Libertad de expresión

Datos personales

Mi foto
Todos los seres viven unos instantes de éxtasis que señalan el momento culminante de su vida, el instante supremo de la existencia; y el éxtasis brota en la plenitud de la existencia pero con completo olvido de la existencia misma. "LA LLAMADA DE LA SELVA" JACK LONDON

6.8.26

Amat Sine Esse



Pues aquí está... Amat Sine Esse, la novela que ha impulsado el final de una etapa y el comienzo de otra. 
Pero antes de hablar de ella, vamos a recorrer en un breve resumen (a quién pretendo engañar... ya sabemos que eso no ocurrirá, lo de breve digo) esa etapa que dejo atrás y la que se enfoca delante de mis narices deseosa de que le meta mano.
Tal y como he plasmado en cada entrada, me encanta escribir, desde que cogí un lápiz por primera vez y pude comprobar con mi propio puño que era capaz de reproducir mis propias letras para formar palabras, no he dejado de hacerlo ni un solo día. En ocasiones lo he compartido con otras personas, y a veces, esos escritos los he guardado solo para mí, pero tanto la escritura como la lectura, han sido a lo largo de mi vida fieles compañeras, mis mejores amigas, mis hombros sobre los que llorar y desahogar mis inquietudes, mis pensamientos, mis deseos... un papel en blanco siempre fue mi diamante en bruto, mi tesoro, mi guarida.
Desde niña tuve claro a qué quería dedicarme, aunque no encontrarse el nombre adecuado para describirlo, no supiese expresarlo con claridad o la imagen que se presentase fuese difusa, en un rinconcito muy pequeño, por debajo del corazón, dónde empieza el alma, mi futuro se tejía con el hilo de los sueños y los deseos. Mi camino comenzaba con esas primera letras escritas, desordenadas, caóticas, inentendibles al principio, perfeccionadas con el tiempo. El mundo de las letras y las palabras me acogía con sus brazos abiertos, y yo, me dejaba abrazar y sostener, embaucar y dominar, enamorar y enloquecer por la pasión.
Desde niña andaba inventando historias, cualquier situación hacía que mi cabeza se disparase hacia infinidad de salidas que ni yo misma, a veces, era capaz de comprender. Algunas personas de mi entorno pensaban que simplemente era una mentirosilla, una niña con mucha imaginación que tramaba de las suyas inventando situaciones. Sin embargo, en mi interior, no era con la mentira con quién deseaba lidiar, si no con otras perspectivas, otros enfoques más divertidos o surrealistas que provocasen en los oyentes emociones ¡Me encantaba hacer que la gente se emocionase! Si tras leer algo mío, o escuchar mis palabras, las personas lloraban, reían o simplemente las hacía pensar de distinto modo, me proporcionaba un placer que hasta día de hoy soy incapaz de describir. Pero algo tenía claro ¡Me apasionaba! Aún desconocía cómo lo haría, cómo llegaría a la meta, pero llegaría. Lo conseguiría. Sin importar los años que tardase en terminar el camino, los baches que me hiciesen tropezar, caerme o incluso enterrarme en arenas movedizas. El objetivo ya se había tatuado en cada una de mis neuronas.
Como cualquier adolescente que se cree con aires de grandeza conocedora de la vida que se va a comer el mundo y que ha entendido los secretos para conseguir todo cuanto desee, con un dedito del pie rozando el abismo adulto, debía elegir con seguridad y certeza (algo muy común en los adolescentes...) qué camino escoger para ganarme el pan con el que abastecerme el resto de mi vida. Una decisión tan importante que en lugar de poder tomarla con unos añitos más cumplidos y alguna que otra experiencia que me ayudase a no desestabilizarme, debía escogerla ahí, con tan solo 17 años. Sí... ¡Viva la sensatez! ¿Qué sensatez chiquillo? ¿17 años y ya tengo que tener planeado mi futuro sin margen de error? ¡Por supuesto! ¡Todos los hacían! ¡No iba yo a quedarme atrás! Pues ala... elige tu futuro, sin experiencia previa, con prisas y con una presión que te cagas porque si te equivocas... no hay vuelta atrás. Manda huevos. Total... contradicciones impuestas por a saber quién, pero estoy segura de no tener ni puta idea de lo que ronda por la cabeza de una adolescente... responsabilidad... ya te digo que no mucha, y ganas de ser adulta... menos ¡Con lo bien que se vive sin tomar decisiones! Nada. Se te acabó el rollo amiguita... o eliges, o eliges.
Y elegí, pero no lo que me ofrecían...
Para empezar, una vez terminado el bachillerato, me negué a hacer selectividad ¿Qué qué? ¿Qué después de haber estado dos años dejándome la piel, estresada hasta la médula y con ataques de ansiedad, tenía que volver a examinarme de TODO? Ja Ja Ja … Tus ganas, por no poner otra cosa ¡Ni hablar! ¿Entonces para qué estos dos años? Pues hijo de mi vida dímelo antes y hago ese único examen sin haber pasado por todo lo que me han estado exigiendo durante esos dos años. Pero no... 
¿Para qué hacerlo tan sencillo? ¡Con lo divertido que es hacer perder el tiempo a los demás! 
No hice selectividad.
Me hubiese gustado escoger la carrera de periodismo, psicología o magisterio. Pero vi más oportuno meterme tras la barra de un bar, no sé... al menos ahí la realidad se estampaba contra mi cara de sabelotodo y aprendí a base de guantadas sin manos, ironías y sarcasmos lo que era de verdad estar en el mundo adulto. La inocencia me duró poco... se fue por el desagüe del fregadero junto con la primera cerveza que serví jajaja ay... pobre mi primer cliente, todavía recuerdo su cara de apuro cuando vio en ese vaso de tubo (la cerveza antes se servía en vasos de tubos) solo un dedo de líquido dorado y el resto espuma ¡Y yo que me quería morir! Pensé que nunca sería capaz de echar una cerveza en condiciones, que aquello no era para mí, una inútil... así me sentía, una auténtica inútil que no sabía echar cervezas como todos los demás. 
Me equivoqué. 20 años en la hostelería he estado. 20 años soportando clientela mal educada, grosera, insensible, jefes explotadores, compañeros sin escrúpulos, y la otra cara de la hostelería, amistades para toda la vida, experiencias únicas, momentos inolvidables, compañeros inmejorables... Pfff 20 años que se escriben de prisa pero que han pasado de forma muy lenta, a veces dolorosa incluso. Pero bueno, no me quedaba otra, había que trabajar, ya me había independizado, que eso es otra... ¿Dónde coño iba yo con 17 años yéndome de casa de mis padres y buscando una responsabilidad que todavía no me correspondía? Ni idea... todavía no he logrado responder a ello, pero bueno, no me arrepiento, y supongo que era lo que debía de pasar, en tal caso, nunca sabré que habría ocurrido si mi camino a elegir hubiese sido en hacer la selectividad de los cojones... a lo mejor ahora estaría en un pedazo de puesto, con sus pagas y sus vacaciones en condiciones en el burguerking... o en el extranjero, habiendo tenido que abandonar toda mi vida, mi familia y amigos ¡Cuánto perdí por no tomar la decisión correcta! (Es sarcasmo, por si no se pilla bien)
Bah, no voy a hablar de esos 20 años de hostelería, no con detalles, no por nada, si no porque eso da lugar a otra novela.
Total, que durante esos 20 años de agotamiento físico y mental (yo antes era normal, lo prometo) nunca deseché de mi cabeza el ser escritora, o al menos, como mínima meta, escribir un libro, ya que pudiese ganarme la vida con ello o no... era un riesgo que debía correr, y si no... siempre me quedaría la hostelería (evidentemente, cuando se tiene entre 20 y 30 años, te piensas que es un trabajo que no acarrea consecuencias y que podrás ejecutarlo toda la vida de igual forma. No es así) Trabajaba y trabajaba, y sí, pagaba mis facturas, comía todos los días y no me faltaba de nada, bueno sí, algo muy importante que en aquellos momentos no valoraba y que hoy, es lo más preciado que tengo, lo que más valoro y aprecio, y que jamás permitiré que me arrebaten: MI TIEMPO.
Trabajaba y trabajaba pero no era feliz. El trabajo era solo eso, trabajo. Algo que me daba dinero con el que poder pagar y comprar cosas, cosa que a otros les aportaba felicidad pero que a mí, en cambio, no me saciaban lo más mínimo, pero era lo que todos hacían... pues ala... cabecita hacia abajo y a obedecer al sistema ¿Qué vas a hacer si no con tu vida? ¿Intentar cumplir tus sueños? ¡Estas loca mujer! ¡Eso son tonterías que te meten en la cabeza y al final acabas bajo un puente! ¡Trabaja y gana dinero! ¡Dinero, dinero y dinero! ¡Ahhhhh! ¡Meterse el dinero por dónde queráis! A mí no me aporta NADA y mucho menos FELICIDAD.

Escribo mi primer libro (no llega a ser novela, yo creo que sí, pero no) Y todos se alegran, me apoyan y qué guay. Pero ya ¿No? Ya has logrado tu sueño, ya has escrito un libro, venga, ahora déjate de tonterías y sigue trabajando que hay muchas cosas que pagar... ¡Y joe la burra al trigo! ¡Pues no me da la gana! Pero... como no soy millonaria y no me toca la primitiva básicamente porque no la echo, pues tengo que seguir trabajando en la hostelería porque es lo que hay... pero venga, me digo, no hagas caso ¡Qué carajo sabrá la gente de lo que eres capaz! ¡Qué coño dicen si no saben nada de ti! Sí, sí, yo sigo trabajando pero que no se me olvida a lo que he venido aquí. No es mi momento, me digo para consolarme. Ahora no, quizá más adelante.
Consigo escribir un segundo libro (se parece un poquito más a una novela pero todavía falta experiencia) y ahora el problema es otro. Tengo un segundo libro escrito pero no puedo publicar porque como todo en esta maldita sociedad, cuesta dinero. Un dinero que no tengo, porque trabajo y trabajo pero lo que gano... es para comer y pagar, caprichos pequeños, y poco más. Acudo a editoriales con mucha esperanza, y claro, era de esperar... no tengo ni idea de como debo moverme en el mundo literario, mi edad hace que se aprovechen de mi ignorancia y una, que no piensa que la literatura tenga nada que ver con el dinero, se emociona porque tengo un segundo libro escrito que me abrirá puertas hacia mis sueños, y en lugar de ello, me encuentro con despechos, malos tratos, humillaciones e incluso casi... abandono escribir.
¡A la mierda! ¡No me da la gana! Decidiréis la forma en la que ganar dinero, pero no mi felicidad ¡Que no joder! ¡Qué se lo que quiero y no pararé hasta conseguirlo! Pero muchacha... es que todo el mundo... ¡Me la pela todo el mundo! Todo el mundo... todo el mundo... ¡Qué yo no soy todo el mundo! 
Y las editoriales erre que erre... ¡1500 euros por 50 ejemplares! ¿Perdona? Mire disculpe, es que creo que no me han entendido, que el libro ya lo tengo escrito, que no tienen que hacer nada, solo imprimirlo y ya. Si ya... nosotros te ayudamos para corregirlo, maquetarlo... y eso vale un dinero, no vamos a trabajar de gratis ¡Ay! ¡Seré tonta! ¡Por su puesto que no vais a trabajar de gratis, para eso ya estoy yo! ¿Tengo que pagar entonces para poder publicar y vender un libro que es mío? Sí claro, como todo el mundo... ¡Otra vez con la petetera! ¡Puto dinero yaaa! Y mientras mi entorno: Claro mujer, qué pensabas, que iba a ser tan fácil, déjalo y trabaja, eso de escribir no te va a dar dinero...
DINERO DINERO DINERO DINERO DINERO...
¡Pesadilla!
¿Por qué no entienden? ¿No entienden que me la sopla el dinero? ¿No entienden que yo no escribo por el dinero? ¡Se llama vocación gilipollas! ¡Se llama luchar por lo que te hace feliz! ¿Lo entiendes ya o te tengo que hacer un croquis con billetitos de 50 para que logres entenderlo? Y si no, también puedes hacer otra cosa, ven, que te lo aclaro rápido ¡Métete en tu vida y deja en paz a la mía! 
¡Cuantas caras de oler a mierda he tenido que soportar! Bah... yo sigo a lo mío sin molestar a nadie. De tu opinión si que no voy a comer... más bien me puedo limpiar el culo con ella vaya.
Cambio de planes, a la mierda las editoriales, me voy a una imprenta, total me piden menos dinero y como lo que me interesa es tener el libro en físico, que más me da una cosa que otra, si al final el resto del trabajo lo tengo que hacer yo. Trabajo, trabajo y trabajo más, porque ahora, además de pagar todo lo necesario para poder subsistir, también tengo que ahorrar para poder publicar.
Un año tardé ¡Un año en recaudar el dinero necesario para 50 ejemplares! Y no os penséis que fue fácil, que sin tener ni pajolera idea, tuve que buscarme las mañas para editar, corregir, maquetar y elaborar la portada, y por aquel entonces ni IA ni hostias, tutoriales a punta pala, meteduras de pata, paciencia y mucho, mucho esfuerzo y constancia. Para que os hagáis una idea, llegaba de currar a las 3 de la mañana a mi casa (y tampoco penséis que echaba ochos horas de curro, jajaja, ojalá, no, no, hasta 12 horas de jornada laboral he llegado, pero eso no le importa a nadie, eso no lo valoran, al contrario, se alegran de verte sufrir, dejarte los cuernos y encima deseando que la cagues) y me ponía con el ordenador hasta las tantas, a veces sin comer, me privaba del descanso... en fin... que eso me lo he comido solita y nadie lo valora... bueno, yo sí, por eso me importa bien poco lo que opinen de mí, porque no tienen ni idea de lo que he tenido que soportar para llegar hasta aquí. 
Y es en mi primera presentación donde veo con claridad absoluta que es a eso a lo que quiero dedicar el resto de mi vida y no a servir a la gente tras la barra de un bar. Es que no os podéis imaginar lo que sentí cuando me vi en una mesa sentada, con un montón de ejemplares que habían salido de mi puño y letra, y que la gente compraba y me pedía que le dedicase ¡Fue tan maravilloso! Que todavía lo recuerdo con una pedazo de sonrisa en la boca, con ojeras también, y cansancio, y miedo... pero la satisfacción... ¡INEXPLICABLE!
Parece que a la gente le gusta lo que lee y me piden una segunda parte de la novela, yo encantadísima y más fuerte que nunca, la escribo. Pero otra vez el mismo dilema... 
Escribir nunca fue un tormento, inventarme una historia nunca fue un suplicio, en tres meses la segunda parte ya estaba lista para publicar pero... ¡Dinero! ¡Otra vez! Pues nada, mismo método, trabajo, trabajo y trabajo, ahorro y publico. Mentira. Que me salto factores importantes. Dejándome aconsejar por otros escritores (igual de perdidos que yo) me aventuro con un crowdfunding. Una mierda tan grande como el confiar en las editoriales. 
Hago un sondeo, y como es natural en esa sociedad hipócrita que nos envuelve, todos me apoyan y me verifican que sí, que me ayudarán en todo lo que puedan, y voy yo y me lo creo jajajaja
Nefasto el crowdfunding. Un poco más y acaba conmigo a nivel emocional y mental. Tengo que decir que no todos pasaron de mí, hubo gente que sí me apoyó con los ojos cerrados, que sí deseaban tanto como yo que pudiese publicar, pero... no pudo ser.
Y pasaba el tiempo, y la novela ahí, en un Word, abandonada pero no olvidada, muy triste... Triste e injusto, porque yo no pedía nada, solo poder publicar. Dejo a un lado la idea de seguir publicando, no es mi momento, vuelvo a decirme a modo consuelo, supongo.
Sigo trabajando, cada vez con más años encima, cada vez con menos paciencia y tolerancia en la hostelería, y mientras limpio los baños, es decir, la mierda de otra gente, me digo a mi misma que yo no he nacido para esto, que no, que esto no es lo que quiero para mí, que me la suda tener un buen sueldo si no me aporta nada. Aparecen nuevos proyectos. Inauguro el blog ¡Cuánto bien me hizo! No me leía nadie, tres personas si acaso jeje pero yo más feliz que una perdiz, porque tres personas se interesaban por lo que escribía ¡Oye y les gustaba! El blog se convirtió en mi flotador. Despotricaba, acusaba, desahogaba cualquier ocurrencia que pasase por mi cabeza ¡Y era tan feliz! 
De nuevo la gente... Pero... ¿Cuánto ganas por escribir en el blog? ¡Nada! ¡Vaya pérdida de tiempo! ¿Pérdida de tiempo algo que te hace feliz? No sé chica... mira tu vida y luego me cuentas, porque más considero una pérdida de tiempo juzgar y criticar la vida de los demás sin tener ordenada la tuya... pero bueno... yo sin embargo no te digo nada, me callo para no ofenderte y no hacerte daño, mientras soporto tus humillaciones y malos augurios... mejor sigo trabajando y paso de tus comentarios, que espero que algún día tengas que masticar bien para no atragantarte 😊
Sigo trabajando...

Y de buenas a primeras la vida se para en seco y da un giro hacia el lado contrario expulsándome del camino que seguía para colocarme en otro ¡Y caigo de pie! ¡Ole yo! Ni me lo creo, he aguantado el equilibrio como una auténtica gimnasta rítmica ¿No me aplaude nadie? Pues que os den, ya me aplaudo yo. Cambian las tornas, los vientos son favorables, ya no tengo flotador si no una barquita con su vela que me deja dirigirla con precaución hasta la isla que crea conveniente para echar raíces ¡Una con cocos por favor! ¡Me encantan los cocos! Pa ya que voy. 
Los 40 tacos se asoman desde una de las palmeras de la isla pero todavía no vienen a saludarme como es debido, tranquilitos, les digo, no os vengáis arriba que aún me quedan unos cuantos trenti muchos por aquí y quiero disfrutar de ellos, así que venga, media vuelta y ya os llamaré cuando os corresponda. Me voy a asentar por aquí, sin hacer ruido, medio oculta pero sin esconderme, viendo pasar un poquito a la vida, sosegada, centrada, mirando un mar dispuesto a acogerme por si la cosa no sale como deseo que salga pero sin dejarme arrastrar por la marea, no, no, la marea que me relaje, no que me altere ni me confunda, que esa edad de incertidumbre la dejé junto a las algas y seguro que ya están comidas por los peces. Ahora aquí, con mis cocos, mis palmeritas y mis eternas miradas a las nubes para seguir imaginando figuritas con ellas ¿Y los demás? ¿Es que no hay nadie más en la isla? ¡Ni falta que me hace! Ahí tengo una cabaña para la familia y no más ¿Queréis un coco? 
¡Xao hostelería! ¡Hasta nunca si puede ser! Me ha encantado conocerte pero creo que ya es hora de que terminemos con esta relación. No, no me da pena, hemos vivido mucho pero ambos sabemos que no estamos hechos el uno para el otro, lo mejor es que tú sigas con tu camino y yo con el mío. Sí, ya sé, tampoco me olvidaré de ti. Sí, yo también te agradezco mucho. Venga, anda, gracias por tanto o por tan poco... ¡Qué me olvides joder! 

Asentada en mi isla, vislumbrando la vida de otra manera, más relajada, sin prisas, analizándolo todo a mi forma, sin recibir órdenes de nadie, sin intrusos que acondicionen mis pensamientos y planteamientos, aparece la solución a mi GRAN PROBLEMA. Una plataforma mundialmente conocida me brinda la oportunidad de poder publicar sin coste alguno, me aporta las herramientas necesarias para poder realizar un trabajo profesional, y me regala facilidades para taponar la inexperiencia ¡Pero que maravilloso regalo! 
La gente otra vez... Pero ¿Cuánto vas a ganar? ¿Crees que va a ser fácil vender libros con la cantidad de escritores como tú que hay por ahí? ¡Kiyoooo que pesadilla! ¡Todo son pegas! ¿No tenéis otra cosa que hacer que inmiscuiros en mi vida, de verdad? ¡Que me la pela cuanto gane o deje de ganar! ¡Que me la pela el dinero! ¡Lo único que deseo es publicar y publicar y publicar y publicar! ¡No veis que en mi cabeza tengo mil historias que contar y necesito sacarlas para poder seguir! ¡Ser escritora no es sinónimo de ser millonaria! ¡Ni quiero! Otra vez las caras de oler a caca... mi respuesta: seguir concentrada en mi propósito para alcanzar mi meta, es decir, pasando de todo y todos.
Con la solución bien agarrada para que no se me escape, me pongo manos a la obra y publico la segunda parte, e inmediatamente comienzo a dar forma a la siguiente novela. Antes de ella se entrecruzan un cuento y un pequeño libro de relatos cortos. El cuento fue un regalo muy especial para una personita muy especial, y en cuanto al libro de relatos, básicamente los publiqué para probar y poder desenvolverme con más soltura por la plataforma, como a modo práctica para que cuando quisiese publicar la siguiente novela no me costase desenvolverme. 
A medida que publico, voy adquiriendo experiencia y confianza, voy desechando de mi cabeza la idea de catalogarme como camarera para comenzar a definirme como escritora. Voy cerrando una etapa para abrir otra. Segura de lo que quiero y deseo. Enfocada en un solo objetivo. Organizo el tiempo y el trabajo según mi nuevo estilo de vida y voy siendo consciente de que lo que un día era mi presente, se queda atrás, con los recuerdos, con lo aprendido, con lo vivido. El presente se enfoca distinto, de vez en cuando se coloca la mano sobre los ojos para observar al futuro, pero sin darle mera importancia, ya llegaré, me digo, ya llegaré cuando tenga que llegar.

El cierre de una etapa nunca es fácil. Cuesta desprenderse de algunas emociones, bueno más bien, apegos emocionales que se confunden con nostalgia pero que en verdad solo son repeticiones que se han ido clavando en mi cerebro y que él solito las ha ido sentenciando y colocando de manera que encajasen para que nunca tuviesen que moverse de ahí. Eso está bien, porque en su momento me ayudó a no realizar unos esfuerzos desbordados, pero claro, en el momento que decido cerrar esa etapa... a ver como coño desenquisto ese asentamiento cerebral sin perjudicarme demasiado. Porque haber tenido durante 20 años un patrón laboral diario e intentar arrancarlo de cuajo, tampoco es. Podría haber actuado poquito a poco y en lugar de jalar sin miramiento, haber intentado desvanecerlo con mimos y cuidados, pero... a estas alturas, no tenía ni tiempo ni ganas la verdad, así que opté por el camino más corto, ya que el camino largo que me espera en la siguiente etapa sabrá llenar esos huecos que ahora quedan vacíos e inestables.
El aventurarme en una nueva etapa en mi vida no es una decisión que se pueda tomar a la ligera. Como todas las decisiones importantes, requieren de meditación, análisis desde todas las perspectivas posibles, y sobre todo y muy importante, tener en cuenta las consecuencias, bueno, tener en cuenta y aceptarlas en el caso de que no sean las deseadas y premeditadas. Pero supongo que eso nos pasa a todos a la hora de tomar decisiones ¿O sois de los que tomáis las decisiones a la ligera y que sea lo que tenga que ser? Yo no puedo hacer eso, ojala jeje, si sobre pienso demasiado cuando se trata de tonterías, imaginaos cuando es algo más importante. Total, lo que quiero decir es que aunque aquí lo resuma en tres palabras (sí, sí... tres palabras, se nota que soy de letras y no de números...) el intervalo de tiempo en decidirme fue mucho más extenso y lento. Pero estable.
Tener que empezar de cero, laboralmente, a los trentimuchis, no es plato de buen gusto para nadie, una ya sabe que no será fácil ni rápido, que tendré subidas y bajadas, desesperación, remordimientos y todas esas mierdas cuando te involucras en un ámbito totalmente desconocido y nuevo para ti. Pero también sabía que soy una tía con un par de ovarios que nunca se da por vencida cuando realmente desea algo, que tengo constancia y disciplina de sobra como para exigirme y no dejar que me duerma en los laureles, y que cuando consiga mis metas la satisfacción será tan grande y merecida que sabré que hice lo correcto. Así que con todo eso y más cositas que me las guardo para mí, di el primer paso hacia un mundo literario que me esperaba tranquilamente.
¿Y cómo quise entrar en este mundo literario? ¡Haciendo ruido! ¡Hombre faltaría más! Es que entonces no soy yo. Acostumbrada a escribir sobre temas sociales, marginales o inaceptables por la sociedad, quiero cambiar de rol y ponerme a prueba. Sí, no tengo remedio, no tengo bastante con estar comenzando una nueva etapa, que decido complicarlo más, no sé, por si me aburro. Nunca había escrito nada de misterio o intriga, y sin embargo he leído bastantes novelas de este género, pero oye, nunca me había dado por ahí, quizá algún relato, pero no creo que llegase a cumplir los requisitos absolutos como para catalogarlo de misterioso. Pues me digo a mi misma ¿Y por qué no? Si comienzo a escribir la novela y veo que es demasiado complicado o que se me da mal, solo tengo que dejarlo y volver a mi estilo, y ya, no pasa absolutamente nada. Aprender de los errores. No te enfoques en el error y te retuerzas en ellos a modo excusa para no seguir hacia adelante. No. Para, sé sensata, reconoce que no es lo tuyo y pa lante. 
¡Novela de misterio pa ya que voy
Oye pues ni tan mal... a ver, lo tuve un poco complicado a la hora de desenvolver la intriga y provocar la sorpresa en el lector, porque claro, yo la estoy escribiendo y sé en todo momento qué ocurre, entonces a mí misterio lo que se dice misterio... no me producía nada jeje por eso me resultó complicado, por las dudas que me generaba si conseguiría intrigar al lector o no. El resultado fue mejor de lo que esperaba. La historia narrada gustó, la intriga se ejecutó y los lectores quedaron satisfechos y encantados con mi novela. Pero... ¡Claro que hay un "pero"! ¡No todo iba a salir a flor de piel! Lo importante, que era trasmitir emociones diferentes a mis lectores estaba conseguido ¿Cuál fue el fallo? Mi poca experiencia en los diseños de portadas y la dichosa maquetación. Desde un primer momento lo tuve que aprender sola, como ya he mencionado, a base de tutoriales y preguntas a otros autores, y eso no es lo mismo que que te enseñen directamente, como en el colegio, aprendes porque un profesional que sabe lo que hace te aporta los pasos necesarios, las herramientas y solventa cualquier duda que te quita de comederos de cabeza en un futuro. Hubo pasos que en su día aprendí mal o simplemente no utilicé las herramientas adecuadas, y por consiguiente, en este caso, con esta novela en particular, los errores salieron a la luz como los caracoles cuando buscan el sol. La portada... ¡Ay madre mía la portada! ¡Con lo bonita que se veía en mi cabeza y lo rarita que quedó después! No quise darle importancia porque soy de las que piensa que lo importante de una novela está en su interior y no en lo que la envuelve, pero no deja de ser importante, porque la mayoría de los lectores escogen sus lecturas en vista a lo que se ve, nunca mejor dicho aunque aparezca redundancia... Una cosa es lo que yo piense y mi opinión, y otra cómo actúa el resto. Y luego la maquetación, que me trae por la calle de la amargura, no solo porque mis peleas con el Word sean legendarias, si no porque no es lo mismo una novela en pantalla que luego en físico, y los detalles pequeñitos, por ejemplo los márgenes, que nunca los he tenido en cuenta a la hora de impresión, son una brutal cagada. Cuando el lector comienza a leer, la primera página es perfecta pero ¡Ay amigo cuando pasa de página! ¡Un desastre! El interlineado entre los títulos de los capítulos y el texto, otro dilema, cada uno diferente ¿Y qué mas da, si el lector esta sumido en la narración? Pues da mucho, para empezar le quita profesionalidad, y luego, resulta bastante incómodo estar leyendo y tener que abrir más el libro, o doblarlo, o lo que sea para que la lectura siga su proceso. Pero claro, a mí nadie me dijo nada al respecto de cómo debía hacerlo, y aunque siempre he sido una lectora empedernida, nunca caí en esos detalles como escritora. Aun así, no me lo tomé a mal, decidí dejarlo tal y como estaba, para cuando escribiese la siguiente aplicar lo aprendido e intentar hacerlo mejor.
¡Mi primera novela de misterio! ¡Contentísima y orgullosa!
Casi recién publicada y apenas sin haberle hecho publicidad, me vuelve la inspiración y automáticamente me pongo a escribir la siguiente novela, que es ésta, la de aquí arriba, por la que realmente estoy escribiendo esta entrada, no, no se me había olvidado ¡Pero es que tengo mucho que contar! Y de verdad que es necesario contarlo todo, bueno, al menos, yo lo veo necesario. La inspiración llega fuerte. Lo primero que se implanta en mi cabeza es la sinopsis, la trama de la novela la tengo más que clara, solo tengo que empezar a escribir y dejarme llevar por la misma historia. Pero justo cuando voy por la mitad de la novela, ligado a mi vida personal, ocurren cosas, y me voy obligada a comenzar otra novela, bajo pseudónimo, que creo necesario publicar antes. La escribo en un par de meses, pero en lugar de publicar en físico, la escribo exclusivamente para e-book. Necesaria, esa novela bajo pseudónimo era necesaria.
Y de repente, me veo envuelta en un estrés y una frustración que yo misma me he impuesto. Mucho qué escribir y falta de tiempo, y lo que peor llevé... no poder comentarlo con nadie, al ser con pseudónimo, cuanto más privacidad, mejor. Así estaba el panorama: Una novela a la mitad que tengo clara y muchas ganas de sacar a la luz, otra que escribo en cuestión de meses y a la que no podré darle publicidad ni colocar mi nombre, las entradas en el blog, que no lo puedo dejar de lado porque es el motor de mi disciplina, y para colmar el vasito, como me veo que no tengo suficiente, me aparece la lucidez de meterme de cabeza en la búsqueda de un nuevo trabajo, que nada tiene que ver con la hostelería, que considero muy acorde a quién quiero ser y que creo que está hecho para mí. Todo a la vez. Sí señor, así me gusta a mí complicarme la vida. Lo gracioso es que nadie sabe nada, nadie me dice nada, ni nadie me exige nada. Ni plazos, ni prisas. Pero yo, exigente hasta la médula, me pongo plazos y fechas ¿Por qué? Pfff a saber... en verdad... sí lo sé. Supongo que 20 años trabajando bajo presión, estrés y prisas, no se iban a evaporar así como así, y mi mente, acostumbrada a trabajar de esa forma, pues sin querer, o queriendo, quiso volver a sentir esa presión de conseguir algo en un tiempo limitado y a falta de un jefe externo que me apremie y me pise los talones, pues mi subconsciente agarró las riendas decidiendo que trabajar tranquila y entre algodones nunca fue para mí. Nada, impuestas las fechas y deliberando junto a mi paciencia y constancia, no deseché ninguna opción, arramblo con todo y que sea lo que tenga que ser ¡Vamos! No llevábamos ni dos meses en el 2026 y ya estaba yo pensando en los proyectos del 2027... ¡Es que todo lo haces igual xoxo
Bueno, pues publico la del pseudónimo, e inmediatamente me pongo con la que realmente estaba deseando publicar, todo esto, seguía publicitando la anterior, sí, sí, si ya os digo que llevaba pa lante todo lo que podía y más. Perdí peso, desaparecí casi por completo de las redes sociales, mi vida social se limitó a la familia más cercana, en definitiva, puede decirse que me auto confiné, por voluntad propia sí, no me quedaba otra.
Cuando casi estoy terminando ésta novela, se me va la inspiración ¡Mierda! El blanco que todo escritor teme y yo lo tenía encima, aplastándome, enterrándome. Lo intentaba, me sentaba todas las tarde frente al ordenador, pero que va, no sabía cómo continuar la historia. Podría haber optado por capítulos de relleno, pero no, eso conmigo no va, yo quería que siguiese la misma dinámica con la que empecé, y sin saber cómo ni porqué, las ideas se habían esfumado ¡Ni si quiera era capaz de conectar con los personajes! Y la fecha que me había propuesto se acercaba, y la novela que no avanzaba. Las tardes frente al ordenador pasaron de ser fructíferas y sonrientes, a provocar llantos estúpidos y sin sentido, pero no me rendía, venga Pili, me decía, que no es la primera vez que te quedas sin inspiración, ya volverá, no te agobies, no te exijas tanto, ya llegará. Pero no llegaba, y la novela ahí, parada, sin una palabra más que añadir. Opté por pasarla a un segundo plano en mi cabeza y centrarme en otra cosa ¿Para qué seguir martirizándome en algo que por el momento no tenía solución? Mejor aprovechar el tiempo en otros proyectos y ya la retomaría en su debido momento. La cuestión es saber aprovechar el tiempo, eso es lo importante. Que no puedes concentrarte en algo, pues aprovecha esa concentración para otra cosa que también consideres importante, pero no pares, sigue, sigue y no te salgas de la línea porque eso será tu perdición, me decía. Y así lo hice. Como ya había pensado en que rama laboral introducirme, decidí elaborar un nuevo currículum, el mío, el de siempre, no me servía de nada, puesto que había decidido adentrarme de lleno en el mundo literario, mi experiencia de 20 años trabajando en bares... como que no me ayudaría mucho. Currículum terminado y puesto en marcha. La inspiración seguía estancada. No pasa nada ¡A enviar currículums como una loca! 
Debió de surtir efecto en mi cerebro el cambiar de propósitos, porque a los pocos días, sin previo aviso, una noche, justo antes de quedarme dormida, llegó la inspiración ¿Y qué creéis que hice? ¿Seguir durmiendo y esperar al día siguiente para ponerme manos a la obra? ¡Una mierda! No me fiaba un pelo de la inspiración, que tal como se viene, se larga y te deja ahí medio en bragas, con una mano delante y otra detrás. Era tarde para encender el ordenador así que agarré el móvil y en el mismo blog de notas, escribí un capítulo entero. Super incómodo, pero eficaz. Esa noche dormí como un bebé que acababa de tomar teta. Por suerte la inspiración no volvió a irse y pude terminar la novela. Ahora venía la parte chunga, maquetación y portada, pero como soy una persona previsora y me encanta aprender de mis errores, tenía una libreta repleta de apuntes e ideas que no dudaría en utilizar. Con la otra novela abierta y visualizando los principales fallos, mientras intentaba entenderme con el Word, que ya hemos aceptado que ni yo le caigo bien ni él a mí, pero no nos queda otra que seguir trabajando juntos, al menos hasta que encuentre otro sistema dónde poder escribir de forma profesional, iba lidiando y solventando problemas y fallos. No faltaron ganas, en más de una ocasión, de tirar el ordenador por la ventana. Mis vecinos debieron de pensar que estoy loca de verdad, porque, aunque ahora me ría, en esos momentos de ira y frustración, soltaba de todo por la boca, y no precisamente palabras bonitas y elocuentes, no, desde me cago en tu puta madre, hasta me tienes hasta el coño y cosas así que se dicen en momentos de enfado solo por soltar la ira que te reconcome por dentro y que no puedes soltar de otra forma ni contra nadie porque careces de compañeros, clientes y jefes contra los que descargar. No tiré el ordenador por ninguna ventana, menos mal. Es que mira de verdad, que no sabéis, bueno o a lo mejor sí, lo que es un simple clic y que se descuajaringue todo el interior al completo ¡Mira que me entraba de todo! Pensar que tras meses de trabajo se podía ir al traste por un simple clic... ¿Quema o no quema? ¡Arde! Una de las cosas que ahora pienso y que me hace gracia, era que cuando me ocurría algo así, con lo del clic, no dejaba de pensar en lo sencillo que hubiese sido para mí nacer en la época dónde los libros se escribían a mano, con pluma y tintero, y siempre me venía a la cabeza ese Cervantes con su Quijote, tan extenso y denso, que tuvo que escribir el pobre hombre con su puño y letra, y me venía abajo, porque pensaba, venga anda no te quejes, que más fácil lo tienes tú, que al igual que un clic te puede destrozar un trabajo de meses, también te puede llevar a la cima en cuestión de segundos ¿Qué no hubiese dado Cervantes por poder tener las herramientas que posees tú ahora mismo? Y no es que me compare con el autor de una de las mejores obras de la historia, no por dios, que no le llego ni a la mugre del zapato, comparo el acto de escribir, lo complicado y lento que era entonces, y lo rápido y fácil que es ahora, y yo como una estúpida desagradecida llorando por un estúpido e imbécil clic. Pero bueno, supongo que cada uno en su tiempo lo vive de forma diferente, y a lo mejor Cervantes en lugar de querer tirar el ordenador por la ventana, reventaba la pluma porque se atrofiaba en los peores momentos, o se quedaba sin tinta, o el papel escrito se manchaba, se rompía o se mojaba... ¿Se habrá reencarnado Cervantes en mí? jajaja ¿Veis? ¡No paro de soñar e inventar historias!

Un día, enredada en la maquetación, estuve casi tres horas peleándome con el Word a cuenta de la colocación y la aparición de los números en las páginas. Normalmente, el primer número aparece con la primera página del primer capítulo, ya que las páginas anteriores, o van en blanco, o tienen el título de la obra. Bueno pues a Word se le puso en los paréntesis que los números iban a aparecer desde la primera hoja en blanco, porque sí, porque le daba la gana ¡Casi tres horas intentando solucionarlo! Lo más frustrante era que sabía de dónde venía el fallo, pero por mucho que lo cambiaba, guardaba y actualizaba, nada, el puto número ahí seguía. No os molestéis en intentar preocuparos de cuál era el problema, o de que sepáis la solución, os garantizo que di con el fallo, que lo cambié mil veces, y nada. Supongo que es un defecto que trae mi Word, que también manda cojones, porque la puñetera suscripción me la cobran sin preguntar y más rápido que el correcaminos huyendo del coyote así que ya digo por adelantado, que cuando esté más tranquila y tenga más tiempo, una cartita de queja, una hoja de reclamación o un correo a una cuenta que nadie leerá, voy a mandar, lo tengo muy claro ¡Que no es nada barato el puto Word! para la mierda que es...

Venga, que ya vamos a ir terminando.

Ahora sí ¡Al fin! Voy a hablar un poquito de Amat Sine Esse 
Es una novela muy especial, a parte de las etapas, como ya mencioné, por la historia en sí. Cuando me vino la idea, me pareció tan emocionante y embaucadora, que quise cambiar también mi estilo de escritura. Casi todas mis novelas, por no decir todas, están escritas en primera persona y aunque contengan otros personajes, no profundizo en ellos. Digamos que mis personajes son planos, aparecen e interactúan con los protagonistas, pero no se llega a saber mucho de sus emociones o personalidad, son importantes pero no imprescindibles, es decir, la historia avanza con o sin ellos, porque siempre me enfoco en un protagonista y hago que todo gire a su alrededor. Siempre me resultó fácil escribir desde la empatía, ponerme en el lugar del personaje principal y creerme ser él. Pocas veces he escrito en tercera persona, o incluyendo personajes importantes que no fuesen protagonistas, y creo, si no me equivoco, que en las novelas nunca lo había experimentado.
Pues esta vez, considerando que la historia llamaría la atención y conseguiría atrapar al lector, también deseo ponerme a prueba e intentar avanzar en el mundo de la escritura con un pasito más, y me propongo: escribir en tercera persona, introducir personajes redondos y mezclar la psicología con el misterio, el miedo y la paranoia, y por qué no, que todo esté envuelto por el amor.
¡Madre mía la de veces que me arrepentí con estas decisiones! No porque no supiese hacerlo ¡Si no por lo complicado que me resultaba! Tenía que tener en cuenta sentimientos y personalidades de otros personajes manteniendo en un primer plano a los protagonistas iniciales, mientras desarrollaba una trama complicada y psicológica intentando evitar que el lector descubriese mis intenciones para que cuando llegase al final ¡Zasca! ¡Te la metí doblada primo! 
Ya os podéis imaginar como lo he tenido que pasar mientras escribía la novelita... ¡Estupendamente! He disfrutado tanto escribiéndola que ahora que la veo aquí, a mi lado, terminada y con esa portada tan preciosa, le sonrío como si ella pudiese devolverme el saludo... en fin... cositas de escritora majareta.
A la hora de escribir un thriller psicológico no te das cuenta de la complicación hasta que no estás metida de lleno en la elaboración de la narración. Tenía claro la trama, tenía visualizado a los personajes, y tenía claro el final, lo único que debía hacer era concentrarme al máximo en el desarrollo, donde es indispensable mantener al lector intrigado, descolocado y cagándose en mis castas porque no tiene ni puta idea de por donde le voy a salir, y eso, amigos blogueros, es un estrés continuo y mal educado que te aporrea los sesos con un martillito que parece inofensivo pero que a la larga te hace más daño que un mazazo crudo y brutal. Pero tarde o temprano sabía que escribiría algo así, y si no me aventuraba con esta idea, quizá la próxima, sería diferente y no podría ponerme a prueba. No ha resultado nada sencillo, quizá por eso me siento tan orgullosa del trabajo finalizado, porque creo, que lo he logrado. Creo que he logrado que el lector sienta lo que deseaba, y creo que he logrado superarme a mí misma. Ya iremos viendo con el tiempo...
En las novelas anteriores, pocos apuntes tengo en libretas, pocas anotaciones para seguir la historia, pocas ideas furtivas apuntadas de madrugada en cualquier papel. Sin embargo con Amat Sine Esse, os aseguro, y de hecho me encantaría poder enseñarlo, que he rellenado páginas y páginas escritas a mano con nombres, detalles, emociones y particularidades, de lugares, personajes y situaciones. No había otra forma de poder seguir escribiendo si no anotaba todas estas cosas, porque aunque tengo memoria y no suelo olvidar nada, en la escritura mi memoria es fundamental, también tenía que tener en cuenta el tema de la inspiración. Me explico. Había días que podía estar horas y horas escribiendo sin descanso, y que me obligaba a parar porque mi cuerpo, mis deditos y mi mente estaban tan saturadas que la dislexia, que siempre está ahí, me jugaba unas malas pasadas que lo flipas, de hecho, una vez publicada y releída, he localizado algunos fallitos disléxicos, que se entienden, aunque el lector no me conozca de nada, pero que yo, que sé lo que quería decir, y que la revisé unas 6 veces antes de pasar el manuscrito a pdf, las he visto y me han dado rabia, pero bueno, tener dislexia y ser escritora... puede ser compatible. Y si no... es lo que hay.
Bueno, a lo que iba. Había días que me pasaba horas escribiendo, pero luego podían pasar días, incluso semanas, que ni abría el manuscrito ¿Qué ocurría? Pues que cuando volvía a retomar la novela, ni la inspiración era la misma, ni la expresión, ni tan si quiera el modo de sentir a los personajes, y si no hubiese apuntado las ideas o la intención del siguiente capítulo, pues se habría ido todo al traste porque la novela pierde armonía y en algunos casos, incluso el lector, puede apreciar que está escrita en diferentes tiempos. Porque no sé si a otros escritores les pasa, pero yo me dejo influenciar bastante por la novela que esté leyendo en esos momentos, o por situaciones personales que me estén afectando. Este factor no tendría cabida si la novela la hubiese podido terminar el mismo día que la comencé, pero para eso habría tenido que prescindir hasta de las actividades fisionómicas necesarias en los seres humanos, y tampoco es eso ¿No?
Una de las anécdotas sobre este tema ha sido, que cuando le pasé el manuscrito a mi lector beta (Que es mi padre, gran lector y buen consejero) sin corregir ni revisar, resulta que le había cambiado el nombre a los personajes, protagonistas incluidos, varias veces a lo largo de la narración ¡Cuánto nos reímos del mareo y la confusión que le creó leerla! Porque si ya resultaba intrigante de por sí, si encima le voy cambiando los nombres a los personajes... ¡Ya me diréis! Por suerte, como ya he comentado, lo tenía todo anotado en mi cuadernito y pude organizar y corregir esos fallos sin problema.
Amat Sine Esse no es una novela romántica, sin embargo, el amor juega un factor indispensable, pudiendo, incluso, ocupar el lugar de protagonista absoluto, ya que sin la aparición del amor la novela no tendría ningún sentido. Sin embargo, no es lo más importante, y también podríamos trasladarlo a un segundo plano teniendo la misma importancia. El amor está, pero no como se espera. 
Eso es lo que más me gusta de esta novela, el juego de las perspectivas, sabotear la mente del lector, llevarlo siempre a mi terreno, para que piense e interprete de cierto modo y luego, cuando menos se lo espere, el giro sea tan radical que tenga que volver a mirar el título para cerciorar que sigue leyendo la misma novela ¡Me encanta jugar con el lector! Y aquí, con Amat Sine Esse, lo hago constantemente.
Podríamos dividirla en tres partes. La primera, una introducción, una presentación de los protagonistas, para que el lector se vaya sociabilizando con ellos, que los conozca y les tome cariño. La segunda parte, se introduce en el desarrollo y no tarda en surgir la trama, la intriga, el desconcierto. Es mi parte favorita, porque tras haberla leído posteriormente, ya como lectora y no como autora, me ha encantado esas subidas y bajadas mentales por las que hago pasar al lector, involucrándolo en preguntas y conclusiones que en esos momentos será incapaz de solventar, que lo incitan a querer llegar al final para conocer las respuestas pero que a la misma vez se frena porque la esta disfrutando y no quiere que termine.
Y una tercera parte que nos conduciría hasta el desenlace, donde, efectivamente, se van desenredando los enigmas y el lector comienza a entender lo que verdaderamente significa el título junto con la portada.
Todo en esta novela esta conectado, todo tiene un por qué, y todo tiene una respuesta, sin dejar de ser intrigante, seductora y dinámica.
Es una novela totalmente ficticia pero que arrastra muchas verdades de la realidad. Es ficción creíble. Podría ocurrir, o quizá, ya haya ocurrido.
Os confieso que algún que otro capítulo proviene de mis sueños. He estado tan obsesionada y le he dedicado tanta atención, que pensaba casi las 24 horas en ella. Si quedaba con amigos, Amat Sine Esse deambulaba por mi cabeza de un lado a otro esquivando las conversaciones que estaba escuchando. Si estaba con la familia, a veces mi mente volaba a otros lugares abandonando mi cuerpo y mi conciencia, dejándome con una cara pasmada que hacía que algún miembro de mi familia me golpease el hombro en plan ¿Dónde coño estabas? Y ya ni os cuento en los momentos en que estaba en casa, daba igual si estaba recogiendo, haciendo la comida o pegándome una ducha, Amat Sine Esse era mi pensamiento principal. Ha sido una relación preciosa, adorable e intensa. Me he dejado en ella el alma, gran parte de mí. La he esculpido con paciencia, con amor, ternura y toda la profesionalidad que he sido capaz de aprender a lo largo de este tiempo. Le he dedicado más atención que a mi propia persona. Me he dejado uñas, dientes y he cogido una tendinitis de cojones. He llorado con ella, la he maldecido, la he amado y odiado en una misma hora, me ha caído mal en ocasionas y no he sabido vivir sin ella en otras. Ha sido un trabajo bien elaborado, currado. He borrado y reescrito como nunca antes lo había hecho, he reculado cuando no he tenido más remedio, he buscado información y me he asegurado de que la historia adopte un camino real. 

El resultado ha sido magnífico. Me siento muy orgullosa de ello. Algunos de mis lectores ya se la han leído y por ahora las críticas son bastante buenas. Incluso, personas que no son aficionados a la lectura, que no suelen leer nada o que no han leído un libro en su vida, se han aventurado con mi novela ¡Y oye! Eso es el mayor regalo que le puedes dar a un escritor, fomentar la lectura.

Pues... creo... que no voy a contar nada más, y no porque no tenga ganas ¡Ojalá pudiese seguir escribiendo sobre Amat Sine Esse! Más que nada porque la entrada es demasiado extensa, y porque estoy viendo que con lo que me gusta hablar y relatar... os cuento el final, o se me va algo de la lengua que no quiero que sepáis sin haberla leído.
Os dejo por aquí el enlace, por si os animáis y os apetece ¡A mí me encantaría! Lo único es que ahora mismo he decidido sacarla solo en tapa blanda, no la tengo ni en formato de tapa dura ni tampoco en e-book, hay motivos, que no comentaré ahora, quizá más adelante, así que si deseáis tener un ejemplar, tiene que ser a través del enlace.

¡Ya os dejo en paz! 
¡Que paséis un mes bonito lleno de palabras y pensamientos!