preferida ¡Sigue abierta después de tantos años! 
No hay nada mejor para reposar la comida que una buena película en familia ¡Hasta la película elegida fue única! Lástima que toda la familia sucumbió al cansancio y se quedaron dormidos, bueno, toda la familia no, el peque y yo (Que me convierto en una peque más si estoy con él) la vimos hasta el final jeje ¡Que maravilloso momento entre tía y sobrino! ¡Gratitud de nuevo! 
Después, para no molestar a los demás, nos fuimos a jugar a otra habitación, y las horas se convirtieron en segundos...cuando quisimos darnos cuenta habíamos llegado a la hora de cenar, tristemente llegaba el momento de separarnos cada uno a su hogar.
¿Qué me trajeron los reyes? Pues cositas que me encantaron, eso a nivel material, pero sabéis cuál fue mi mejor regalo...el mismo día de reyes.

1 comentario:

  1. Pilar , leerte es como si estuvieras aquí en frente tu escritura es tan espontánea, tan real que chica haces presente lo virtual ajaj.
    Te entiendo totalmente , esa ilusión y esas palabras que no hacen justicia a lo realmente vivido ese día , después de tanto tiempo, con las personas más importantes de tu vida.
    El estar en tu cuarto junto a tu hermana es total , y sentir el aroma del café de una madre , eso sí, es un regalo.
    Disfrutalo mientras puedas porque no hay nada mejor que vivir y guardar momentos como los que tú nos describes.
    Un besazo Pilar , gracias , por tu generosidad. Un feliz 2026.

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